24 enero 2026

Daniel Keyes: Flores para Algernon

 Club de Lectura LL. 23 de enero de 2026

 

Autor: Daniel Keyes. Psicólogo y narrador.

Obra: Flores para Algernon (1959)

 

 


Flores para Algernon
, es similar a un viaje en avión, pesado y lento al inicio, luego toma velocidad y se encumbra en lo más alto. Una vez conseguida la altura de crucero y experimentar ciertas turbulencias se prepara para un aterrizaje forzoso.

 

1.- La estructura narrativa: la ley del búmeran. La historia empieza como termina. El escritor narra la vida de Charlie, quien nace con una deficiencia intelectual, pero que, por fortuna, gracias a una intervención quirúrgica experimental logra superar, progresivamente, su problema hasta adquirir niveles extraordinarios de inteligencia, genialidad cognitiva e intuitiva. Cuando hubo alcanzado un rango de C.I. superior a la media, su autoconciencia le conduce a afrontar su propia historia, sus orígenes familiares, su infancia y el drama de ver realmente de dónde vino, dónde estaba y la certeza del deterioro al que estaba abocado.

 

2.- Profundización en la psicología humana: Charlie representa el drama humano de personas con discapacidad, pero también la complejidad de la vida junto a personas que no aceptan una determinada condición congénita o accidental. El autor explora los porqués de la existencia, la búsqueda de la propia identidad, de la felicidad, de la superación personal, y el combate contra las adversidades exteriores provenientes del Estado, de personas e instituciones que te miran como otro, diferente y fuera del canon de la normalidad o de los estándares de coeficiente intelectual.

 

3.- La realidad social y familiar de las personas con una condición psíquica. El autor profundiza, a través de una intensa narración, en la psicología social, esto es, en las actitudes sociales bajas tales como la hipocresía, la burla, la mofa y el desprecio por ser diferente a causa de alguna dolencia o enfermedad. De igual forma, el narrador mapea los problemas, tensiones y divisiones intrafamiliares cuando un hijo rompe todas las expectativas por una determinada enfermedad.

 

4.- La instrumentalización del ser humano para conseguir objetivos científicos. Hay una crítica a las instituciones de salud que instrumentalizan a seres humanos para lograr sus propios fines, ajenas a la ética deontológica, al sentido humanitario y al respecto por la dignidad de las personas que trasciende los estándares sociales convencionales.

 

5.- Finalidad de la obra: reflexionar en el drama humano, abordando con realismo los anhelos, las angustias, deseos y ambiciones de los personajes. La intención de la novela consiste en abordar un problema más común de lo que parece: la enfermedad mental, el desarrollo desigual de quienes tienen limitaciones cognitivas y lo complicado que es para las familias y la sociedad dar respuestas humanizadoras a esa realidad tan compleja.

 

Conclusión: Hay una crítica al experimentalismo científico, a la ruptura del código deontológico y a la cosificación de la vida humana. Una denuncia a la sociedad insensible, pero a la vez un llamado a las conciencias para un cambio de mentalidad en los tratamientos, recursos e integración social, laboral y familiar de las personas con discapacidades.

Julia Álvarez: En el tiempo de las mariposas


Club de Lectura LL – 23 de enero de 2026

 

Autora: Julia Álvarez

Obra: En el tiempo de las mariposas (1994)

 

 

El libro, En el tiempo de las mariposas, es un texto de rebeldía, sublevación y heroísmo. La autora, Julia Álvarez, se propuso escribir la vida de las Hermanas Miribal: Patria, Minerva y María Teresa, provenientes de una familia de clase media bien posicionada de una población ubicada en el centro de la isla.

 

1.- Contexto socio-político. En 1930 se instaló en la República Dominicana la dictadura de R. L. Trujillo. Como en todas las férulas, los abusos de poder de toda índole fueron creciendo exponencialmente a lo largo de tres décadas. El miedo, la falta de libertad, el chantaje, la represión, el excesos del régimen, la libido e incontinencia del Jefe, el nepotismo y el despilfarro estaban a la orden del día. Muchas familias de bien, entre las que se incluía, la Mirabal, sufrían el chantaje del régimen, cuya omnipresencia sobrepasaba el imaginario de la población.

 

2.- Militancia contra el régimen. En el tiempo de las mariposas, cuenta la historia ficticia de una verdad histórica. La juventud que había crecido bajo la dictadura, como es el caso de las tres jóvenes, y que tenía otras luces, tenían de telón de fondo otras influencias, posiblemente de disidentes venezolanos, nicaragüenses, norteamericanos, pero también de los mismos conspiradores allegados al dictador que estaban cansados de las tropelías del sistema y decididos a efectuar el tiranicidio. Como cosa anecdótica, a Trujillo también se le conocía por el mote de El Chivo. Este sobrenombre se debió, probablemente, a su apetito sexual, a su olor corporal, pero la popularidad devino con un merengue dominicano titulado Mataron al Chivo, que aparece glosado en el título de la novela de Vargas Llosa, La muerte del Chivo.

 

3.- Valentía y heroísmo de las Mirabal. Patria, Minerva y María Teresa, de alguna manera, simbolizan el sentir de toda una generación de jóvenes dominicanos que querían una sociedad libre. Eso fue lo que las impulsó a unirse al movimiento clandestino para derrocar al dictador. Poco antes de que las Mirabal pudieran ver realizado este sueño político de libertad, el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), por encargo del dictador que las mandó a matar, las interceptaron en una carretera el 25/11/60 mientras regresaban de visitar a sus maridos que estaban en la cárcel de la ciudad de Puerto Plata; las golpearon brutalmente y las despeñaron por un barranco en el carro en el que viajaban para simular un accidente.

 

Trujillo fue asesinado el 30/05/61, unos meses después de que los esbirros del dictador cegaran la vida de las jóvenes. Los hijos de Trujillo murieron en el exilio. Ramfis murió en Madrid de accidente en un Ferrari (1969); Radhamés fue asesinado, no en Panamá como se creyó en un principio, sino, según otras fuentes, en Colombia en 1994 por el cartel de Cali; y Angelita murió en Flórida en el 2023. Se cuentan varios hijos de otras uniones: Julia, Flor de Oro y Odette.

 

En sustancia, los grandes ideales emergen de grandes tragedias, como la flor del loto o el nenúfar que crece bello en los humedales. La historia humana es así, como el oro que cuya pureza se embellece después de limpiar la suciedad. Este libro es un testimonio de cómo los grandes ideales, con frecuencia, pasan por el crisol del sacrificio. El poeta dominicano Manuel del Cabral en su poema “Aire durando” dice: «Hay muertos que van subiendo / cuanto más su ataúd baja…» Es, precisamente, en la muerte de las Mirabal como ellas son enaltecidas como mariposas que se encumbran a lo más alto de la memoria. La ONU declaró el 25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. 

19 enero 2026

Claridades, 1992. Comentario Crítico de Josefina Victoria Ribes


Claridades es un libro mísitico que pertenece a la Espiritualidad Hispana, de poesía pura y culto; de temática Humanista. Que pone en evidencia una experiencia sublime y superior, simbólicamente. Que plantea, en ese estado, el problema de la comunicación: ¿cómo se pone de manifiesto nada con todo lo que existe?, o, ¿todo lo que existe sin su existencia? Un sistema paradójico consigue su objetivo de transferencia mediante antítesis sintéticas con las que alma y cuerpo quedan muy conmovidos e impresionados en la contemplación del éxtasis, visión excelsa que, en este caso, se nos muestra sinestésicamente: todos los sentidos saltan alborazados, en una danza simultánea, de uno a otro, como sucede en la alteración que se produce en el amor erótico carnal de los enamorados.


La búsqueda de la esencia se la presta el sustantivo, la vertebra el intelecto en poemas cuya sonoridad nos lleva al contenido: Cojo el árbol de mis venas / sus ojos uñas huesos años... / Mar en sueños plata de luna. / Sustantivos que se adjetivan o se verbalizan; esencias que hacen soportable la existencia y la definen como posibilidad de acceso, desde la interioridad, a la única realidad del mundo.

El vocativo y la función apelativa como recursos utilizados en esta poesía por Fausto Leonardo, la unen a la tradición clásica, con sus ritmos y resonancias insinuantes de la Égloga Primera de Garsilaso: Tú que ganaste obrando / un nombre en todo el mundo.../; a la alegoría sentimental de los amores de Salicio y Nemoroso, con la naturaleza que les influye y participa con ellos de ese amor idílico; al Lope de Vega de Rimas Humanas: Luz que alumbras el sol / Luzinda hermosa.../; a la música de las esferas de Fray Luis de León; la de los Salmos, El Libro de la Sabiduría, y otros. El Sueño, la fuente, el crepúsculo, las galerías íntimas que tan sugerentes y sugestivos son en A. Machado, en esta Poética resultan embriagadores.

La escasa puntuación de los vrsos nos sitúa en Ungaretti. La memoria y la temporalidad son inquietudes importantes en esta obra; el poeta le dice a la Presencia ausente (que se manifiesta a través de sus emanaciones): Bebo al borde de este río claro / de tus ojos.../. Oigo lo que me dices tú tan callando/. La Ausencia al poeta: Busca corrientes infinitas / en mis blancos cabellos./. El poeta responde: Vivo de tus huellas/ y de la luz / que nace cada mañana / en el esmalte de tus dientes de marfil; asumiento un presente histórico que evite la tierra oscurecida por el tiempo que, hueco, vacíe su memoria de inspiración en los antepasados, en sus mayores, en lo que es proyección y eternidad.

El primer poema Sobreaviso, inicia una síntesis en desarrollo irradiante en la totalidad del libro. Con una exclamación imperativa del poeta al lector: ¡Abre! abre ¡abre! los ojos ojos, le dice que se disponga, con actitud receptiva, a percibir la voz clara del amanecer. Las tres personas gramaticales se fusionan y se hacen así partícipes de esa blanca beldad fructificante y luminosa. El símbolo, clausurado, de ventanas y ojos cerrados de una casa o cuerpo virgen se desliza hacia una abertura de grandes espacios abiertos. las llanuras de grades vastedades de nuestro poeta, donde el cuerpo, ya libre, será otro, y nuevo, con la luz que recibe del amor y del conocimiento.

La primera parte del libro: Claridades, la encabeza una cita de Goethe: Más luz que sugiere la necesaria insaciabilidad del ser en lucha por la superación personal. La segunda parte: Sabia de luz, profundiza en la posesión de la luz. Los poemas son requiebros amorosos de delicadas imágenes ante el brillo de la página blanca, en la que late, tenuemente, un págaro que no ha sido pájaro, en una composición amatoria en diálogo del tú y yo principales a los que el fuego de la mirada, que se reparte pródiga en bondades y beneficios entre los amantes, les proporciona vida y felicidad con el gozo de sus claridades, con el sosiego primaveral de su sol cálido que se expande por su cuerpos, con el deslumbramiento de su intimidad amorosa; en versos, palabras, fonemas aguados un amor que acaba con la muerte amarga les da alegría y paz. Algunos poemas llevan citas de otros autores, unos de ellos profanos, como necesidad sensible de lo simbolizado, además, porque el número dos es mágico.

Símiles, prosopopeyas, aliteraciones, enumeraciones, perífrasis, desplazamientos, sinestesias, elipsis..., figuran una compenetración amorosa que nace de la profundidad del silencio en este Cuaderno del alma, como llama Fausto Leonardo a su libro, que deja las almas y corazones traspuestos ante las dulces caricias de los enamorados exhaustos y extasiados de placer; donde se nos ofrece lo más valioso que poseen los seres humanos: esa comprensión sabia de amor que nce de las almas generosas.

La preocupación metalingüística y metapoética de su autor se refleja en poemas como Grafía sonora, Detrás de tu voz, Mi palabra y yo, y en poemas que llevan títulos alusivos al respecto; lo que nos indica que en Fausto Leonardo existe una voz plena de grandes resonancias futuras. Por ej. Mi palabra y yo la fidelidad enlaza al poeta con la escritura y con sus vivencias y sentimientos, dice: Palabra mía / no me engañes / Permíteme decir contigo/... sobre el papel / la palabra auténtica/, y en Voz milenaria: Alguien ha hablado / y su voz primitiva / se confunde con el ruido / de la ciudad./ Pero hay quien afina el oído / para escuchar su voz perdida / en la discoteca del mundo. La Belleza palpitando a través de la belleza misma con la Presencia sobre el lenguaje de Fausto Leonardo.




CLARIDADES

(Barcelona 1992)

Mehr Licht ¡Más luz! (Goethe)

SOBREAVISO

Abre! Abre! Abre!
Cuando llegue la luz

ten abiertas las ventanas

Corre los visos de tus párpados

y abre de par en par puertas y ventanas

para que entre

—no por ellas—

sino por tus ojos
la voz clara del amanecer
No te niegues —luz—
a fecundar la tierra
oscurecida por el tiempo
de estos ojos
que siempre te han deseado
Ven con tu blanca beldad
a deslumbrar esta paz
que invade el alma


ALGUIEN MÍO
He de ir haciendo caminos
en la arena del tiempo
Senderos que me lleven
más allá del tiempo
como a una ligera nube sonriente
Desde aquí
desde este instante
que nace de la nada
sueño una luz mansa
en la cual me sueño
a mí mismo
en las palmas de las manos
de alguien que no conozco
pero que amo porque lo siento
Alguien mío
no te puedo decir
Tu voz y tu belleza
sólo son música
rumor de agua
a la vera de un lago
en reposo

ÁRBOL DE RAÍCES
Mis pies son raíces
que se adentran
en la tierra de la finitud
y cada vez me siento más hondo
más árbol de raíces
Siento la luz
quemarme la mirada
Siento un centenar de soles
en el cosmos de mis ojos
soles que me tuestan el horizonte
coloreándolo de dorados matices
de paz serena
Mis manos se asen
al cuerpo azul
del cielo de la tierra
como hiedras que aman
el pecho desnudo
de muros dormidos


VISIÓN

Como un pájaro
perdido en el bosque del mundo

te veo pasar

trémulo y fugaz
cual flash de sol momenténeo
Veo tu nombre volar
agitado por el viento
de la humanidad
Veo tu memoria descansar
en el sofá de la palabra
fecundada a fuerza
de verbos vigorosos
Veo caer tus ojos
en la tierra como dos semillas
y espero su nacimiento


CREPÚSCULO

"Tu luz límpida tu luz imnaculada
me penetró nocturna".  (V. Aleixandre)

Como la nieve
es el alba blanca

Dios como tu palabra
como una fuente canora!
La luz se alegra
con el canto del jilguero
que tararea con ritmo
la mirada de Dios
El sol camina altivo
en el Oriente
y saluda al universo
con una ardiente sonrisa de fuego

La brisa aún está dormida
pronto despertará
y traerá el aroma
la dulzura
y el frescor primaveral


DESPERTAR

"El hombre está entregado
a su sueño".  (F.L. de León)


Del sueño

me estoy despertando

y es el alba la que me habla

diciéndome despierta! despierta!

bebe cada instante de mi luz

que es tiempo de acabar

Ven bebe en la fuente
de mi melena áurea
y embriágate de eternidad
Busca corrientes infinitas
en mis blancos cabellos
y vive sólo para lo que hay dentro
de mi voz que es fulgor de perennidad
destello del sol
que me nace dentro del alma
Despierta! despierta!
me susurra el alba
en esta sonoridad de la soledad


CLARIDADES

 "Sin otra luz y guía sino la que
en el corazón ardía".  (S.J. de la Cruz)


Luz de mis ojos

dime porqué veo las cosas

desnudas

ellas

desde ellas
transparentes
Luz mía
qué es la luz?
Luz podrías decirme
porqué es blanca
tu mejilla alba?
Estoy dentro de ti
dentro de tu mirada
Por eso puedo ver
todo tan claro


FUENTE DE LUZ
Me he acercado a la fuente
para ver si dormía
y me adentré en su sueño
No era la fuente
la que soñaba
era mi mirada auditiva
dentro de ella
Entonces comencé a vivir
a sentirme al lado de una fuente
—no una fuente de agua—
sino de luz líquida
que brota
de la peña
del tiempo


SOL DE DENTRO

 "Lo infinito está dentro". 
(J.R.Jiménez)

Mis manos
se han alargado
hacia el sol
y he tocado
sus alas de fuego
El sol no está en el cielo
está dentro
en el corazón
irradiando ternura
La luz del alba
nace primero en la noche
en la oscuridad del corazón
Es dentro
donde sale el sol
anaranjado y rojizo
Siempre es de día
en el balcón de la infinitud
pues el sol quema
lo que es tiempo
y noche amarga


HALLAZGO

 ..."La luz elige a quien la busca". 
 (M. Rondán)


Te he buscado en la luz
y no te había encontrado
La luz brillaba ante mí
y estaba alegre
total
muy ella en su resplandor
No te hallaba
aunque te busqué dentro de la luz
Te llamaba
y tú me respondías
pero no te veía
al final descubrí
que ni estabas dentro de la luz
ni estabas fuera de la luz
La luz eras tú!
Ay! dejé de buscarte
para amarte
para sentirme herido
de tu esbelta brillantez

ORIGEN
De tus dedos
brotan los siglos
el mar y su argentino son
el malva del ocaso
Las estatuas toman vida
al tacto de tus dedos
El aire toma forma y color y canto
cuando levantas el dedo
para indicar por dónde hay que caminar
Los relojes muertos
se levantan
de sus tumbas de hueco tiempo
cual si fuesen
lázaros pendulares
al tacto de la recia mirada
de las yemas de tus dedos


RUMOR DE SÍLABAS
El viento
pronunciaba tu nombre
dulce cual acorde de arpa
Sólo yo entendí
su lenguaje
Tu nombre
como un diamante de sílabas
brilló por un instante
en el espejo de mis oídos
y desapareció fraguado
como una estrella
en noche de luciérnagas cenitales
He oído tu nombre
como oye la fronda
los rayos plateados de la luna
filtrados por entre
las pardas hojas
y su eco como el de una campana
resuena en mi alma


DULCE FUEGO DE DIOS
En silencio permanecía
cuando un batir de alas
se oía en las ramas
de mi árbol que dormía
Vi descender el fulgor
de una paloma de nieve
y aunque no oculte o lo niegue
su luz ardía con alegre dulzor
en mi pecho oscuro

como fuego de una hoguera

que reluce cual oro puro

Mis ojos tienen otra mirada

y quién los viera

brillar como una luz nacarada!


PRIMAVERA DIVINA

  "Ojos míos bebed esta vaga hermosura". 
(D. Alonso)  


Encuentro en el brillo
cristalino de tus ojos
una fuente límpida sonora pura
que habla con la sola
afluencia de sus aguas
Llega hasta mi alma
el frescor primaveral de tus pensamientos
Es blanca tu alma azul
y por ella cruzan
palomas de nieve
que son nubes que sueñan

en las almohadas de la gravedad

Cómo te contemplo
más allá del fondo del cielo
es decir más allá del fondo
de tus ojos divinos y profundos
Eres un mar sereno
que juega a la ternura
en la orilla
de mi alma



AMOR TRANSVISUAL

 "Lo esencial es invisible a los ojos". 
 (A. de St. Exupery)  


Te puedo ver con los dedos
Te amo más allá de la mirada
Qué maravilloso
es observarte desde atrás de la mirada!
Es cuando más te pareces a ti
es cuando más te embelleces
Tengo unos dedos
capaces de ver con su tacto
tu corazón de oro
y sentir su latido
Y esa fuerza visual
se funde en el latir perenne
de tu pecho
Donde más te quiero
es dentro de ti
porque te veo con los ojos cerrados
mirando hacia adentro
con los dedos


LOCURA DIVINA
Déjame caminar
por tu mirada
cual nube ebúrnea
en el azul cielo
Tan sólo necesito
un suspiro tuyo para desexistir
en tu pecho de madre
Deliro con tu sola transparencia
Tu hermosura alba
es sonata de la belleza
Y cuando de dices
en secreto que me amas
mis oídos se tornan
acústica que recoge
la melodía de tu voz
que con sus susurros
me hace levitar de gozo



MI FORMA DE SER

  ..."Allí al borde de lo último". 
(P. Salinas)


Cuando estoy
al borde de tu presencia
desbocado en la luz tornasolada
de tu voz opalina
me siento todo tuyo
todo en ti y en todo yo

El mundo acaba en tu silencio

y comienza la vida
más allá del murmullo
de ese silencio
y es allí donde me gusta besarte
a solas
en la intimidad
de tu hermosura redonda
La vida me viene
de tu cálida respiración
y late mi pecho porque late el tuyo
Tú eres mi única forma de ser
Soy en ti
desvivido en lo infinito
de tu otredad.


Nota: En la revista Questions de vida cristiana. Vol. 176 (1995) p. 174. Evangelista Vilanova escribió: "Llegim en aquest petit volum poemes bells i emotius. Cap pròleg no els encapçala ni cap comentari en prosa no redueix la seva rica polisèmia. El lector és  portat a somniar, tot interpretant l'agilitat del versos. El més fort i el més bonic d'aquest recull de poesies és l'esperança de veure-hi més, a través d'experiències i anhels: un conjunt atravessat per una fe cristiana viva i casta. El jove autor, nascut a la República Dominicana, ha reeixit bé en aquest inici del seu itinerari poètic, que desitjo llarg i fecund." – E.V.

04 diciembre 2025

EN EL UMBRAL DEL ALMA: LOS POETAS INTERIORISTAS (A PROPÓSITO DEL LIBRO POETAS INTERIORISTAS ESPAÑOLES)

EN EL UMBRAL DEL ALMA: LOS POETAS INTERIORISTAS

(A PROPÓSITO DEL LIBRO POETAS INTERIORISTAS ESPAÑOLES)



La antología Poetas interioristas españoles invita a un viaje hacia la hondura del ser,

allí donde la palabra se vuelve espejo del alma y vía mística de conocimiento interior. La

poesía aquí es plegaria, asombro y confesión del límite. Al leerlos en conjunto, se

descubre que todos trazan una geografía interior donde el hombre se sabe barro, llama,

mar y tránsito.


Más que un conjunto de voces, este libro es una constelación de almas. Cada poeta se

ofrece como un fragmento del absoluto y en todos ellos late una misma certeza: la poesía,

cuando nace de la interioridad, ilumina el mundo.


El Interiorismo, en su esencia, es un acto de revelación que busca la raíz del alma. Así,

Isabel Díez Serrano abre este recorrido en “Ruido de otoño”, donde la estación se

convierte en metáfora del tiempo que pasa y del alma que aprende a caer como hoja

madura hacia la conciencia de su finitud. La naturaleza respira, envejece y se renueva,

enseñándonos que somos parte del acontecimiento universal. Frente al otoño, la memoria

del verano pasado resplandece:


Felices días eternos de verano

que siempre vivirán en la memoria


Una segunda creación de Díez Serrano es “Al Cristo de la Vera Cruz”, aquí la voz

poética funde mística y humanidad al contemplar al Redentor y a María de las Tristezas

como símbolo de condensación del dolor universal. Alcanza el clímax en el verso:

“bebamos esa sangre tan gloriosa”, donde la metáfora eucarística transforma el

sufrimiento en belleza sagrada. Este poema es un acto de contemplación estética de la fe,

pues el dolor sagrado, la plegaria y la palabra se funden en un solo acto de redención.

Esa misma nota melancólica y trascendente vibra en “Bosquejo del ausente”, de

Emilio Rodríguez, donde la palabra reconstruye la figura de quien ya no está, pero cuya

ausencia se vuelve presencia espiritual. Rodríguez dibuja al ausente desde la permanencia

de lo invisible, el alma que habita en el eco de lo perdido.


Bosquejo del ausente” es un poema de evocación, sueño y pérdida, donde el autor

convierte la ausencia en materia poética. Emilio Rodríguez se revela aquí como un artista

capaz de transformar la nostalgia en arquitectura verbal. La escritura funciona como ritual

de regreso, un bosquejo de lo que se fue, trazado con los pigmentos del inconsciente y del

recuerdo. Logra transformar la ausencia en presencia espiritual cuando escribe:


Cuando era primavera en todos los cuadernos

y ensayaba horizontes un galope de lunas


El poema convierte lo perdido en sustancia de eternidad, demostrando que recordar es

un acto de creación.


Teodoro Rubio Martín, con “Oración de un moribundo”, conduce al umbral de la

eternidad. El yo poético se entrega en súplica final, consciente de su pequeñez ante la

grandeza divina. La voz poética asume su condición efímera con lucidez y sin

dramatismo: no hay desesperación, sino entrega confiada a las manos divinas.


Yo te llamo, Señor y me respondes

con rotundo silencio, y hasta a veces

el silencio es callado y se desgarra

la ilusión de sanarme


Esta composición es una aceptación serena del tránsito y una profunda metáfora de la

fe. En “La trama de la vida”, de Gonzalo Melgar De Corral, el símbolo del tejido

representa el curso vital que se va deshilando, mientras las manos de Dios rematan el

tapiz del destino. El verso inicial, “Se me acaba la trama de la vida”, introduce un tono

de conciencia del fin, de aceptación serena ante la inminencia de la muerte.

“La trama de la vida” puede leerse como una reconciliación entre el ser y el destino.

Frente a la idea trágica del fin, el poeta ofrece una visión de la muerte como parte del

trabajo paciente de Dios. El símbolo del tejido evoca el curso vital:


Tú lo vas rematando

y con tus manos que pasaban el hilo por la urdimbre,

lo doblarás en dos mitades pronto


La vida se deshilacha mientras Dios concluye con paciencia y ternura. La muerte se

transforma en acto de amor que remata la obra imperfecta de cada existencia.

Juan Domínguez Prieto, en “De Dios rítmico”, convierte el universo en música y a la

divinidad en cadencia:


Mi pequeñez se llama esperanza de Gloria

-así, me aman en el dolor-,

la puerta abre

huesped de Gabriel diáfano

nada diáfana clara huesped de Gabriel.


El poema revela una espiritualidad íntima y paradójica, donde la “pequeñez” se

transforma en un nombre luminoso: “esperanza Gloria”. En ese acto de

autodenominación, el yo poético asume su vulnerabilidad como fuente de redención y

amor, pues es en el dolor donde se siente amado. “la imagen de la “puerta que abre”

sugiere un tránsito hacia lo divino, una invitación al encuentro con lo sagrado

representado por el “huesped Gabriel”, figura que alude al arcángel mensajero. El poema

se mueve entre la fragilidad humana y la trascendencia mística.


José Félix Olalla se adentra en el misterio del silencio en “Al escuchar tu voz tras una

larga pausa” y “Noche en la almazara del Getsemaní”. En el primero, la voz divina

irrumpe tras un tiempo de espera interior, revelando que el silencio es una forma de

presencia. La voz poética scribe:


Al escuchar tu voz, tras una larga pausa,

yo atravesé la línea de los fuegos

y me quedé sereno

con la pinta segura de lances de párvulos.


El poema encierra la fuerza contenida de un renacimiento interior. La voz que irrumpe

tras una “larga pausa” actúa como un llamado que rompe el silencio y provoca un salto

hacia lo desconocido. Tras cruzar ese umbral ardiente, el yo poético emerge sereno, como

si hubiera hallado en el fuego la purificación. Olalla introduce una paradoja

conmovedora: la inocencia se vuelve coraje. En esa serenidad infantil, limpia de cálculo

y de miedo, se cifra la victoria espiritual del hablante, que ha sobrevivido al incendio del

alma con la luz intacta.


En la segunda creación el poeta revive la agonía de Cristo en el huerto, donde el dolor

y la obediencia se funden en la más pura oración, a pesar de que el alma cruzaba el umbral

del dolor, habitando los territorios del sufrimiento y la espera. Esa voz amada , quizá

divina, quizá humana, irrumpe tras un largo silencio, y el yo lírico experimenta la

resurrección de la esperanza. El poema vibra entre lo humano y lo celestial.

José Félix Olalla recrea el Getsemaní interior de todo ser que sufre. El poeta hace del

dolor un sacramento, y del verso, un acto de redención.


José Luis Martínez nos ofrece un tríptico espiritual de honda resonancia simbólica:

 “San Juan de La Cruz”

 “San Francisco de Asís”

 “Dios alfarero”


En el primero, exalta la luz interior del místico castellano, que halla en la “nada” la

plenitud del ser. El poema se erige como una elegía espiritual dedicada a la figura mística

de San Juan de la Cruz, símbolo de la unión del alma con Dios a través del desapego y la

luz interior. El agua que mana, la “fuente” de la que hablaba el santo, es aquí símbolo

del conocimiento sagrado, de la inspiración divina que, una vez bebida, transforma la

palabra humana en canto del Espíritu.


En el segundo, “San Francisco de Asís”, rinde homenaje al santo de la fraternidad

universal. En este segundo trabajo, el poeta rinde homenaje al paradigma de la humildad,

la pobreza y el amor universal hacia la creación. El poema celebra la fraternidad cósmica

que Francisco predicaba: la comunión entre el hombre y la naturaleza, entre el espíritu y

la materia. La figura del santo aparece idealizada como “himno de amor a la Naturaleza”

y “verde metáfora del Dios-Belleza”. Así, el poema se convierte en una oración ecológica,

donde lo espiritual y lo natural se funden en un mismo cántico de vida. Así la comunión

con la naturaleza se hace oración:


Todo era para ti filial, fraterno

y era hermana la luna, el sol, la estrella

y hasta el lobo feroz era algo tierno


Y en “Dios alfarero”, el símbolo alcanza su máxima belleza, el Creador modela al

hombre con sus manos divinas, recordándonos que somos barro animado por el soplo

eterno:


Que soy obra maestra
salida de tus manos,
pues, me hiciste a tu imagen,

como a hijo engendrado


El mar se convierte en símbolo de infinitud y pureza en “Mar Mediterráneo”, de María

del Carmen Soler. Su poesía nos sumerge en las aguas del origen, donde la vastedad azul

refleja el misterio del alma. El poema se erige como un diálogo entre la materia y el

espíritu. El mar, símbolo por excelencia de la inmensidad y del misterio, es aquí el espejo

en el que la voz poética busca reconocerse desde la hondura existencial y trascendente.

El mar que describe Soler es un espacio interior, un territorio del alma donde confluyen

la calma y la tempestad, la vida y la muerte, la memoria y el olvido. El Mediterráneo;

antiguo, cargado de historia y de silencios, encarna la sabiduría de los siglos, el flujo

incesante de la existencia humana, el vaivén del tiempo que desgasta y renueva.


En la voz de la poeta, el mar se convierte en un interlocutor divino, casi una epifanía

de la presencia de Dios en la naturaleza. En sus versos se percibe una oración contenida,

una plegaria que se eleva desde el asombro y la pequeñez humana hacia lo eterno.

María del Carmen Soler logra unir en su poema lo místico y lo estético, transformando

el paisaje natural en un espacio sagrado. Su mar enseña, limpia, reconcilia y devuelve al

alma su equilibrio primigenio.


Leer los poemas de Pedro Zacarías Sánche Téllez es sumergirse en una delicada

melancolía existencial:


Mi corazón, como pequeño reloj, camina triste.

Considera, ante el día, la altura de sus letras.

Busca, incansablemente, en la región secreta, el aliento y la fuerza.


El corazón, reducido a un “pequeño reloj”, simboliza el paso incesante del tiempo y la

fragilidad de la vida interior. Ese mecanismo que “camina triste” marca silencios y

nostalgias. El yo poético parece medir su propia existencia a través del lenguaje, como si

escribir fuera una forma de buscar sentido en medio de la fugacidad. La imagen final

revela un anhelo de trascendencia, ese impulso vital que continúa latiendo en lo oculto,

donde la esperanza y la palabra aún respiran.


“Como no supe en vida” es la forma en que José Nicas Montoto eleva un canto de

amor y arrepentimiento; su voz es la de quien reconoce demasiado tarde la trascendencia

de los afectos. El hablante poeta eleva una meditación acerca de la conciencia tardía,

sobre esas revelaciones que solo llegan cuando el alma ha cruzado los umbrales del

tiempo. El poema es una voz que se reprocha no haber amado, sentido o comprendido

con suficiente hondura mientras la vida aún latía en su plenitud. En sus versos eleva la

conciencia tardía del afecto y la experiencia:


Si guarda aún mi hueco nuestra cama,

lo ocuparé contigo; pero, si no estás sola,

no lloraré de celos, ni nada parecido...


Montoto convierte el remordimiento en sabiduría y el dolor en lucidez espiritual.

Desde una mirada trascendida, reconoce que solo después de la pérdida se revelan las

dimensiones más puras del amor y de la existencia.


El poema es, en esencia, una oración retrospectiva, una búsqueda de sentido ante lo

irreversible, una invitación a despertar mientras aún se está vivo. Montoto logra que el

lector sienta el eco de lo no vivido y, al mismo tiempo, la belleza de la comprensión que

llega tarde, pero ilumina.


Fausto Leonardo Henríquez enlaza lo físico y lo espiritual en “El mar me llama”, una

metáfora del destino y la eternidad que grita una llamada de regreso a lo esencial.

Transforma el rumor del mar en una voz interior que convoca al alma hacia su origen. El

poema es una invitación al regreso a la esencia, a la inmensidad de lo que trasciende la

forma y el tiempo. La voz poética percibe esa llamada como un impulso espiritual, una

atracción hacia la pureza y la calma.


Henríquez logra que el mar sea metáfora del destino último del espíritu, la unión con

lo absoluto, el descanso en lo eterno. Su tono es contemplativo y sereno, y su lenguaje,

de una transparencia que recuerda la fluidez del agua. Así, el poema se erige como una

mística del retorno, donde el alma responde al llamado primordial de la vida.


Fausto Leonardo Henríquez, en “El mar me llama”, convierte el rumor de las olas en

voz interior:


El mar me convoca a su intimidad,

acaso porque un día emergiera

de su sedimento


El mar simboliza eternidad y presencia divina, convocando al alma hacia su origen y

disolviendo el yo en lo infinito.


José Romera cierra este recorrido con “Jaulas de Caín”, texto de resonancia moral y

simbólica, donde la humanidad se enfrenta a su propio encierro. Las jaulas son metáfora

del egoísmo, del miedo, del pecado original que persiste, pero también de la esperanza de

liberación que toda conciencia alberga.


En “Jaulas de Caín”, José Romera nos enfrenta al cautiverio moral del ser humano,

esa prisión interior donde la culpa, el egoísmo y la violencia habitan como sombras

heredadas. El poema evoca la figura bíblica de Caín como símbolo del hombre moderno,

atrapado en sus propias rejas de miedo, ambición y deshumanización.


Romera escribe desde una conciencia desgarrada que denuncia y, al mismo tiempo

compadece. En sus versos resuena la pregunta por la redención: ¿podrá el hombre

liberarse de su culpa ancestral?:


Hombre llamado Caín

a revelar por un perdido

y oscuro eco de Dios:

La sangre de tu hermano

me está gritando desde la Tierra


Romera nos enfrenta a nuestra humanidad atrapada y nos recuerda que la conciencia

puede abrir la puerta a la redención.


Poetas interioristas españoles es un diálogo con lo invisible. Cada poema confirma

que la poesía sigue siendo el refugio donde el alma conversa con Dios, con la memoria y

con su propio misterio.


Frente al ruido del mundo, estas voces nos recuerdan que existe un silencio fecundo,

una palabra que revela, ilumina y transforma. Porque, al final, la auténtica poesía se

escribe con espíritu y nos guía suavemente al umbral del alma, donde lo humano y lo

eterno se encuentran, y donde escuchar es comprender la melodía secreta de la existencia.


Nota: Kenia Mata Vega, En el umbral del alma: Los poetas interioristas. Publicado en el Boletín digital no. 233 del Ateneo Insular, Rep. Dominicana, noviembre de 2025, pp. 30-35.

20 abril 2025

Vuelta a los orígenes de ÍNSULA PRESENTIDA

VULTA A LOS ORÍGENES DE ÍNSULA PRESENTIDA

(Primera parte)

Por: Yky Tejada. (Publicación original en diario digital Acento, 20 de abril 2025. Ver aquí).

En la vasta tradición lírica universal, son pocos los poetas que se han atrevido a explorar estados del ser anteriores a la existencia misma. Fausto Leonardo irrumpe con su poemario Ínsula Presentida como una voz singular que plantea dos categorías radicalmente originales en la poesía contemporánea: lo prenatal y lo pre-sustancial. Estas no son meras metáforas, sino verdaderas zonas ontológicas que su poesía habita con rigor y belleza, desafiando los límites del lenguaje para nombrar aquello que precede al ser: el preludio donde la conciencia aún no se ha corporizado, pero ya vislumbra el dolor, el deseo y el destino. En estos territorios silenciosos, anteriores incluso al pensamiento, Leonardo sitúa al lector frente a una experiencia poética de relevante profundidad.

Ínsula Presentida sitúa al lector en apertura a lo ontológico: el estado prenatal, pre-sustancial, donde el ser aún no ha adquirido forma pero ya intuye su destino. Este punto de partida revela desde el inicio la ambición metafísica del poemario de Fausto Leonardo, cuya poesía traza el tránsito misterioso desde el no-ser hacia la existencia consciente. Una tarea compleja propia de creadores prodigiosos. En este espacio anterior al lenguaje y a la forma, el poeta habla desde una dimensión anterior al nacimiento, como si la voz lírica brotara desde el germen del alma antes de encarnar, revelando así una conciencia que antecede al cuerpo y lo trasciende.

Esta travesía hacia el ser está marcada por una triple herida que remite al célebre verso de Miguel Hernández: “Con tres heridas yo: la de la vida, la de la muerte, la del amor.” En Fausto Leonardo, esas heridas no son solo existenciales, sino también cosmogónicas: indican la fractura original que da inicio al tiempo, a la carne y a la conciencia. A partir de ellas, el poeta se interroga sobre el origen y el sentido de la experiencia humana como si su palabra quisiera restaurar la totalidad perdida.

Ínsula Presentida eleva al poeta Fausto Leonardo a un lugar inusitado: el de la poesía de la razón pura, del pensamiento puro, no el de la poesía racional, que al mismo tiempo está cargada de un lirismo extraordinario. Su poesía se distingue por plantear situaciones en las que le otorga al cuerpo una sensibilidad mística. También se destaca la paradoja de la creación, presentando el nacimiento como una herida que, al mismo tiempo, da vida y sentido. Esta herida se convierte en signo y símbolo de un conocimiento que no es aprendido, sino intuido y luego pensado, para conseguir giros poéticos de alta eficacia: una forma de sabiduría primigenia que habita en el alma incluso antes del primer aliento, sugiriendo que el dolor del nacer ya contiene en sí una memoria sagrada, como si la carne recordara el barro que la formó. Esta intuición filosófica va más allá de una explicación evolutiva, sugiriendo un acto divino de amor invisible. La "herida intangible" marca la transición del no-ser al ser, sin ser un castigo, sino una separación necesaria para el despertar de la conciencia. La figura del creador, escondida pero jubilosa, deja entrever una inteligencia superior que ilumina sin forzar. La caída del barro al abismo da comienzo a la vida consciente, marcada por la nostalgia de un origen luminoso. Sus breves poemas se convierten en una meditación profunda sobre el misterio de la existencia en un estado místico.

Sus poemas nos sumergen en otros ámbitos poco frecuentes , lo ambiguo y suspendido donde no queda claro si el hablante poético observa desde lo alto o si, siendo aún terrenal, accede momentáneamente a una experiencia de transformación plena. Esa ambigüedad espacial y existencial es uno de sus recursos más poderosos: el yo lírico parece habitar una frontera entre el cielo y la tierra, entre lo visible y lo invisible, lo corpóreo y lo sutil, de ahí la belleza de su poesía,

Desde esa perspectiva, su poesía se puede leer como una epifanía: un momento de revelación en el que el mundo se muestra en su adolescencia, es decir, en un estado de despertar o transición hacia la conciencia. El hablante parece haber sido arrebatado por una fuerza sagrada o mística ("fui atraído por la fuerza de un beso"), pero esa experiencia, aunque intensa y reveladora, concluye con una caída: una separación inevitable de la presencia divina o del ser luminoso, que se desvanece y deja una estela de amargura.

En el trasfondo de esta travesía poética hay un impulso central: la búsqueda desesperada de la divinidad. No se trata de una búsqueda serena o teológica, sino de una inquietud radical que se manifiesta como desgarro y anhelo. El yo poético de Leonardo no se resigna a la separación original, sino que clama, interroga, se consume en su afán de alcanzar aquello que está más allá del ser. Cada verso es una tentativa de contacto con lo sagrado, un intento de restaurar la comunión perdida, de regresar —o al menos vislumbrar— aquel resplandor anterior al tiempo, donde aún no había sido pronunciado el nombre del dolor.

Sus poemas son piezas de alta densidad lírica y conceptual, donde Fausto Leonardo, en plena consonancia con lo que hemos reflexionado sobre su poética, conjuga el lenguaje místico, la alusión ontológica y una desesperada búsqueda de lo divino. Lo que lleva a Fausto Leonardo a desplegar una búsqueda radical del origen, del principio primero que articula la existencia, pero que también la desborda y la sacude. En su lenguaje poético, la palabra no se limita a representar el mundo: lo interroga desde su grieta más profunda, desde esa herida ontológica que separa al ser de sí mismo. Su verbo no se conforma con lo visible ni con la sustancia; es un verbo que quiere rozar la sustancia de lo invisible, que tantea con vértigo las orillas del abismo para nombrar lo innombrable. En este sentido, su escritura comparte un linaje con la mística apofática, pero no se limita a la tradición cristiana: dialoga con la filosofía, con la metafísica, con una sensibilidad contemporánea que ha perdido los nombres de lo divino pero no su necesidad.

El término apofático proviene del griego apophasis, que significa negación o decir no. En términos filosóficos y teológicos, lo apofático se refiere a un modo de conocimiento que afirma que Dios, o lo Absoluto, no puede ser comprendido ni descrito mediante afirmaciones positivas, porque su naturaleza es infinita y trasciende completamente el lenguaje humano. En lugar de decir lo que Dios es (como en la teología afirmativa: “Dios es amor”, “Dios es luz”), el enfoque apofático dice lo que Dios no es: Dios no es cuerpo, no es materia, no es finito, no es ccomprensible o sencillamente sus versos encuentra nuevas formas del lenguaje. Lo que lo hace un poeta eminentemente original. Da un giro a este concepto y sin decir no recure a otra vía más sutil, más envolvente, carda de misterio y revelación.

Este enfoque es propio de las tradiciones místicas —especialmente en el cristianismo oriental (como en Dionisio Areopagita), del cual nos habla Ernesto Cardenal en celebre libro Vida en el Amor, pero también en corrientes sufíes y donde se prefiere el silencio, la negación y la contemplación como vía para acercarse al misterio divino.

Así, cuando decimos que Fausto Leonardo tiene una tensión apofática, no lo decimos en el sentido escritural, queremos decir que su poesía tiende hacia lo inefable, hacia lo que no se puede nombrar plenamente, y que la profundidad de su voz poética emerge precisamente de ese límite: de intuir y sugerir sin declarar.

El poema que inicia con el verso “Oh principio de la sangre” es muestra diáfana de esta tensión entre lo humano y lo trascendente. Desde su apertura, el tono es el de una invocación sagrada, pero no dirigida a una divinidad ya constituida: el nombre Argé –término griego que significa principio, origen, causa– apunta más bien a una entidad ontológica, una fuente inmanente o trascendental que da forma al tiempo, a la carne, al deseo. No se trata de una figura teológica establecida, sino de una causa que vibra y conmueve, que arremolina y transforma, que permanece “quieta en su movimiento”, como el motor inmóvil de los filósofos o como el Dios de los místicos, cuya presencia es una ausencia activa.

El hablante lírico, profundamente consciente de su barro terrenal, se presenta como tierra sedienta de cielo. Esta metáfora es central: el barro es materia, sí, pero también es ansia, impulso vertical. La tierra no es mero peso: es aspiración, hambre de trascendencia. De ahí que la plegaria se articule como súplica desde el desierto, desde la “nada que es sólo grieta”. Esa grieta no es vacío sin sentido, sino apertura a una posible celebración. El poema entero es, de hecho, una grieta por donde se cuela el temblor de lo sagrado.

En esta búsqueda, la imagen de Argé opera como un símbolo totalizador. Es causa, es rostro, es alfarero. Revoluciona el centro del sujeto poético, revuelve su sangre, lo arrincona en el Eros, hasta conducirlo al anonadamiento: un término que resuena con fuerza en la tradición mística, donde el alma se despoja de todo para fundirse con el Absoluto. Sin embargo, aquí no hay éxtasis apacible ni unión beatífica. El deseo que mueve al hablante es también dolor, es “turbulencia”, es angustia y asfixia. El rostro divino, lejos de consolar, empuja al abismo de sí.

La noche, representada como “animal que resuella”, encarna esa interioridad tensada por el relámpago del conocimiento. El símbolo del relámpago, que “abre abismos”, condensa el drama místico del poema: toda revelación verdadera implica ruptura, desgarramiento. La verdad no llega como luz diáfana, sino como fulgor que fractura y hiende.

Hacia el final, el poema se repliega hacia una introspección rasgada. El hablante afirma que lo hallado de sí está “vedado en la carne”, lo cual sugiere una separación irreconciliable entre el conocimiento esencial y la limitación corporal. El llamado que se hace a sí mismo “desde el fondo”, apenas audible, expresa la imposibilidad de una escucha plena del ser, debido al temblor eterno. Ese “temblor” es la vibración del ser ante lo Absoluto, pero también la imposibilidad de habitarlo sin fragmentarse.

Todo en este poema confluye hacia una estética del vértigo metafísico. No hay consuelo, pero sí una búsqueda sostenida, un lenguaje tenso que se sabe incapaz de decir el fondo, y sin embargo insiste. Fausto Leonardo no escribe desde la certidumbre de un credo, sino desde el temblor de una sed insaciable. Su palabra, como su barro, quiere alzarse hacia el cielo, aun sabiendo que la grieta lo habita. Y en esa tensión reside la grandeza de su poesía: en su fidelidad.

Para concluir con la vía apofática en la poesía mística , hay que reconocer que es un camino profundo y exigente, no sólo por su radical privación de lo decible, sino porque implica una experiencia interior tan honda que apenas puede expresarse sin desfigurarse en el lenguaje, San Juan de la Cruz, con su célebre subida al Monte Carmelo o su “noche oscura del alma” ,lo logra: habla del amor divino, del alma y de Dios por vía de silencios, de ausencias, de vacíos que iluminan, así cada uno de los versos de Fausto Leonardo entrañan una luz invisible una forma de poetizar que esconde y revela al mismo tiempo, hay un tránsito desde el despojo hacia la revelación. Un juego formal impresionante. Un dios escondido que se torna en la belleza del verbo.

Pero lo cierto es que muy pocos poetas han alcanzado este nivel de profundidad. Incluso entre los místicos, son escasos los que logran vivir esa experiencia, sin traicionar la forma poética que conserve su intensidad y lirismo.

Sería un desperdicio reflexionar sobre la poesía de Fausto Leonardo sin conocer y leer varios de sus poemas, pues solo a través de la inmersión en su obra se puede apreciar la vastedad y la complejidad de su lenguaje poético, que se despliega con una profundidad metafísica y mística poco comunes en la poesía contemporánea. A continuación, se presenta una selección de sus poemas, los cuales permiten atisbar la singularidad de su voz lírica y el camino que recorre desde lo prenatal y lo pre-sustancial hasta lo trascendente. Cada uno de estos poemas ofrece una ventana al universo filosófico y espiritual que Fausto Leonardo propone, donde el silencio, la negación y el misterio son abordados con una frescura y originalidad invitando a la estudio de su obra poética.

 

85

 

Oh principio de la sangre.

Principio de mi aire, de mi barro –tierra

Con hambre y sed de cielo-.

Estás quieto, Argé, en tu movimiento.

Humedece este desierto

De mi nada que es sólo grieta.

Causa que dio forma a mi tiempo, ¿por qué

Tiemblo a tu paso? Oh Argé, tú arremolinas

Mi centro y revuelves mi sangre.

Mi noche es animal que resuella,

Tenso, por el relámpago que abre abismos.

Argé, saca mi carne del dolor, alíviala

Del deseo que me ahoga en su turbulencia.

Tu rostro me arrincona en el Eros, Argé,

Y me anonado en tus manos de alfarero.

Lo que he hallado de mí

Está vedado en mi carne. Me llamo

Desde el fondo. Apenas si me oigo

Porque es eterno el temblor.

 

84

 

Aún no era yo, empecé

A ser hombre, a tener piel, carne, ojos, boca.

No había nacido y ya mi carne temblaba,

No tenía vida y mi barro sentía dolor,

Fuego en la piel. Unas manos

Revolvían mi nada y daban

Forma a mi existencia.

 

El rostro oculto de quien me creaba

Brillaba de alegría. El triunfo apareció

En su aliento, la vida.

 

Lloró el barro. Ignoraba porqué.

Una herida intangible quedó en el Jardín,

Y el barro, desnudo, cayó al abismo.

 

81

 

Y yo que creí que mi espíritu

Empañado era nuevo.

 

Y yo que creí que mis huesos secos

Estaban vivos.

 

Y yo que creí que mis pies

No tropezaban en la niebla.

 

Y yo que creí tener el sol

En mi noche.

 

Y yo que creí ver

En mi ceguera.

 

Hasta que me hiciste de cielo,

Cruz y domingo.

 

74

 

Mi ser se turba como una novia.

El vaho es amor. Sustancia

De amor el vino en la copa.

Amor que me ama. Amo al Amor.

Amor, semilla de vida, ventana, latido

Gracia de luz.

 

69

 

Pozo, tu mirada de medio día.

Sosiego halló la aridez de mi tierra.

Me diste a cántaros el cielo, en un abrazo

La eternidad.

Me fui contigo a lo profundo del pozo

Y allí muero

Y bebo tus delicias.

 

66

 

Te recuerdo como en agua mansa

El cisne contemplativo.

Al través de la ventana

Aún joven la luna.

Bajo mis pies murmura el tiempo la eternidad.

Cruzo el meridiano de mi estancia en la tierra.

Mis recuerdos empiezan

A ser nostalgia en huida,

Grito de ángel que aletea en el Origen.

Deseo volver a la tierra, amasado

Por tus manos increadas.

Me llama la Llama.

 

En la obra de Fausto Leonardo se despliega una búsqueda radical del origen, del principio primero que articula la existencia, pero que también la desborda y la sacude. En su lenguaje poético, la palabra no se limita a representar el mundo: lo interroga desde su grieta más profunda, desde esa herida ontológica que separa al ser de sí mismo. Su verbo no se conforma con lo visible ni con la sustancia; es un verbo que quiere rozar la sustancia de lo invisible, que tantea con vértigo las orillas del abismo para nombrar lo innombrable. En este sentido, su escritura comparte un linaje con la mística apofática, pero no se limita a la tradición cristiana: dialoga con la filosofía griega, con la metafísica, sino sobretodo con una sensibilidad contemporánea que ha perdido los nombres de lo divino, pero no su necesidad. Es una poesía para el hombre contemporáneo que ha encontrado en la novedad de su lenguaje una forma de relacionarse con lo divino.

El poema que inicia con el verso “Oh principio de la sangre” es muestra diáfana de esta tensión entre lo humano y lo trascendente. Desde su apertura, el tono es el de una invocación sagrada, pero no dirigida a una divinidad ya constituida: el nombre Argé –término griego que significa principio, origen, causa– apunta más bien a una entidad ontológica, una fuente inmanente o trascendental que da forma al tiempo, a la carne, al deseo. No se trata de una figura teológica establecida, sino de una causa que vibra y conmueve, que arremolina y transforma, que permanece “quieta en su movimiento”, como el motor inmóvil de los filósofos o como el Dios de los místicos, cuya presencia es una ausencia activa.

El hablante lírico, profundamente consciente de su barro terrenal, se presenta como tierra sedienta de cielo. Esta metáfora es central: el barro es materia, sí, pero también es ansia, impulso vertical. La tierra no es mero peso: es aspiración, hambre de trascendencia. De ahí que la plegaria se articule como súplica desde el desierto, desde la “nada que es sólo grieta”. Esa grieta no es vacío sin sentido, sino apertura a una posible epifanía. El poema entero es, de hecho, una grieta por donde se cuela el temblor de lo sagrado.

En esta búsqueda, la imagen de Argé opera como un símbolo totalizador. Es causa, es rostro, es alfarero. Revoluciona el centro del sujeto poético, revuelve su sangre, lo arrincona en el Eros, hasta conducirlo al anonadamiento: un término que resuena con fuerza en la tradición mística, donde el alma se despoja de todo para fundirse con el Absoluto. Sin embargo, aquí no hay éxtasis apacible ni unión beatífica. El deseo que mueve al hablante es también dolor, es “turbulencia”, es angustia y asfixia. El rostro divino, lejos de consolar, empuja al abismo de sí.

La noche, representada como “animal que resuella”, encarna esa interioridad tensada por el relámpago del conocimiento. El símbolo del relámpago, que “abre abismos”, condensa el drama místico del poema: toda revelación verdadera implica ruptura, desgarramiento. La verdad no llega como luz diáfana, sino como fulgor que fractura y hiende.

Hacia el final, el poema se repliega hacia una introspección desgarrada. El hablante afirma que lo hallado de sí está “vedado en la carne”, lo cual sugiere una separación irreconciliable entre el conocimiento esencial y la limitación corporal. El llamado que se hace a sí mismo “desde el fondo”, apenas audible, expresa la imposibilidad de una escucha plena del ser, debido al temblor eterno. Ese “temblor” es la vibración del ser ante lo Absoluto, pero también la imposibilidad de habitarlo sin fragmentarse.

Todo en este poema confluye hacia una estética del vértigo metafísico. No hay consuelo, pero sí una búsqueda sostenida, un lenguaje tenso que se sabe incapaz de decir el fondo pero cuya imposibilidad es la vía para crear belleza y de se trata el arte, y sin embargo insiste. Fausto Leonardo no escribe desde la certidumbre de un credo, sino desde el temblor de una sed insaciable. Su palabra, como su barro, quiere alzarse hacia el cielo, aun sabiendo que la grieta lo habita. Y en esa tensión reside la grandeza de su poesía: en su fidelidad a lo inasible, a lo que se dice sólo en el temblor.

Sin embargo Fausto Loenardo no deja de sorprendernos Ínsula Presentida también se encuentra profundamente matizada por lo caribeño. A lo largo del poemario, se puede apreciar cómo el Caribe con su geografía, su flora, su fauna y sus elementos simbólicos se convierte en una suerte de puente entre lo terrenal y lo divino. Pero, más que un simple escenario o contexto, la región Caribe es un medio expresivo que transmite las tensiones metafísicas y espirituales que el poeta explora.

 La relación con el paisaje caribeño es tanto física como metafísica. En *Ínsula Presentida*, “la tierra caribeña” no solo se ve como un lugar de pertenencia, sino que se entrelaza con lo divino y lo místico. A través de la naturaleza, el zorzal, la brisa, las montañas, el cielo,

Fausto Leonardo busca no solo describir el entorno, sino trascenderlo y descubrir en él lo que está más allá de lo visible. El entorno natural del Caribe se convierte en un espejo de la eternidad, un territorio sagrado en el que la vida y la muerte, lo invisible y lo presente, se mezclan en una armonía divina.

 Este hallazgo de lo caribeño en su poesía tiene varias capas. Primero, porque la sensibilidad tropical impregna los versos, pero no de manera superficial. El poeta utiliza los elementos de la geografía y la cultura caribeñas no solo como un recurso estético, sino como una forma de explorar la transcendencia a través de lo que se ve, se oye y se siente en la cotidianidad. Así, el zorzal, el viento, las raíces y las montañas se convierten en símbolos con un poder espiritual que trasciende el contexto físico, llevando al lector a una reflexión filosófica y mística sobre el origen, la existencia y la conexión con lo divino.

Pero, Fausto Leonardo no es solo un poeta arraigado en su contexto caribeño, sino también un poeta de lo universal, pues su obra trasciende las fronteras geográficas, culturales y temporales. Aunque está profundamente influenciado por la naturaleza y la identidad del Caribe, su poesía se nutre de una visión metafísica, espiritual y ontológica que resuena con las grandes tradiciones poéticas de todos los tiempos. En este sentido, la universalidad de su obra se construye desde una perspectiva en la que el misterio humano, la búsqueda de sentido y el desafío ante lo inefable son temas transversales, que apelan a la experiencia humana común, independientemente de su origen o contexto específico. 

El hecho de que Fausto Leonardo dialogue con una tradición mística y metafísica que abarca lo que nos ha legado la tradición hasta las corrientes más contemporáneas hace que su poesía se sienta profundamente conectada con la sabiduría universal, yo me atrevo a decir que es un San Juan de la Cruz contemporáneo. En lugar de limitarse solo a representar el paisaje físico de su isla o de abordar temáticas cerradas dentro de un contexto caribeño, que ya es un aporte ,su obra se mueve hacia una dimensión universal en la que la humanidad comparte las mismas luchas existenciales, las mismas preguntas sobre el ser,la nada, el destino y lo divino.

La poesía de Fausto Leonardo es, a través de su profundidad metafísica**, su búsqueda de lo infinito y su conexión con la espiritualidad universal, una poesía que trasciende el Caribe sin dejar de representarlo y se inscribe en la gran tradición de los poetas místicos y metafísicos a nivel mundial. Al mismo tiempo, su particular visión caribeña le otorga un sello único, que enriquece aún más la universalidad de su obra.

 

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