Muchos han sido los poetas que han orbitado en torno al interiorismo, muchos los que han intentado superar la fuerza gravitatoria de los elementos basales del ‘ideal interior’ para construir una obra que trascienda en el tiempo, pero son pocos los que, con probabilidad, han puesto una pica en Flandes. Después de casi cuatro décadas de andadura, el Movimiento Interiorista, bajo el impulso incombustible de Bruno Rosario Candelier, maestro y guía de generaciones de escritores, y sobre todo por la tenacidad de algunos de sus creadores, como es el caso de Yky Tejada, al fin ha salido a la luz una obra que vertebre, a conciencia, la creación poética interiorista, esto es, una obra que inspira, motiva e impulsa la estética interiorista en su esencia.
La espiral del numen rompe, por primera vez la circularidad sobre la cual ha girado del interiorismo desde sus inicios. No porque lo que se hizo antes no cuenta, sino porque esta obra recoge y completa tangiblemente lo que antes no contaba o parecía obvio. Nos podemos preguntar, ¿qué tiene esta obra de Yky Tejada que la distingue y la hace relevante? ¿Dónde radica su importancia? ¿Por qué estamos ante una obra de calado en la literatura interiorista y, por tanto, en la literatura dominicana?
Los poetas interioristas dominicanos, tales como Sally Rodríguez, Pedro Gris, Ramón Antonio Giménez, Tulio Cordero, José Acosta, Julio Adames, Oscar de León Silverio, Yky Tejada, Ángel Rivera, entre otros poetas relevantes de posterior adhesión, han pellizcado de una forma o de otra, el ideario interiorista, arraigados en la metafísica, la mítica y la mística. En general, sus obras han abordado con maestría, el canon del interiorismo. Todos esos poetas, (podríamos incluir a los interioristas españoles y de otras latitudes) han escrito obras memorables y poemas de gran inspiración, pero ninguno de ellos, aún con sus grandes logros, ha ido más allá de lo establecido en el ‘ideal interior’, ni ha tenido, al menos conscientemente, la iniciativa de producir una obra como la que tenemos ante nosotros, una obra que sintetice en cada poema, dentro del mismo poemario, la metafísica, la mítica y la mística.
Es mucho lo que se ha escrito sobre la metafísica, mítica y mística. Baste con decir, brevemente, que la metafísica poética evoca el sentido profundo de las cosas, del ser y de la existencia; la mítica poética pretende crear, a la luz de figuras míticas (dioses, héroes, seres sobrenaturales) una nueva simbología con la cual cartografiar los contornos del universo, del mundo, del destino, de la muerte y del más allá; y la mística poética consiste en exponer la vivencia interior, la experiencia directa, gozosa, de Dios y su realidad divina.
Lo que hace relevante este libro de Yky Tejada no es tanto lo que dice en el orden metafísico, mítico y místico, tanto cuanto el método que aplica a estos tres elementos vertebradores del interiorismo, a saber: mezclar, unificar e integrar con maestría en un solo poema, en cada poema del libro, como si de colores se tratara, la dimensión metafísica, mítica y mística.
En efecto, los poemas de La espiral del numen son un collage de orfebrería en los que convergen, sin estridencias, cada uno de esos aspectos de la estética interiorista. Ahí radica la novedad y el aporte de esta obra maestra, original, de Yky Tejada. El conjunto del poemario revela lo que, sin lugar a duda, jamás nadie, ni dentro ni fuera del Movimiento Interiorista, había hecho, esto es, pergeñar la palabra poética ahondando simultáneamente la imagen metafísica, mítica y mística.
La propuesta o tendencia estética de Yky Tejada está en continuidad con el ideal del Interiorismo, pero el concepto o enfoque es radicalmente novedoso. Se podrá discutir sobre el dato metafísico, mítico y místico en autores universales (W. Blake, R. M. Rilke, E. Dickinson, F. M. Paoli, S. J. de la Cruz) o en poetas dominicanos como M. del Cabral, J. Mármol o poetas del interiorismo señalados arriba, y podremos colegir, por qué no, en que, en efecto, hay en todos ellos rasgos de uno o varios elementos interioristas. Pero no hallaremos, con toda seguridad, ninguna obra, salvo La espiral del numen, que aglutine en un solo poema, en todos y cada uno de los poemas de la obra, la dimensión metafísica, mítica y mística de forma sistemática. Aquí radica la importancia de la poética de Yky Tejada. Este mérito solo lo tiene nuestro poeta y, con honestidad, por este solo hecho merece la pena ser valorado y reconocido.
El poeta Yky Tejada, para evitar lanzarse a una aventura literaria trillada por otros, rastreó por todos los medios a su alcance, inteligencia artificial inclusive, la idea o intuición contenida en esta obra para constatar que no estuviera ya presente en autores, por ejemplo, de la metafísica inglesa o alemana o algún poeta hispanoamericano. Fue entonces cuando zarpó hacia esta nueva forma de hacer poesía interiorista.
Otro hallazgo de esta obra de Yky Tejada es el ejercicio creativo realizado para explicar cada poema. Este esfuerzo intelectual para ofrecer al lector una interpretación o hermenéutica es tan valiosa como el poema en sí mismo. Si la interpretación que da el poeta es o no correcta eso lo verá el lector o el crítico.
La singularidad de La espiral del numen reside en que no tiene parangón, es decir, no existe una obra igual, al menos por ahora, con la cual se la pueda comparar. Posiblemente estamos ante una obra tipo Trilce dentro del Interiorismo, no tanto por la analogía con la obra del peruano, como por sus atributos, rareza y originalidad. Dicha singularidad radica, también, en que es una obra dentro de otra obra, esto es, la obra poética en sí y la hermenéutica. Este doble ejercicio intelectual, hasta donde tengo conocimiento, no se ha visto en la poesía dominicana, aunque se conoce este intento en autores del Siglo de Oro (Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Lope de Vega, Garcilaso de la Vega) y más recientemente en algunos de los poemas místicos de Nikos Kazantzakis. También Carlos Bousoño explica una mínima porción de sus poemas. Pero, en general, son pocos los autores que se toman el tiempo para interpretar su propia obra poética. Puede ocurrir que, como en san Juan de la Cruz, comentar la propia obra sea tan complejo como la obra en sí. En el caso de Yky Tejada no sucede así, al contrario, desvela la armazón de cada poema, haciendo posible que lo que parece confuso resulte más claro al lector.
Estamos ante una obra, La espiral del numen, realmente nueva, novedosa y original, y por lo mismo, ante un autor que no solo crea poesía, gran poesía, sino también tendencia. Este poemario es para iniciados, eso no quiere decir que sea un libro pétreo e inaccesible. Lo que se quiere decir es que su lectura es exigente, pero a la vez fresca, con garra y determinación. Vale decir que el poeta, como los lobos que aúllan en lo alto de una colina, ha alzado la voz con autoridad y firmeza. Lo que le hace ser una voz auténtica y de liderazgo.
Aparte de la hermenéutica que hace el propio autor, (lo cual agrega un valor añadido al texto), toca a futuro que el crítico y el estudioso analicen la complejidad de esta obra y pongan en evidencia el alcance de lo que el poeta Yky Tejada plantea con esta publicación.
Quizá no resulte aventurado afirmar que La espiral del numen sea el culmen de la poesía de corte metafísico que viene escribiéndose en República Dominicana desde Franklin Mieses Burgos, pasando por Manuel del Cabral y José Mármol, cuya creación poética se ha desarrollado en aguas más profundas e incontaminadas. Bajo nuestro punto de vista, esta obra cierra un ciclo, una época en el Interiorismo y abre nuevos horizontes para dicho movimiento y para la poesía dominicana en general.
En una ocasión, al acercarse el vigésimo aniversario del Movimiento Interiorista, le comenté a Bruno Rosario Candelier que había que hacer una síntesis del Interiorismo que agrupara lo mejor de sus poetas. Para responder a esa necesidad, salieron publicadas al menos dos antologías, “La antología mayor del Movimiento Interiorista”, (Letra Negra, Guatemala, 2007) de Fausto Leonardo y “A la zaga de su huella: La antología del Interiorismo” (Rep. Dominicana, 2015) de Ramón Antonio Jiménez y Bruno Rosario Candelier. El intento se hizo, pero el futuro aún tenía mucho más que ofrecer, y bueno. Con la obra de Yky Tejada la estética interiorista logra llegar a la cima, al sueño cumplido (hic et nunc) del ‘ideal interior’. La espiral del numen es, con toda probabilidad, el broche de oro de una época en el Interiorismo y el inicio de otra. Este libro de poemas es la síntesis de la teoría, de la conceptualización y de filosofía de interiorista. El ‘ideal interior’ se hace palabra poética de forma completiva. En esto reside la valía de esta obra y, por supuesto, del autor que la ha concebido.
Queda la pregunta ¿y después de La espiral del numen qué? ¿Cuán potente es la propuesta literaria de Yky Tejada como para crear tendencia? ¿Podrá realmente generar otras obras, según su propuesta, que aborden la centralidad y unidad temática de la metafísica, la mítica y la mística? El tiempo lo dirá, por ahora queda claro que dentro del Interiorismo algo se ha movido y dentro de la literatura dominicana algo ha acontecido, aunque no se note.
Sea cual sea el destino que le espere a La espiral del numen, hay que validar la audacia de su autor. Al no ser una obra al uso, en su método y en su puesta en escena, quizá no sea aceptada o comprendida del todo, pero precisamente de eso se trata, de soplar con nuevo impulso los velámenes.
La espiral del numen aparece como el resultado perseverante, fiel y tenaz de un poeta inspirado, tocado por las musas. Yky Tejada es un activo esencial del Interiorismo y de la literatura dominicana.
08.09.2025. Fausto A. Leonardo Henríquez