23 abril 2026

YKY TEJADA: LA ESPIRAL DEL NUMEN


El poeta Yky Tejada, Premio Nacional de Poesía (1999), posee una trayectoria consolidada en la literatura dominicana y, ni qué decir dentro del Movimiento Interiorista. Este libro de poesía tiene algo que no tienen, ni de lejos, sus anteriores obras, por lo que, como se verá, estamos ante un verdadero “estetizaje” en la tierra de la gran poesía, una llegada al territorio deseado del interiorismo literario.

Muchos han sido los poetas que han orbitado en torno al interiorismo, muchos los que han intentado superar la fuerza gravitatoria de los elementos basales del ‘ideal interior’ para construir una obra que trascienda en el tiempo, pero son pocos los que, con probabilidad, han puesto una pica en Flandes. Después de casi cuatro décadas de andadura, el Movimiento Interiorista, bajo el impulso incombustible de Bruno Rosario Candelier, maestro y guía de generaciones de escritores, y sobre todo por la tenacidad de algunos de sus creadores, como es el caso de Yky Tejada, al fin ha salido a la luz una obra que vertebre, a conciencia, la creación poética interiorista, esto es, una obra que inspira, motiva e impulsa la estética interiorista en su esencia.

La espiral del numen rompe, por primera vez la circularidad sobre la cual ha girado del interiorismo desde sus inicios. No porque lo que se hizo antes no cuenta, sino porque esta obra recoge y completa tangiblemente lo que antes no contaba o parecía obvio. Nos podemos preguntar, ¿qué tiene esta obra de Yky Tejada que la distingue y la hace relevante? ¿Dónde radica su importancia? ¿Por qué estamos ante una obra de calado en la literatura interiorista y, por tanto, en la literatura dominicana?

Los poetas interioristas dominicanos, tales como Sally Rodríguez, Pedro Gris, Ramón Antonio Giménez, Tulio Cordero, José Acosta, Julio Adames, Oscar de León Silverio, Yky Tejada, Ángel Rivera, entre otros poetas relevantes de posterior adhesión, han pellizcado de una forma o de otra, el ideario interiorista, arraigados en la metafísica, la mítica y la mística. En general, sus obras han abordado con maestría, el canon del interiorismo. Todos esos poetas, (podríamos incluir a los interioristas españoles y de otras latitudes) han escrito obras memorables y poemas de gran inspiración, pero ninguno de ellos, aún con sus grandes logros, ha ido más allá de lo establecido en el ‘ideal interior’, ni ha tenido, al menos conscientemente, la iniciativa de producir una obra como la que tenemos ante nosotros, una obra que sintetice en cada poema, dentro del mismo poemario, la metafísica, la mítica y la mística.

Es mucho lo que se ha escrito sobre la metafísica, mítica y mística. Baste con decir, brevemente, que la metafísica poética evoca el sentido profundo de las cosas, del ser y de la existencia; la mítica poética pretende crear, a la luz de figuras míticas (dioses, héroes, seres sobrenaturales) una nueva simbología con la cual cartografiar los contornos del universo, del mundo, del destino, de la muerte y del más allá; y la mística poética consiste en exponer la vivencia interior, la experiencia directa, gozosa, de Dios y su realidad divina.

Lo que hace relevante este libro de Yky Tejada no es tanto lo que dice en el orden metafísico, mítico y místico, tanto cuanto el método que aplica a estos tres elementos vertebradores del interiorismo, a saber: mezclar, unificar e integrar con maestría en un solo poema, en cada poema del libro, como si de colores se tratara, la dimensión metafísica, mítica y mística.

En efecto, los poemas de La espiral del numen son un collage de orfebrería en los que convergen, sin estridencias, cada uno de esos aspectos de la estética interiorista. Ahí radica la novedad y el aporte de esta obra maestra, original, de Yky Tejada. El conjunto del poemario revela lo que, sin lugar a duda, jamás nadie, ni dentro ni fuera del Movimiento Interiorista, había hecho, esto es, pergeñar la palabra poética ahondando simultáneamente la imagen metafísica, mítica y mística.

La propuesta o tendencia estética de Yky Tejada está en continuidad con el ideal del Interiorismo, pero el concepto o enfoque es radicalmente novedoso. Se podrá discutir sobre el dato metafísico, mítico y místico en autores universales (W. Blake, R. M. Rilke, E. Dickinson, F. M. Paoli, S. J. de la Cruz) o en poetas dominicanos como M. del Cabral, J. Mármol o poetas del interiorismo señalados arriba, y podremos colegir, por qué no, en que, en efecto, hay en todos ellos rasgos de uno o varios elementos interioristas. Pero no hallaremos, con toda seguridad, ninguna obra, salvo La espiral del numen, que aglutine en un solo poema, en todos y cada uno de los poemas de la obra, la dimensión metafísica, mítica y mística de forma sistemática. Aquí radica la importancia de la poética de Yky Tejada. Este mérito solo lo tiene nuestro poeta y, con honestidad, por este solo hecho merece la pena ser valorado y reconocido.

El poeta Yky Tejada, para evitar lanzarse a una aventura literaria trillada por otros, rastreó por todos los medios a su alcance, inteligencia artificial inclusive, la idea o intuición contenida en esta obra para constatar que no estuviera ya presente en autores, por ejemplo, de la metafísica inglesa o alemana o algún poeta hispanoamericano. Fue entonces cuando zarpó hacia esta nueva forma de hacer poesía interiorista.

Otro hallazgo de esta obra de Yky Tejada es el ejercicio creativo realizado para explicar cada poema. Este esfuerzo intelectual para ofrecer al lector una interpretación o hermenéutica es tan valiosa como el poema en sí mismo. Si la interpretación que da el poeta es o no correcta eso lo verá el lector o el crítico.

La singularidad de La espiral del numen reside en que no tiene parangón, es decir, no existe una obra igual, al menos por ahora, con la cual se la pueda comparar. Posiblemente estamos ante una obra tipo Trilce dentro del Interiorismo, no tanto por la analogía con la obra del peruano, como por sus atributos, rareza y originalidad. Dicha singularidad radica, también, en que es una obra dentro de otra obra, esto es, la obra poética en sí y la hermenéutica. Este doble ejercicio intelectual, hasta donde tengo conocimiento, no se ha visto en la poesía dominicana, aunque se conoce este intento en autores del Siglo de Oro (Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Lope de Vega, Garcilaso de la Vega) y más recientemente en algunos de los poemas místicos de Nikos Kazantzakis. También Carlos Bousoño explica una mínima porción de sus poemas. Pero, en general, son pocos los autores que se toman el tiempo para interpretar su propia obra poética. Puede ocurrir que, como en san Juan de la Cruz, comentar la propia obra sea tan complejo como la obra en sí. En el caso de Yky Tejada no sucede así, al contrario, desvela la armazón de cada poema, haciendo posible que lo que parece confuso resulte más claro al lector.

Estamos ante una obra, La espiral del numen, realmente nueva, novedosa y original, y por lo mismo, ante un autor que no solo crea poesía, gran poesía, sino también tendencia. Este poemario es para iniciados, eso no quiere decir que sea un libro pétreo e inaccesible. Lo que se quiere decir es que su lectura es exigente, pero a la vez fresca, con garra y determinación. Vale decir que el poeta, como los lobos que aúllan en lo alto de una colina, ha alzado la voz con autoridad y firmeza. Lo que le hace ser una voz auténtica y de liderazgo.

Aparte de la hermenéutica que hace el propio autor, (lo cual agrega un valor añadido al texto), toca a futuro que el crítico y el estudioso analicen la complejidad de esta obra y pongan en evidencia el alcance de lo que el poeta Yky Tejada plantea con esta publicación.

Quizá no resulte aventurado afirmar que La espiral del numen sea el culmen de la poesía de corte metafísico que viene escribiéndose en República Dominicana desde Franklin Mieses Burgos, pasando por Manuel del Cabral y José Mármol, cuya creación poética se ha desarrollado en aguas más profundas e incontaminadas. Bajo nuestro punto de vista, esta obra cierra un ciclo, una época en el Interiorismo y abre nuevos horizontes para dicho movimiento y para la poesía dominicana en general.

En una ocasión, al acercarse el vigésimo aniversario del Movimiento Interiorista, le comenté a Bruno Rosario Candelier que había que hacer una síntesis del Interiorismo que agrupara lo mejor de sus poetas. Para responder a esa necesidad, salieron publicadas al menos dos antologías, “La antología mayor del Movimiento Interiorista”, (Letra Negra, Guatemala, 2007) de Fausto Leonardo y “A la zaga de su huella: La antología del Interiorismo” (Rep. Dominicana, 2015) de Ramón Antonio Jiménez y Bruno Rosario Candelier. El intento se hizo, pero el futuro aún tenía mucho más que ofrecer, y bueno. Con la obra de Yky Tejada la estética interiorista logra llegar a la cima, al sueño cumplido (hic et nunc) del ‘ideal interior’. La espiral del numen es, con toda probabilidad, el broche de oro de una época en el Interiorismo y el inicio de otra. Este libro de poemas es la síntesis de la teoría, de la conceptualización y de filosofía de interiorista. El ‘ideal interior’ se hace palabra poética de forma completiva. En esto reside la valía de esta obra y, por supuesto, del autor que la ha concebido.

Queda la pregunta ¿y después de La espiral del numen qué? ¿Cuán potente es la propuesta literaria de Yky Tejada como para crear tendencia? ¿Podrá realmente generar otras obras, según su propuesta, que aborden la centralidad y unidad temática de la metafísica, la mítica y la mística? El tiempo lo dirá, por ahora queda claro que dentro del Interiorismo algo se ha movido y dentro de la literatura dominicana algo ha acontecido, aunque no se note.

Sea cual sea el destino que le espere a La espiral del numen, hay que validar la audacia de su autor. Al no ser una obra al uso, en su método y en su puesta en escena, quizá no sea aceptada o comprendida del todo, pero precisamente de eso se trata, de soplar con nuevo impulso los velámenes.

La espiral del numen aparece como el resultado perseverante, fiel y tenaz de un poeta inspirado, tocado por las musas. Yky Tejada es un activo esencial del Interiorismo y de la literatura dominicana.

08.09.2025. Fausto A. Leonardo Henríquez

22 abril 2026

GÉNESIS, MENSAJE Y POÉTICA DE “HAY UN PAÍS EN EL MUNDO” DE PEDRO MIR

  


 

Es mucho lo que se ha dicho y se seguirá diciendo del poemario Hay país en el mundo, publicado en la Habana, Cuba, en 1949. Escritores como Bruno Rosario Candelier, Manuel Matos Moquete, Víctor Figueroa, Ángela Hernández, Marlene Gottlieb, Odalís Pérez, entre otros, se han acercado con admiración al autor y a la obra de Pedro Mir. Si seguimos la estela de estos escritores, conocedores de la emblemática obra de Pedro Mir, resulta complicado aportar alguna novedad. Voy a abordar muy sucintamente tres aspectos: La génesis, la intencionalidad y la poética de Hay un país en el mundo.

 

           I.     Génesis de “Hay un país en el mundo”

 Para abordar este punto voy a seguir a la escritora dominicana Ángela Hernández,[1]


quien ha tenido una brillante idea sobre cómo se gestó el poemario en cuestión, que creo relevante. Hernández sostiene la tesis de que Hay un país en el mundo es producto de un desencuentro entre Nicolás Guillén y Pedro Mir.

 

Una carta de Pedro Mir a Nicolás Guillén, fechada el 19 de septiembre de 1948, sirve a Ángela Hernández para sostener, de forma plausible, la génesis de Hay un país en el mundo. El marco general de la epístola mencionada, escrita siete meses antes de que viera la luz dicho poemario, reside en poner en evidencia el desencuentro entre el afamado poeta cubano y el poeta dominicano, ambos de izquierdas. Lo que incomoda a Mir es que Guillén, al parecer, no puede ocultar un cierto menosprecio hacia los dominicanos y, por consiguiente, hacia los líderes antitrujillistas exiliados.

 

Te asquean los líderes dominicanos. Ya verás algún día, comprenderás algún día lo que es un líder dominicano con un machete en la mano.[2]

 

Dicho sin ambages, Guillén tiene una concepción pobre, miope, del pueblo dominicano, de su identidad, valor y coraje. Digamos, con otras palabras, que el poeta nacional cubano, con ciertas ínfulas de suficiencia, al amparo de los poetas rusos como Vladimir Maiakovsky y otros afines, como Pablo Neruda, no puede ocultar su desdén hacia los dominicanos y, en consecuencia, su actitud pasiva para escribir a favor de sus vecinos.

 

Al hilo de lo dicho, es importante señalar que Cuba, en la década de los cuarenta del siglo XX, vive un apogeo cultural notable. Sin embargo, Mir, que conoce la realidad social más allá de La Habana, le hace ver a Guillén que fuera de la capital cubana la mayoría de la población vive en condiciones lamentables.

 

Esa atmósfera de desencuentro, roce y disgusto, según el pensar de la escritora Ángela Hernández, es la que propicia la aparición de Hay un país en el mundo. Este poemario, tal vez sería más preciso decir, este poema, constituye una respuesta contundente de Mir a Guillén quien, junto con Pablo Neruda, no ve en el sufrimiento, el servilismo y la falta de libertades, a causa de la dictadura trujillista, un motivo para alentar y fortalecer la esperanza del país quisqueyano. En este tenor dice el poeta Mir:

 

Ya lo verás tú, Nicolás Guillén. Tú no quieres que tus versos circulen secretamente, de mano en mano, como un crimen, en un pueblo valiente y entero.[3]

 

         II.     Intencionalidad de “Hay un país en el mundo”

 El poemario Hay un país en el mundo crea, al decir del crítico y estudioso Odalís Pérez, «un estado de significación en los mapas fundacionales del poema-lenguaje, el poema-historia y el poema-raíz».(Pérez Nina, 2017) Esto significa que el poeta dominicano emplea símbolos y metáforas universales y locales que son en sí mismos la historia y la poesía, a semejanza de Pablo Neruda, Walt Whitman o Federico García Lorca. Lo que cuenta, esto es, lo que evoca es, a la vez, metáfora y realidad, existencia y lirismo.

 

Pedro Mir, que se halla en el exilio, parte de la realidad social dominicana, doliente y desgarradora, de la época de la dictadura trujillista. El poema describe el país dominicano en su esplendor natural y en sus tierras fértiles, pero a la vez oprimido y triste. Lo que en verdad busca Mir con su obra Hay un país en el mundo, es dar una versión diferente de la realidad dominicana, abatida por la pobreza, la miseria, la opresión y la injusticia, en oposición a la imagen de progreso, esplendor, paz, felicidad y alegría que daba la propaganda trujillista en el exterior acerca de la República Dominicana.(Rosario Candelier, 1980)

 

En sustancia, Mir emplea la palabra poética con una doble intención, por una parte, «dar un testimonio vibrante y enérgico de la realidad cruda y doliente del pueblo dominicano»; y por la otra, «persigue además protestar por la triste y terrible situación de calamidades y penurias que padecía el pueblo».[4] El mensaje que el poeta quiere dar al mundo no es otro que evocar el drama, la frustración del pueblo dominicano, en especial de los campesinos. También Mir quiere transmitir el amor y la esperanza del ser humano que aspira a una mejor suerte. El poema Hay un país en el mundo, por extensión, es un símbolo de aquellos pueblos que padecen la opresión y la miseria y que esperan la liberación y un nuevo orden más humano donde reine la justicia.

 

       III.     Poética de “Hay un país en el mundo”

 En Hay un país en el mundo hay, según mi parecer, contiene dos poéticas. De un lado, una poética territorial y raigal, al decir de Odalís Pérez y, del otro, una poética política, según Matos Moquete. Respecto a la primera, a Mir se le impone la necesidad de la narración histórica, escatología y política. Quiero decir que Mir no puede menos que testimoniar y denunciar la realidad social, territorial, de raigambre rural, y lo hace con amplitud de miras pasando de lo local a lo universal.[5]

 Respecto a la segunda, Manuel Matos Moquete, pone de relieve una poética política,[6] por cuanto lo socio-político y lo poético se unen, con gran acierto, para la denuncia social de la situación demoledora y cruel que padecen los dominicanos, especialmente el campesinado.(Matos Moquete, 1988) «Hay un país en el mundo / donde un campesino breve, seco y agrio / muere y muerde / descalzo / su polvo derruido...». Aquí cabe un matiz, no se trata de un tipo de denuncia a la antigua usanza, asociado a la mal llamada poesía social, panfletaria, directa y recia, sino de una denuncia que parte del empleo de una poesía con palabras bellas, ricas combinaciones eufónicas, ritmo musical y una armonía verdaderamente modélicos.[7]

 

La grandeza lírica de Hay un país en el mundo reside, a mi juicio, en la capacidad creativa que tiene el poeta para, sin negar la denuncia social, la protesta y el dramatismo de la realidad dominicana de la época trujillista, producir una obra con ritmo, lenguaje sensorial y musical que le ha merecido un sitial en las letras dominicanas. En ese tenor, José Enrique García destaca que más allá de la cuestión ideológica y epocal, la obra Hay un país en el mundo, se mantiene viva gracias a la «musicalidad inherente» de la cual está dotado el poema.(García, 2007) Cabe destacar también la adjetivación luminosa y el uso de metáforas sorprendentes. En fin, la obra posee vitalidad, lirismo y autenticidad. Para profundizar un poco más en esta obra de Pedro Mir conviene tener presente a la estudiosa de la lírica miriana, Marlene Gottlieb.(Gottlieb, 2001)

 

Concluyo tomando prestadas las palabras de Rosario Candelier: «Pedro Mir es el poeta dominicano que cuenta en la actualidad con más popularidad y audiencia en Santo Domingo porque logró un canto entrañablemente lírico, sustanciosamente épico, con una hermosura refrescante y contagiosa, sencillamente hermoso y elocuente, sinceramente pulcro y bien sentido.»[8]

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Álvarez Estévez, R., 2013. Pedro Mir en Cuba, Archivo General de la Nación. Vol. CCIV. Santo Domingo. República Dominicana.

García, J.E. (Ed.), 2007. El futuro sonriendo nos espera, Poesía dominicana. Santillana, Santo Domingo. República Dominicana.

Gottlieb, M., 2001. Estructura rítmica de “Hay un país en el mundo” de Pedro Mir. Ciberletras 4.

Hernández, Á., 2021. Match entre Nicolás Guillén y Pedro Mir. La génesis de Hay un país en el mundo. Fund. Glob. Democr. Desarro. 17, 53–58.

Matos Moquete, M., 1988. Poética política en la poesía de Pedro Mir. Rev. Iberoam. 54, 199–211.

Pérez Nina, O., 2017. Pedro Mir: La historia, el camino, la huella [WWW Document]. Acento. URL https://acento.com.do/opinion/pedro-mir-la-historia-camino-la-huella-8479128.html (accessed 6.8.22).

Rosario Candelier, B., 1980. Hay un país en el mundo, evocación de Pedro Mir. Eme Eme Estud. Dominic. 9, 37–40.

 

 

 

 



[1] (Hernández, 2021)

[2] (Álvarez Estévez, 2013) En este documento se puede acceder a la carta completa de Mir a Guillén.

[3] (Álvarez Estévez, 2013)

[4] (Rosario Candelier, 1980) 37.

[5] (Pérez Nina, 2017) Sobre las luces largas de Mira dice Odalís: «Pero la orientación intelectual más afinada de nuestro polígrafo, la podemos encontrar en la etapa exílica y post-exílica, cuando el contacto con otros escritores latinoamericanos, caribeños, rusos, alemanes, españoles y norteamericanos, hace que su trabajo acoja otras líneas de incidencia moderna en el marco de su visión del mundo y de la creación literaria.»

[6] (Matos Moquete, 1988) 199-211

[7] (Rosario Candelier, 1980) 38.

[8] (Rosario Candelier, 1980) 40.

LEONARDO REYES JIMÉNEZ, POETA


ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS

 

Me honra presentar al filósofo-poeta, Leonardo Reyes Jiménez, (Sto. Dgo., Rep. Dom., 1991). Debo decir que su inclinación por la filosofía de la religión le condujo a obtener el grado de Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) con el monográfico: “El nihilismo religioso en la Noche oscura de san Juan de la Cruz”. Para lograr su objetivo abordó a los diferentes autores místicos y filósofos orientales y occidentales, para luego enfocarse en la mística de san Juan de la Cruz. Acaba señalando los hallazgos que, sobre el nihilismo religioso, están presentes en la Noche oscura del santo carmelita.

 

La formación intelectual de el filósofo-poeta, Reyes Jiménez, se ensancha aún más con el máster en Ciencias de las Religiones realizado en la Universidad Carlos III de Madrid. Desde una perspectiva histórico-teórica estudia el fenómeno del diálogo religioso, esto es, las diferentes actitudes y categorías dialógicas que las religiones han adoptado a lo largo del tiempo. Concluye puntualizando algunas líneas para superar aquellas actitudes que ciertos estudiosos de la religión emplean para centrarse en la ética.

 

Como poeta Leonardo Reyes Jiménez recibió la presea del I Premio Internacional Elvira Daudet para Poetas Jóvenes, por su poemario Es preciso reponerse de la tristeza (2020).

 

GRANDES IDEALES

 

El pensador español José Ortega & Gasset considera que la vida es un autofabricarse. En este tenor, nuestro filófoso-poeta, que desde muy joven ha mostrado un carácter reflexivo y analítico, considera que la vida es un proceso de autoconstrucción, una tarea de todos los días. Como escritor y como filósofo, Reyes Jiménez tiene como objetivo: conocer a través de la mirada de otras personas, de la cultura y la literatura.

 

POESÍA Y ENSAYO

 

Hay dos géneros literarios de su preferencia: el ensayo y la poesía. Reyes Jiménez ha escrito ensayos y artículos algunos de los cuales han sido publicados en revistas. Sin embargo, la poesía es el principal cauce de comunicación y el que más naturalmente emplea para exponer sus reflexiones. Aunque escribe versos desde adolescente, no es sino a partir de los veinte años cuando decide adentrarse en la lectura de los autores universales para nutrirse de su visión del mundo. En esta época aprende las técnicas necesarias para convertirse en amanuense de palabra poética.

 

INFLUENCIAS E INTERTEXTUALIDAD

 

Lo primeros poetas que Leonardo Reyes Jiménez conoció fueron Manuel Guitérrez Nájera, Amado Nervo (Méx.); Pedro Mir, Tomás Fernando Franco (Rep. Dom.); Fray Luis de León, Jorge Manrique (Esp.). Además de estos poetas, hay un segundo grupo de autores que inspiran y configuran decisivamente la estructura mental del poeta, lanzándolo en el parapente de su vertiginosa creatividad. Esos autores son: Ernesto Cardenal, Adam Zagajewski, Nicanor Parra, Roberto Bolaño (su poesía), Alejandra Pizarnic, entre otros.

 

Por otra parte, Leonardo Reyes Jiménez se relaciona con buena parte de los escritores y poetas dominicanos residentes en España, tales como Rosa Silverio, Daniel Tejada, Marielys Duluc, Alejandro González Luna, entre otros. Como poeta, ha participado en múltiples recitales en diferentes ámbitos. Poemas suyos han sido reseñados, algunos de los cuales aparecen en línea. Su nombre resuena en radio, prensa e internet y la crítica literaria le sigue los pasos, dado su potencial como autor de la diáspora dominicana.

 

ALGUNAS CLAVES DE LA POESÍA DE LEONARDO REYES JIMÉNEZ

 

1.     Profundidad filosófica. Como inmigrante, el filósofo-poeta guarda un registro de los diferentes fotogramas de la realidad, la cual esconde, por sórdida que parezca a veces, un relámpago de la belleza, una porción de verdad.

2.     Consciencia de su quehacer. En la obra del poeta, que va in crescendo, está presente, de alguna forma, la pregunta metapoética de por qué escribe poesía, qué es la poesía, cómo acontece y se revela.

3.     La preocupación por lo social. El bardo cuestiona, recordemos la influencia de E. Cardenal, los presupuestos sobre los que se afinca la sociedad en la cual habita, sugiriendo a veces los valores de la libertad y la justicia.

4.     El collage de las propias vivencias. El aeda cartografía, como no podía se de otra manera, las experiencias de su propia vida para forjar su obra de arte.

5.     El influjo de la gran urbe. La ciudad y sus componentes cotidianos son parte fundamental de su imaginario. Por eso no es extraño que se vea interpelado por escenarios de urbanos, trenes, aviones, plazas, calles, gentes, etc.

6.     La religión y la divinidad. Este último elemento es importante porque el poeta es también un filósofo, razón por la cual no puede menos que reflexionar y plantearse la pregunta sobre quién es Dios, aunque sea de forma unamuniana.

 

Finalmente, Leonardo Reyes Jiménez fundamenta su arts poética en la «búsqueda de resplandor» de la belleza con una elaborada escritura que, enriquecida intertextualmente por los grandes maestros de la literatura, emerge con un carácter pensante e intuitivo.

 

Nota: EstA reseña fue presentada en el programa programa en línea POLIFONÍA LITERARIA PEDAGÓGICA Y ARTÍSTICA (PLPA), dirigido por la Dra. Teonilda Madera el 28 de febrero de 2021. Por Fausto A. Leonardo Henríquez, PhD

 

21 abril 2026

JUAN ANTONIO ALIX, Décima inéditas


Alix, él célebre poeta decimero de la República Dominicana, con un tono eminentemente jocoso, como es propio del género, nos transporta a una época de la patria chica que es Quisqueya, así llamada por los taínos en los tiempos precolombinos. Tópicos políticos, irónicas escenas de amigos y vecinos, entretienen al lector y sobre todo al oyente. La Décimas Inéditas de Alix reproducen el lado popular de los dominicanos, es decir el sustrato de la cultura criolla de finales del siglo diecinueve de la República Dominicana.

Durante el verano de 2010 leí con Teonilda Madera, poeta y escritora radicada en Estado Unidos de América, unas de las más chispeantes décimas de Alix. Leímos “Un real de longaniza” y  “Viva el 16 de agosto”. De ésta Teonilda coreaba, con un tono épico, el último verso de cada décima. Reímos mucho. Por unos momentos la memoria y las ocurrencias de Alix, su genialidad, estuvo en el candelero. Porque los grandes creadores siguen creando, cuando ya no están, con sus obras

WISLAWA SZYMBORSKA, Amor feliz y otros poemas

Premiada con el Nobel de Literatura, 1996, Wislawa escribe una poesía sin fisuras, es decir con claridad meridiana. En la nitidez de la palabra, en mi opinión, estriba la belleza de su creación. Enuncia la verdad sin adornos. Su poesía se compone, al menos en esta traducción limitada de Gerardo Beltrán y Abel Murcia Soriano, de fragmentos de la vida cotidiana. Su poesía es experiencial. Su bello decir es la vida misma que se transustancia en versos libres de ataduras compositivas. No hay secretos en su obra, sino una constelación de humanos pensamientos que se están presentes en los humanos. La obra “Amor feliz y otros poemas” agudiza la mirada en las cosas que a diario nos influyen y que, con un poco de sutil genialidad, como la que tiene Wislawa, descubrimos un destello de la belleza más pura. «La casa se incendia / sin mí pidiendo ayuda […] Nunca más volveré a morir tan levemente/ tan más allá de mi cuerpo, tan sin saberlo, / como alguna vez en su sueño» (Tomando vino). «Mi alta es tan evidente como el hueso en la ciruela» (Paisaje). «Hijo de una mujer real. / Llegado de las profundidades del cuerpo. / Viajero a omega» (Nacido). «Que la gente que no conoce un amor feliz / afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio» (Amor feliz).

MIGUEL DELIBES, Los santos inocentes.

Esta novela del maestro Delibes me produjo una gran simpatía desde el instante en que leí su contraportada. Esta obra está escrita con una prosa castiza, ambientada en un mundo rural, en la que el pretexto para denunciar los abusos, a veces inhumanos, de una clase social dominante, era la caza. Terratenientes mezquinos esclavizan en el servicio doméstico a unos campesinos incultos, obedientes hasta la muerte. Mando, dominio, abuso de poder, por unos; sumisión o inocencia de otros que, hastiados del fuste del amo, acaban vengando en la horca a quien era la causa de todas sus tristezas y amarguras.

PERE BESSÓ, El Quadern de Malta

 

Bessó en esta obra penetra los secretos de la palabra[1]. La savia que la nutre reside en Malta, isla situada en el Mar Mediterráneo, esa extraña tierra preñada de encanto y misterio. La poesía de Bessó es culta, a veces hermética, árida, mas siempre provocadora y luminosa. «La línea de la vida ardiendo como un vino de cosecha». «Sólo los árboles oyen el griterío de sus nombres descortezados».

 

Bessó es, sin duda un creador de la palabra para iniciados.  Poeta que deja destellos de su obra en cada obra que es el poema: «Recuerdo el gozo del lugar que enjuaga la ola», «plegaria bajo la piel yerma / la mansedumbre de la arena».

 

Malta ha impregnado con su luz la voracidad ocular del poeta: «Que descanse después del arrebato de luz / tanta dudosa revuelta de luz»; «Un pajarillo de luz espera el milagro».

 

La poesía de Bessó es humana hasta los huesos. No reprime ni la pasión ni la intuición, ni lo humano ni lo trascendente: «Acaso la eternidad que hace surco en eco en tiempo de revuelta»; «Toda la noche al atisbo de la escala de Jacob, / el aljibe oscuro de la noche me ha vuelto amigo del hijo de Jacob […] la noche entera velando el espolón del ave que hiere el alba».

 

Como se puede apreciar en estos versos espigados a El Quadern de Malta, Bessó extrae la palabra pura del genio artístico como si se propusiera pasar la vida «enhebrando las puntas de las llamas hacia el árbol incandescente de la sabiduría».

 

La poesía de Bessó está cosechada en el magma del lenguaje. Nada, al parecer, le deja indiferente, ni siquiera las garras del viento salvaje de la isla de Malta, en el cual transmuta sus emociones: «Arañazos y dentelladas, / la afilada añoranza del viento de la isla, / el ala de la pena».

 

William Wordsworth escribió su magna obra El Preludio sacando del jarrón de su memoria sus vivencias de infancia y juventud. Bessó, como el célebre poeta romántico inglés, recordando sus vivencias más entrañables, tiene como depósito de su imaginación, la memoria, las vivencias: «Trabajo al anochecer el hueso de la memoria». Porque acaso el acto creador sea precisamente eso, inventar de nuevo el mundo que se nos fue en un intento de eternizarlo con la palabra poética.

 

El Quadern de Malta pone en evidencia con cuánta fuerza Bessó nos descubre, en el ejercicio de la palabra que es el poema, su alma de artista subyugado por el misterio telúrico de la isla que le dicta sus secretos: «Yo sólo soy la fría niebla del grito sofocado, el bostezo ruidoso de este / solo instante de soledad plena: Mi sol naciente sano y salvo en una corteza / de limón que aún levanta el vuelo con todo su esplendor».

 

Bessó halla en la isla de Malta el eco de la eternidad, lo intuye y lo deja ver en estas palabras lúcidas: «Me hundo en este monasterio de noches resbaladas en donde el alma / insomne se levanta a pasear». En ese “paseo del alma desvelada”, el poeta, como un ermitaño o anacoreta que habla con Dios mientras contempla las luminarias celestes: «En las comisuras del labio herido espigo tu nombre, / como el ermitaño ciego que sólo saluda las estrellas abriendo su corazón / al calabozo de la luna».

 

El Quadern de Malta es, pues, el “hueso de la memoria” de la que el poeta emerge «como la serpiente emerge todavía del fuego».



[1] Pere Bessó, Cuadern de Malta, Ediciones Libros de Alejandría, Buenos Aires, Argentina, 2006. Edición bilingüe catalán-castellano. ISBN 987-9359-11-9

Un bocado

YKY TEJADA: LA ESPIRAL DEL NUMEN

El poeta Yky Tejada, Premio Nacional de Poesía (1999), posee una trayectoria consolidada en la literatura dominicana y, ni qué decir dentro ...

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