Carmen Juan, Amar la herida. Edición de La Bella Varsovia, Córdoba, España, 2014. Esta joven autora nacida en Alicante en el año 1990, tiene voz propia y un discurso libre. Libre porque habla sin recovecos, con limpidez. Amar la herida replica las pulsaciones del dolor, el medio, las sombras y la muerte. Todo eso le sirve a la poeta para amasar su poética. Ribetea sus versos con improntas de la adolescencia, la juventud y de la mujer adulta, ésta más reflexiva y lírica. El poemario adquiere su mejor momento en la sección “La herida”. Aquí, en mi opinión, es donde la autora emplea con criterio la palabra. Es , en verdad, en esta parte donde se atreve a arriesgar para explorar nuevas vetas en su oficio creador. Ella descubre el “lenguaje de las bestias”, “la sangre a medio coagular de los albatros”. Amar la herida es la intención de superar la estocada, redimir el dolor, el miedo, las sombras. Amar la herida, sin idea masoquista, “porque las cicatrices nuevas consienten […] las heridas jóvenes insisten”. Ese hallazgo revela una profunda agudeza. Y solo por eso –habrá otros motivos, por supuesto– este poemario merece se sostiene de pie. Carmen Juan en Amar la herida traza las coordenadas de una historia, de un recuerdo, de un nombre que corta y causa daño. Ella ha sabido conjurar la herida entre claroscuros, por eso su obra le ha merecido el VII Premio de poesía Joven “Pablo García Baena”.
Gramática del tiento , José Mármol, ed. Chifurnia, Honduras, 2026. Este poemario canta a la mujer, a la mujer ideal, a la mujer real, a la mujer amada, a la mujer vista como un tú, a la mujer pensada como parte complementaria de la existencia del varón; a la mujer que habita en la música, en la palabra poética. Esta obra es una poeisis del Eros, donde se conjuga el placer, el dolor y la sensualidad, el goce y el amor (con)sentido. El erotismo de Gramática del tiento es un erotismo transustanciado en la belleza, pasado por el filtro de la ternura pensante y el agua limpia de un verbo esculpido con maestría. El poeta sublima el amor carnal, la llama del placer que experimenta con su amada, en quien halla la felicidad, para bosquejar la inmortalidad de esos momentos sublimes. ¿No es eso acaso lo que se propuso Dante con Beatriz en el Paraíso? Nuestro poeta no se propone entronizar a la mujer amada en el ámbito de la divinidad, pero sí en la esfera luminosa d...
Comentarios
Publicar un comentario
Se admiten comentarios, siempre que sean respetuosos