Por Karla Palacios
(Enero 2005)
La siempre hermosa ciudad de Barcelona fue el marco de una agradable
conversación con el poeta dominicano José Mármol con quien Criticarte tuvo la
oportunidad de conversar sobre sus nuevos retos literarios, su visión de la
sociedad moderna y el impacto de la poesía en el desarrollo humano.
Poeta y ensayista, José Mármol nació en Santo Domingo, República
Dominicana, en 1960. Sus obras han sido galardonadas en prestigiosos concursos
literarios nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Casa de América
en el 2012 por su obra Lenguaje del Mar.
RC: Usted tiene ha escrito numerosos libros, que han surgido en la medida
de que ha ido de una preocupación a otra. ¿Cuáles las preocupaciones que este
momento motivan su trabajo literario?
JM: Creo que cada libro ha sido un proyecto particular dentro de una
determinada concepción de la literatura y particularmente, de lo que es la
poesía, su lenguaje, su ámbito técnico. Creo que en esta nueva etapa, si es que
hay una nueva etapa, más bien me estoy centrando en recuperar un aspecto de la
poesía del que yo mismo me había apartado por razones fundamentalmente
estéticas y es la recuperación del lenguaje natural, del lenguaje ordinario;
hacer o tratar de explorar las posibilidades estéticas que hay en el lenguaje
familiar, del hogar, de la calle, de la vida cotidiana. Siempre recuerdo a ese
propósito un juicio estético de T.S. Elliot cuando habla de que las lenguas
evolucionan hacia su estadio natural; entonces, esa es una de las
preocupaciones que me guía en este momento y en mis últimos dos libros, yo
diría, "Torrente Sanguíneo", que 20 años después me permitió recibir
de nuevo el Premio Salomé Ureña, un premio anual de Poesía en Santo Domingo, y
"Lenguaje del Mar", que obtuvo el Premio Casa de América aquí en el
año 2012. Estoy trabajando una serie de textos que van en esa dirección; así
que si hay etapas, estadios distintos, yo diría que esa es una señal.
RC: Cada nuevo libro es un reto diferente, ¿Aún quedan retos para usted?
¿Qué retos tiene José Marmol, hoy en día?
JM: ¡Espero que sí los haya! Si no hay retos, no hay nuevos libros. Claro
que sí, la dimensión poética del lenguaje es infinita; de lo que sigo
convencido es que sino tengo algo distinto, sino tengo una propuesta poética
que en cierta forma se diferencie de una anterior, sin dejar de ser mi voz, sin
dejar de ser mi código poético, pero que aporte al lector algún enfoque nuevo,
que provoque en la misma tradición poética un aliento distinto, entonces mejor
no publicarlo. Creo que el reto de la originalidad, aunque haya quienes no
creen en ella, el reto de la autenticidad en la creación estética tiene que ser
una constante; y otro muy importante es el de la innovación, hay que tratar de
innovar siempre y la poesía lo permite por su propia naturaleza. De manera que
yo espero que cada día tenga un reto, para cada día, escribir una línea.
R: Vivimos en un mundo en el que la economía de mercado es la que parece
mandar, ¿cree usted que la voz del poeta es escuchada?
JM: Sí, siempre. El apremio económico ha sido característico de todos los
estadios de la humanidad; los modelos de producción son los modelos de
producción y la sociedad en cierta forma, se organiza en función de ellos, pero
la poesía ha estado siempre presente. En los modelos económicos, en los modelos
de producción antiguos, estaba la poesía en forma oral, incluso cuando no había
escritura, en las sociedades ágrafas, y así en cada etapa del desarrollo
de la humanidad y de la historia, la poesía siempre ha estado presente, en unos
momentos con mayor influencia que en otros.
Yo diría que hoy en día la poesía es fundamentalmente un referente moral;
en una sociedad en crisis, como en la que vivimos, en una época en la que
predominan los disvalores, la incertidumbre, el desconsuelo, la desesperanza,
la frustración y todo eso suele empaquetarse en un concepto muy popular que es
el de crisis económica, pero yo creo que no sólo es sólo económica, sino crisis
de la humanidad misma, del ser humano, la poesía toma fuerza como referente
moral, como referente ético, a pesar de esos aparentes gestos de desinterés de
la sociedad hacia la poesía misma.
Recuerdo una expresión de Hölderlin en
ese sentido: "la poesía, a pesar de las circunstancias, sobrevivirá",
y yo creo en ello, creo que la poesía es consustancial a la existencia y al
desarrollo, incluso económico, de los pueblos; como pensaba Martí que decía
que: "tonto aquel que creyese que la poesía no era también forma del
desarrollo de los pueblos", el desarrollo económico por cuanto es un
estamento cultural fundamental. Así que yo creo que a pesar de la crisis actual
de la humanidad, desde el punto de vista económico, ético, la poesía
sobrevivirá, porque ella es fundamentalmente eso, expresión ética del espíritu
humano.
RC: A su juicio, el compromiso del poeta es la
libertad del ser humano. ¿No será ello una responsabilidad muy grande? ¿Se
puede lograr la libertad del ser humano desde la palabra?
JM: Pienso que sí por el hecho de que el primer
compromiso de un creador, de un poeta, de un escritor, de un dramaturgo, a
través de la palabra, es con la palabra misma; ese es el compromiso sine qua
non de un creador y a través de la palabra, te acercas a la libertad, a la
libertad individual, pero también a la libertad a la que convidas a los otros a
través de la creación. Mi único modo de ser libre es cuando escribo.
RC: ¿De todo el proceso creativo, cuál es su parte
favorita?
JM: A decir verdad, no hay partes favoritas. El
proceso creativo, sobretodo cuando se trata de un poema, que siempre es la
posibilidad más alta de expresión del pensamiento y del sentimiento de una
lengua y en una cultura, cuando tratas de hacer algo con ese compromiso, el
goce se vuelve sacrificio, lo que pudiera ser goce se convierte en un trabajo,
es un esfuerzo importante si te lo tomas en serio.
Luego no conozco en el proceso de génesis de un poema,
un momento favorito por cuanto pudiera ser placentero, pero si conozco el
éxtasis a través de la plasmación de un pensamiento o un sentimiento con la
palabra; cuando encuentras la palabra precisa, cuando adviertes que en esas
líneas está todo cuanto quisiste decir, pero que estás convencido que eso que
quisiste decir en el lector se va a convertir en otra cosa que no has dicho,
pero que será su forma de leer el poema y será su poema, no el que yo escribí,
entonces, eso te da cierta satisfacción.
Yo cuando he concluido un texto, que siempre es un
borrador de lo que quise decir, como expresaba Borges, y creo que allí están
los elementos necesarios, aunque tal vez nunca los suficientes, pero si los
necesarios para entregar ese texto al lector, entonces me siento liberado; pero
no hay momentos favoritos, es una carga bastante compleja de la que además,
nunca te puedes sacudir del todo, te liberas momentáneamente hasta que llega la
necesidad de escribir el próximo poema.
RC: ¿Qué sentimiento experimenta usted, cómo autor,
cuando finaliza una obra, cuando pone ese punto final?
JM: Empiezo a despreciarlo, francamente. Hay gente que
no cree esto, pero soy incapaz de retomar un libro mío a no ser que vaya a una
lectura, porque a veces siento que pude haberlo hecho mejor, que pude haber
tenido un poco más de acierto. Mientras el libro no sale de la imprenta, para
mí es un reto, pero una vez que lo recibo y releo, digo: "es un
desperdicio, yo pude haberlo hecho mejor".
RC: ¿Por eso su frase, "publicar se parece a
morir"?
JM: Claro. Es lo que siento porque ya el impulso, la
vibración interior, el éxtasis del que te hablaba, se pierde. El libro
publicado es un objeto, ya no es un desafío creativo y como suele pasar, si voy
a antologar, es muy probable que varíe algo del poema porque para mí el proceso
creativo es infinitamente perfectible, siempre podrás mejorarle algo.
RC: ¿En algún momento, pueden resultar los premios una
carga difícil de llevar? ¿O cómo maneja usted el tema de los premios?
JM: No, no constituyen una carga pero tampoco
constituyen un dique para mí, porque ese es el problema, a veces los premios
paralizan a los creadores. Para mí un premio es una contingencia, es algo que
pudo o no pudo ser, es algo circunstancial, porque yo reconozco que en la historia
de la poesía o de la literatura en general hay grandes autores, geniales, que
nunca recibieron un premio y no por ello la obra se minimiza, se desvaloriza.
El premio, por cuanto constituye un reconocimiento en buena lid, es un estímulo
y yo los agradezco, todos los que he recibido los he agradecido con humildad,
pero con franqueza.
Ahora, yo no escribo para concursos, eso es algo circunstancial;
el cuidado que hay que tener con los premios es que no te coloquen en una zona
de confort que consecuentemente paralice tu proceso creativo. Si un libro mío
tiene un premio lo agradezco muchísimo, pero de ninguna forma le haría sombra
al próximo proyecto que tengo sobre el escritorio; si se van a convertir en un
muro de contención de tu fuerza creativa, entonces es mejor no obtenerlo.
RC: ¿Cuándo es más fácil crear, cuándo se es ya
reconocido o cuándo se comienza? ¿Hay algún estrés cuando ya se es reconocido y
mayor libertad en los inicios?
JM: No, pienso que hubiese hecho lo mismo o quizás
algo mejor de lo que he logrado hacer hasta ahora, habiendo obtenido o no un
premio. Cuando tienes claro el propósito de que crear una obra implica
trascenderte a ti mismo como sujeto que articula la lengua en el caso de la
literatura, trascender la cultura que en una forma substancial incide sobre la
misma creación, y cuando estás convencido de que el carácter preeminente de una
obra artística tiene que ser la universalidad, entonces tu rol individual pasa
a un plano lejanísimo y por tanto, lo que como persona hayas alcanzado o
logrado no tiene peso sobre el proceso creativo mismo.
RC: ¿Aún conserva los poemas que escribió a los 11
años? ¿Cuándo los lee, qué sentimiento experimenta?
JM: No los conservo yo, los conserva mi esposa Soraya.
No he vuelto a leer esos poemas, pero mi esposa me recuerda cosas; ella dice
que le regalé un poema que está fechado en 1971, o sea que yo tenía 11 años de
edad y recuerdo que en esa etapa de mi vida vivía en una casa rentada en La
Vega, en la calle 27 de febrero, y yo que había salido de la Escuela de Bellas
Artes-porque la cerraron, que era lo que yo estudiaba realmente, ya que mi
primer contacto con el arte fue la pintura y el dibujo- me ponía a escribir
sobre unos cuadernos con lo que uno iba a la escuela y recuerdo que los empecé
a llenar de garabatos, que es lo que más puede haber allí como expresión
poética, y escribía sobre lo que leía y creo que debe ser lo que se conserva.
RC: ¿Queda algo de ese poeta de 11 años en el poeta
José Mármol de hoy?
JM: Sino quedase no fuese el poeta de hoy día. Yo creo
que lo que alienta el espíritu creativo de un poeta, aunque llegue a los 90
años, es el hecho de tener ese niño dentro; ese niño inquieto desde el punto de
vista de la creación, de la búsqueda; el niño curioso que ve con asombro donde
los demás ven con costumbre, que ve las cosas desde un ángulo de ingenuidad.
Sin esos elementos, que son propios de la niñez, y así lo establece Freud en el
Malestar en la Cultura, lo que hay en el poeta es el niño que el adulto
conserva, sin ese niño sería imposible crear.
RC: Existe algún vínculo entre la poética de Vicente
Aleixandre en Diálogos del Conocimiento y su poética, Lenguaje, Conocimiento y
Pensamiento?
Sí, sin duda. Está Aleixandre y está Unamuno, por eso
siempre que hablo de pensamiento hablo de sentimiento y están otros tantos que
han apostado a que no hay fronteras entre el pensamiento y el sentimiento,
entre la poesía y la filosofía, que se ha intentado construir muros, cuando los
presocráticos eran filósofos poetas. De modo que sí, creo que es una tradición
no sólo en occidente sino también en oriente, donde escribir un haiku es un
ejercicio de pensamiento más que la simple plasmación de una imagen. Hay toda
una tradición de asumir el fenómeno poético como un acto de pensamiento y yo lo
que entendía al descubrir ese filón creativo y de concepción del fenómeno
literario es que era necesario divulgarlo, más que crearlo, porque yo no creo
que haya creado nada, divulgué una serie de pensamientos en base a una serie de
pensadores y lo hice en un momento en que o se hacía o la poesía dominicana
continuaba su descenso en picada. Hay que pensar lo que fue en ese momento, hoy
día las cosas son distintas, pero lo que era la poesía de compromiso social en
el país, lo que fue la expresión más llana porque hubieron otras expresiones
más interesantes desde el punto de vista creativo, estético en la poesía de pos
guerra, pero lo que era más al vuelo de lo espontáneo, lo que estaba más cerca
de la metralleta y la denuncia política e ideológica, me parecía que estaba
convirtiéndose en un callejón sin salida para la poesía dominicana y lo que
quise decir en ese momento, según me enseñó Medal Serrata, el poeta dominicano
que tiene esa tendencia hacia el pensamiento, y él dice en el prólogo de una
Antología sobre mi trabajo, que en ese texto que yo publiqué en 1980 que se titula
Poniente de los Ídolos, siguiendo el título de Nietzsche "El ocaso de los Ídolos",
es que esos ídolos del momento en nuestra poesía lo que estaban pregonando es
que la poesía era principalmente un compromiso ideológico partidario y
consecuentemente social y que el verdadero compromiso de un escritor era el
compromiso ideológico, y yo comencé a decir que no, sobre la base de un
fundamento reflexivo con una propuesta y de allí surge lo de poética del pensar
y era oponiéndose a la poética del no pensar. Era una poética simplemente de
plasmar cosas con un valor efímero, de leerlo en un mitin ante unas masas y eso
para mí no era el arte y yo se lo demostré con grandes poetas que eran grandes
comprometidos socialmente, empezando por César Vallejo que dijo claramente en
varios escritos, que él como persona era miembro del Partido Comunista, pero
que su poesía no, que su poesía estaba más allá de cualquier revolución social.
Fue un fenómeno interesante porque aquella gente no
entendía eso, creía que el arte se reducía al realismo social y que resulta que
el realismo social no era más que un código ideológico y una determinada
concepción del arte como otras tantas hubo y sigue habiendo, pero ese
reduccionismo fue el que quise combatir con estos planteamientos y allí están
los autores que puede leer, que pude conocer en mi juventud y que he seguido
leyendo, porque yo le dije a alguien en una entrevista en la que me preguntaba:
¿sigues pensando que la poesía es pensamiento? Y le dije: sí, hasta que alguien
me demuestre lo contrario y no porque alguien me demuestre lo contrario, sino
porque yo admita que tiene razón. Argumentos de este tipo los vamos a encontrar
en distintos pensadores, en filósofos, hasta lingüistas que opinan de esa
manera.
RC: El término de "Escritor Consagrado" se
utiliza mucho, pero a usted parece incomodarle ¿Por qué?
JM: Porque para mí los consagrados son los sacerdotes,
ellos hacen un trabajo espiritual que implica una consagración. Pero creo en la
consagración de un oficio y en la dignidad de ese oficio y si hay gente que
hace de la literatura, sino algo sagrado por lo menos una especie de
apostolado, que entiende que parte de su misión en su paso por este mundo es
escribir y compartir con los demás sus experiencias y su forma de ver el mundo,
su cosmovisión, su forma de entender la relación con los seres humanos y de los
seres humanos con las cosas y los animales; eso si me parece que es digno de
admiración, cuando alguien se dedica de una forma entregada, abnegada a ese
oficio es una especie de consagración.
RC: Para usted como poeta, ¿qué puede resultar más
importante, que un crítico al que usted respete, alabe su obra o qué una
persona, sin conocimiento técnico de la poesía, se acerque a usted y le
manifieste que uno de sus poemas le erizó la piel o le provocó una lagrima?
JM: Yo prefiero lo segundo, con todo el respeto que me
merecen los críticos, como uno que presume de crítico y acaba de publicar un
libro allá (República Dominicana) y tiene un párrafo dedicado a mí dándome
ciertas recomendaciones, que lamentablemente no voy a poder seguir porque no
entiendo ninguna.
Para mí la poesía es como era para Octavio Paz, un
acto de comunión que permite que yo confiese algunas cosas que siento, que
pienso, que percibo, que adivino, que hurgo en la propia historia de la poesía
y la literatura, y que luego a otros les parezca algo interesante, no por mí,
sino por sus propias vidas, entonces allí se produce ese acoplamiento entre una
serie de vidas que no tienen nada en común, aparentemente, pero que se han
encontrado en un texto, eso para mí es lo hermoso de la literatura. Los
críticos son como decía Voltaire, una suerte de mal necesario
RC: Sobre las redes sociales, ¿qué opina usted, ayudan
a preservar el lenguaje o al contrario?
JM: Yo creo que el avance de la tecnología o de lo que
estamos hablando, los derivados de la tecnología, no es un mal necesario; yo
pienso que ha sido una virtud producto del espíritu investigativo y creativo
del ser humano. Lo que ocurre es que fenómeno, como muchos otros en la
Humanidad, no han estado ajeno de la perversidad, entonces hay un uso perverso
de esos adelantos, de los que Hörderlin llamaba "la racionalidad
tecnológica del espíritu humano" y ese uso perverso es el que hace que un
hombre tan extraordinario y que fuera capaz de conocer la naturaleza y el mundo
que nos rodea desde una perspectiva inimaginable hasta ese momento, como es
Albert Einstein, sea capaz de explicar, porque no hace más que eso la Ley de la
Relatividad en la naturaleza, pero esa misma curiosidad le lleva a construir la
bomba atómica; entonces, es esa especie de dualidad con que se mueve el
espíritu del Hombre, pero los artefactos producto del avance de la tecnología
yo creo que aportan a mejorar la calidad de vida de los seres humanos, los avances
atómicos en la medicina nuclear ni que decir de ella, hoy día se salvan el 95%
de las personas con cierto tipo de enfermedad que antes les hacía morir
inevitablemente, ese es un logro de la humanidad; las comunicaciones hoy en día
a través de los artefactos digitales son algo extraordinario. Yo veo más una
conquista, un logro, que una degeneración; ahora, ¿qué ocurre? Que la banalidad
como un disvalor preponderante en la sociedad actual, lo efímero, lo
insustancial, lo que simplemente tiene valor porque tiene un precio económico,
entonces distorsiona y el lenguaje, la lengua como un sistema de símbolos de
excelencia en una cultura, se ha visto afectada por esta forma desfachatada de
intentar comunicarse. Hay múltiples formas en las que uno ve como se agrede el
idioma por un mal uso de un artefacto, pero el artefacto per sé no es el
culpable, el que los muchachos hoy día tengan una suerte de códigos que son
para nosotros una suerte de palimpsesto no es necesariamente un resultado del
celular o de la computadora, creo que es el resultado de un mal uso y la
degeneración en el uso de la lengua, la degeneración en el uso del idioma como
un instrumento de comunicación; más que del avance de los aparatos
tecnológicos, es consecuencia de la pérdida de calidad en la educación, creo
que allí es donde está la esencia del problema. Pero celebro cada adelanto
tecnológico porque es el resultado de la creatividad humana.
RC: Su género parece ser la poesía y el ensayo, ¿dónde
queda la narrativa? En particular ¿La novela, sigue siendo para usted un
"No" en su quehacer literario?
JM: La novela para mí sigue siendo un misterio y justo
esta mañana en el lobby de este hotel me encontré con Mario Vargas Llosa y
hablamos un rato. El es para mí uno de los grandes novelistas del siglo XX y no
porque haya ganado el Premio Nobel, no; yo me identifiqué con su obra desde que
conocí el boom latinoamericano a inicios de los años ochenta y yo dije éste con
Cortázar y García Márquez son mis referentes, aunque respeto muchísimo a todos los
otros.
Me encantaría escribir cuentos, relatos y ojalá alguna
vez tener la dicha de escribir, no publicar, escribir una novela; pero es un
misterio y en una conversación en Santo Domingo con Vargas Llosa nos preguntábamos
algo así y él me decía, "el misterio es escribir poesía, escribir novela
es escribir sobre la vida, lo que yo nunca entiendo, decía él, es como ustedes
pueden escribir un poema y decir en unas líneas todo lo que a mí me cuesta
cientos de páginas". Entonces, puedes ver que son códigos a los que a
veces puedes acceder; algunos tienen la virtud de escribir todo lo que se les
ocurra, teatro, novela, cuento, ensayos, poesías; yo en prosa, artículos,
algunos ensayos; me gusta mucho la escritura fragmentaria, aforística y poesía,
creo que para sufrir es suficiente.
RC: Si pudiera escoger una frase con la cual ser
recordado, ¿Cuál sería?
JM: Yo querría ser recordado por dos frases que no son
mías y es lo importante. Una es de Heráclito y dice: "destino es
carácter" y la otra es de Píndaro: "llega a ser lo que eres". La
primera fue una frase guía de Nietzsche a quien estudié y escribí una tesis de
licenciatura sobre él, es una frase que me ha enseñado mucho y la he utilizado
mucho en mi vida cotidiana, incluso en el trabajo cuando alguien viene y me
dice: "creo yo que no puedo...que a mi las cosas me salen mal", le
digo: a ti las cosas te salen mal porque no crees en to mismo; el resultado de
lo que haces es el producto de tu carácter, imprímele tu carácter y vas a ver
cómo las cosas cambian, pero tu carácter debe ser el de la fe en ti mismo como
ser humano.
La otra no se diferencia mucho de ese sentido, de ese
significado: llega a ser lo que eres, es decir, lo que tú eres es tu propio
proyecto de vida, pero cree en que eres alguien. Creo que son dos frases con
las que he vivido, si luego de haber muerto me recuerdan por ella, entonces
será interesante.