Pedro Zacarías
El arco y la lira
Este es un espacio para la literatura y las artes
18 abril 2026
Pedro Zacarías, impresiones sobre Estampas agrestes
31 marzo 2026
El ÁRBOL DE LOS PANUEÑOS DE JULIO ESCOTO Y ESTACIÓN PERMANENTE DE JOSE ANTONIO FUNES
Club de Lectura Luciérnagas Literarias, dirigido por Darling Soriano. Esta vez los libros leídos y discutidos fueron el clásico de la literatura hondureña El árbol de los pañuelos (1972) del escritor Julio Escoto y el poemario Estación permanente (2023) del poeta José Antonio Funes.
La obra de Escoto, en cuyo trasfondo se refleja la cultura, la política y la sociedad de la época, es valorada positivamente por la crítica internacional. Se consideró entre los lectores, que El árbol de los pañuelos es un libro que no resulta de lectura fácil, incluso para el lector avezado. Se ha de estar muy atento para no perderse entre símbolos y personajes. También se dijo que la escritura de Escoto está literariamente muy elaborada, es culta y profunda. En toda la narración de El árbol de los pañuelos se podrá apreciar un rico lenguaje poético, es decir, una prosa rica en imágenes, propia de una imaginación pro
digiosa e inspirada.
Por otra parte, la obra de Funes, Estación permanente, se considera un poemario que transmite y transporta al lector a estadios de placer y goce. Sus versos luminosos, la economía del lenguaje y la frescura del discurso poético, entre otras cosas, son indicativos de que estamos ante una poesía de buena factura y de una exquisitez incuestionable.
17 febrero 2026
Miguel de Unamuno. Club de Lectura Luciérnagas Literarias. Niebla (1914)
Club de Lectura LL. 16 de febrero de 2026
Obra: Niebla (1914)
Autor: Miguel de Unamuno. Club de Lectura Luciérnagas Literarias.
2.- Vivir para amar, amar para vivir. Quien ama es, quien es ama. "Amo, ergo sum". Amo, luego soy. Este es un sutil juego cartesiano: "cogito, ergo sum". Soy cuando amo. Si no amo no existo. Existo para amar y amo para vivir. Esta es una de las tesis de Niebla. El amor hace renacer los sueños; lo que se sueña, aunque sea en la dimensión de lo imaginario, cobra vida y la vida, la vida de un personaje, (v.g. Dulcinea del Toboso, Eugenia, Augusto) aunque sea ficticia cobra realidad, y se vuelve inmortal. La vida tiene sentido cuando se vive para amar, para amar de verdad alguien o algo (piénsese en El hombre en busca de sentido de V. Frankl), aunque sea en el orden del pensamiento. Una vida sin amor no es vida. Solo quien ama vive, y solo se vive para amar, aunque ese amor sea platónico.
3.- El camino de la vida se hace. En efecto, la niebla que es en sí la vida nos desafía a vivirla, a abrirnos paso. La vida es buena, el ser humano es bueno, constitutivamente bueno, pero la sociedad lo desvirtúa y, lejos de sacarlo a la luz, lo deja perdido en su niebla, perdido en una existencia vacía, sin rumbo. En cualquier caso, existencia debe ser vivida. Se aprende a vivir viviendo la vida. La vida es maestra de la vida, ella enseña al ser humano cómo se vive. Se puede pensar la vida, pero para despejar la niebla es necesario desembarazarse de las ideas, del ejercicio mismo de pensar, porque vivir, también, es gozar de las pequeñas cosas, por cotidianas que parezcan.
4.- La certeza de la vida y la muerte. Hay dos nacimientos: el del parto y el que acontece "por el dolor a la conciencia de la muerte incesante". Vivimos muriendo. Mientras vivimos nos morimos. Lo terrible es que lo sabemos, sabemos que nos vamos a morir, que morirán los que procrean y los que crean, como los literatos, seres imaginarios. Tanto el creador literario como el procreador morirán, muy a su pesar. El creador puede dar vida a un ser imaginario y le puede dar muerte, sin embargo la muerte le espera también a él. Las muertes de los seres ficticios los hace inmortales, ya no mueren, viven siempre en la obra, esperando despertar en el reino de la imaginación de cada lector, que no cesa de sacudirse de encima la niebla de su propia vida.
24 enero 2026
Daniel Keyes: Flores para Algernon
Club de Lectura LL. 23 de enero de 2026
Autor: Daniel Keyes. Psicólogo y narrador.
Obra: Flores para Algernon (1959)
1.- La estructura narrativa: la ley del búmeran. La historia empieza como termina. El escritor narra la vida de Charlie, quien nace con una deficiencia intelectual, pero que, por fortuna, gracias a una intervención quirúrgica experimental logra superar, progresivamente, su problema hasta adquirir niveles extraordinarios de inteligencia, genialidad cognitiva e intuitiva. Cuando hubo alcanzado un rango de C.I. superior a la media, su autoconciencia le conduce a afrontar su propia historia, sus orígenes familiares, su infancia y el drama de ver realmente de dónde vino, dónde estaba y la certeza del deterioro al que estaba abocado.
2.- Profundización en la psicología humana: Charlie representa el drama humano de personas con discapacidad, pero también la complejidad de la vida junto a personas que no aceptan una determinada condición congénita o accidental. El autor explora los porqués de la existencia, la búsqueda de la propia identidad, de la felicidad, de la superación personal, y el combate contra las adversidades exteriores provenientes del Estado, de personas e instituciones que te miran como otro, diferente y fuera del canon de la normalidad o de los estándares de coeficiente intelectual.
3.- La realidad social y familiar de las personas con una condición psíquica. El autor profundiza, a través de una intensa narración, en la psicología social, esto es, en las actitudes sociales bajas tales como la hipocresía, la burla, la mofa y el desprecio por ser diferente a causa de alguna dolencia o enfermedad. De igual forma, el narrador mapea los problemas, tensiones y divisiones intrafamiliares cuando un hijo rompe todas las expectativas por una determinada enfermedad.
4.- La instrumentalización del ser humano para conseguir objetivos científicos. Hay una crítica a las instituciones de salud que instrumentalizan a seres humanos para lograr sus propios fines, ajenas a la ética deontológica, al sentido humanitario y al respecto por la dignidad de las personas que trasciende los estándares sociales convencionales.
5.- Finalidad de la obra: reflexionar en el drama humano, abordando con realismo los anhelos, las angustias, deseos y ambiciones de los personajes. La intención de la novela consiste en abordar un problema más común de lo que parece: la enfermedad mental, el desarrollo desigual de quienes tienen limitaciones cognitivas y lo complicado que es para las familias y la sociedad dar respuestas humanizadoras a esa realidad tan compleja.
Conclusión: Hay una crítica al experimentalismo científico, a la ruptura del código deontológico y a la cosificación de la vida humana. Una denuncia a la sociedad insensible, pero a la vez un llamado a las conciencias para un cambio de mentalidad en los tratamientos, recursos e integración social, laboral y familiar de las personas con discapacidades.
Julia Álvarez: En el tiempo de las mariposas
Autora: Julia Álvarez
Obra: En el tiempo de las mariposas (1994)
El libro, En el tiempo de las mariposas, es un texto de rebeldía, sublevación y heroísmo. La autora, Julia Álvarez, se propuso escribir la vida de las Hermanas Miribal: Patria, Minerva y María Teresa, provenientes de una familia de clase media bien posicionada de una población ubicada en el centro de la isla.
1.- Contexto socio-político. En 1930 se instaló en la República Dominicana la dictadura de R. L. Trujillo. Como en todas las férulas, los abusos de poder de toda índole fueron creciendo exponencialmente a lo largo de tres décadas. El miedo, la falta de libertad, el chantaje, la represión, el excesos del régimen, la libido e incontinencia del Jefe, el nepotismo y el despilfarro estaban a la orden del día. Muchas familias de bien, entre las que se incluía, la Mirabal, sufrían el chantaje del régimen, cuya omnipresencia sobrepasaba el imaginario de la población.
2.- Militancia contra el régimen. En el tiempo de las mariposas, cuenta la historia ficticia de una verdad histórica. La juventud que había crecido bajo la dictadura, como es el caso de las tres jóvenes, y que tenía otras luces, tenían de telón de fondo otras influencias, posiblemente de disidentes venezolanos, nicaragüenses, norteamericanos, pero también de los mismos conspiradores allegados al dictador que estaban cansados de las tropelías del sistema y decididos a efectuar el tiranicidio. Como cosa anecdótica, a Trujillo también se le conocía por el mote de El Chivo. Este sobrenombre se debió, probablemente, a su apetito sexual, a su olor corporal, pero la popularidad devino con un merengue dominicano titulado Mataron al Chivo, que aparece glosado en el título de la novela de Vargas Llosa, La muerte del Chivo.
3.- Valentía y heroísmo de las Mirabal. Patria, Minerva y María Teresa, de alguna manera, simbolizan el sentir de toda una generación de jóvenes dominicanos que querían una sociedad libre. Eso fue lo que las impulsó a unirse al movimiento clandestino para derrocar al dictador. Poco antes de que las Mirabal pudieran ver realizado este sueño político de libertad, el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), por encargo del dictador que las mandó a matar, las interceptaron en una carretera el 25/11/60 mientras regresaban de visitar a sus maridos que estaban en la cárcel de la ciudad de Puerto Plata; las golpearon brutalmente y las despeñaron por un barranco en el carro en el que viajaban para simular un accidente.
Trujillo fue asesinado el 30/05/61, unos meses después de que los esbirros del dictador cegaran la vida de las jóvenes. Los hijos de Trujillo murieron en el exilio. Ramfis murió en Madrid de accidente en un Ferrari (1969); Radhamés fue asesinado, no en Panamá como se creyó en un principio, sino, según otras fuentes, en Colombia en 1994 por el cartel de Cali; y Angelita murió en Flórida en el 2023. Se cuentan varios hijos de otras uniones: Julia, Flor de Oro y Odette.
En sustancia, los grandes ideales emergen de grandes tragedias, como la flor del loto o el nenúfar que crece bello en los humedales. La historia humana es así, como el oro que cuya pureza se embellece después de limpiar la suciedad. Este libro es un testimonio de cómo los grandes ideales, con frecuencia, pasan por el crisol del sacrificio. El poeta dominicano Manuel del Cabral en su poema “Aire durando” dice: «Hay muertos que van subiendo / cuanto más su ataúd baja…» Es, precisamente, en la muerte de las Mirabal como ellas son enaltecidas como mariposas que se encumbran a lo más alto de la memoria. La ONU declaró el 25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
19 enero 2026
Claridades, 1992. Comentario Crítico de Josefina Victoria Ribes
Claridades es un libro mísitico que pertenece a la Espiritualidad Hispana, de poesía pura y culto; de temática Humanista. Que pone en evidencia una experiencia sublime y superior, simbólicamente. Que plantea, en ese estado, el problema de la comunicación: ¿cómo se pone de manifiesto nada con todo lo que existe?, o, ¿todo lo que existe sin su existencia? Un sistema paradójico consigue su objetivo de transferencia mediante antítesis sintéticas con las que alma y cuerpo quedan muy conmovidos e impresionados en la contemplación del éxtasis, visión excelsa que, en este caso, se nos muestra sinestésicamente: todos los sentidos saltan alborazados, en una danza simultánea, de uno a otro, como sucede en la alteración que se produce en el amor erótico carnal de los enamorados.
para que entre
—no por ellas—
VISIÓN
DESPERTAR
El mundo acaba en tu silencio
04 diciembre 2025
EN EL UMBRAL DEL ALMA: LOS POETAS INTERIORISTAS (A PROPÓSITO DEL LIBRO POETAS INTERIORISTAS ESPAÑOLES)
EN EL UMBRAL DEL ALMA: LOS POETAS INTERIORISTAS
(A PROPÓSITO DEL LIBRO POETAS INTERIORISTAS ESPAÑOLES)
allí donde la palabra se vuelve espejo del alma y vía mística de conocimiento interior. La
poesía aquí es plegaria, asombro y confesión del límite. Al leerlos en conjunto, se
descubre que todos trazan una geografía interior donde el hombre se sabe barro, llama,
mar y tránsito.
Más que un conjunto de voces, este libro es una constelación de almas. Cada poeta se
ofrece como un fragmento del absoluto y en todos ellos late una misma certeza: la poesía,
cuando nace de la interioridad, ilumina el mundo.
El Interiorismo, en su esencia, es un acto de revelación que busca la raíz del alma. Así,
Isabel Díez Serrano abre este recorrido en “Ruido de otoño”, donde la estación se
convierte en metáfora del tiempo que pasa y del alma que aprende a caer como hoja
madura hacia la conciencia de su finitud. La naturaleza respira, envejece y se renueva,
enseñándonos que somos parte del acontecimiento universal. Frente al otoño, la memoria
del verano pasado resplandece:
Felices días eternos de verano
que siempre vivirán en la memoria
Una segunda creación de Díez Serrano es “Al Cristo de la Vera Cruz”, aquí la voz
poética funde mística y humanidad al contemplar al Redentor y a María de las Tristezas
como símbolo de condensación del dolor universal. Alcanza el clímax en el verso:
“bebamos esa sangre tan gloriosa”, donde la metáfora eucarística transforma el
sufrimiento en belleza sagrada. Este poema es un acto de contemplación estética de la fe,
pues el dolor sagrado, la plegaria y la palabra se funden en un solo acto de redención.
Esa misma nota melancólica y trascendente vibra en “Bosquejo del ausente”, de
Emilio Rodríguez, donde la palabra reconstruye la figura de quien ya no está, pero cuya
ausencia se vuelve presencia espiritual. Rodríguez dibuja al ausente desde la permanencia
de lo invisible, el alma que habita en el eco de lo perdido.
Bosquejo del ausente” es un poema de evocación, sueño y pérdida, donde el autor
convierte la ausencia en materia poética. Emilio Rodríguez se revela aquí como un artista
capaz de transformar la nostalgia en arquitectura verbal. La escritura funciona como ritual
de regreso, un bosquejo de lo que se fue, trazado con los pigmentos del inconsciente y del
recuerdo. Logra transformar la ausencia en presencia espiritual cuando escribe:
Cuando era primavera en todos los cuadernos
y ensayaba horizontes un galope de lunas
El poema convierte lo perdido en sustancia de eternidad, demostrando que recordar es
un acto de creación.
Teodoro Rubio Martín, con “Oración de un moribundo”, conduce al umbral de la
eternidad. El yo poético se entrega en súplica final, consciente de su pequeñez ante la
grandeza divina. La voz poética asume su condición efímera con lucidez y sin
dramatismo: no hay desesperación, sino entrega confiada a las manos divinas.
Yo te llamo, Señor y me respondes
con rotundo silencio, y hasta a veces
el silencio es callado y se desgarra
la ilusión de sanarme
Esta composición es una aceptación serena del tránsito y una profunda metáfora de la
fe. En “La trama de la vida”, de Gonzalo Melgar De Corral, el símbolo del tejido
representa el curso vital que se va deshilando, mientras las manos de Dios rematan el
tapiz del destino. El verso inicial, “Se me acaba la trama de la vida”, introduce un tono
de conciencia del fin, de aceptación serena ante la inminencia de la muerte.
“La trama de la vida” puede leerse como una reconciliación entre el ser y el destino.
Frente a la idea trágica del fin, el poeta ofrece una visión de la muerte como parte del
trabajo paciente de Dios. El símbolo del tejido evoca el curso vital:
Tú lo vas rematando
y con tus manos que pasaban el hilo por la urdimbre,
lo doblarás en dos mitades pronto
La vida se deshilacha mientras Dios concluye con paciencia y ternura. La muerte se
transforma en acto de amor que remata la obra imperfecta de cada existencia.
Juan Domínguez Prieto, en “De Dios rítmico”, convierte el universo en música y a la
divinidad en cadencia:
Mi pequeñez se llama esperanza de Gloria
-así, me aman en el dolor-,
la puerta abre
huesped de Gabriel diáfano
nada diáfana clara huesped de Gabriel.
El poema revela una espiritualidad íntima y paradójica, donde la “pequeñez” se
transforma en un nombre luminoso: “esperanza Gloria”. En ese acto de
autodenominación, el yo poético asume su vulnerabilidad como fuente de redención y
amor, pues es en el dolor donde se siente amado. “la imagen de la “puerta que abre”
sugiere un tránsito hacia lo divino, una invitación al encuentro con lo sagrado
representado por el “huesped Gabriel”, figura que alude al arcángel mensajero. El poema
se mueve entre la fragilidad humana y la trascendencia mística.
José Félix Olalla se adentra en el misterio del silencio en “Al escuchar tu voz tras una
larga pausa” y “Noche en la almazara del Getsemaní”. En el primero, la voz divina
irrumpe tras un tiempo de espera interior, revelando que el silencio es una forma de
presencia. La voz poética scribe:
Al escuchar tu voz, tras una larga pausa,
yo atravesé la línea de los fuegos
y me quedé sereno
con la pinta segura de lances de párvulos.
El poema encierra la fuerza contenida de un renacimiento interior. La voz que irrumpe
tras una “larga pausa” actúa como un llamado que rompe el silencio y provoca un salto
hacia lo desconocido. Tras cruzar ese umbral ardiente, el yo poético emerge sereno, como
si hubiera hallado en el fuego la purificación. Olalla introduce una paradoja
conmovedora: la inocencia se vuelve coraje. En esa serenidad infantil, limpia de cálculo
y de miedo, se cifra la victoria espiritual del hablante, que ha sobrevivido al incendio del
alma con la luz intacta.
En la segunda creación el poeta revive la agonía de Cristo en el huerto, donde el dolor
y la obediencia se funden en la más pura oración, a pesar de que el alma cruzaba el umbral
del dolor, habitando los territorios del sufrimiento y la espera. Esa voz amada , quizá
divina, quizá humana, irrumpe tras un largo silencio, y el yo lírico experimenta la
resurrección de la esperanza. El poema vibra entre lo humano y lo celestial.
José Félix Olalla recrea el Getsemaní interior de todo ser que sufre. El poeta hace del
dolor un sacramento, y del verso, un acto de redención.
José Luis Martínez nos ofrece un tríptico espiritual de honda resonancia simbólica:
“San Juan de La Cruz”
“San Francisco de Asís”
“Dios alfarero”
En el primero, exalta la luz interior del místico castellano, que halla en la “nada” la
plenitud del ser. El poema se erige como una elegía espiritual dedicada a la figura mística
de San Juan de la Cruz, símbolo de la unión del alma con Dios a través del desapego y la
luz interior. El agua que mana, la “fuente” de la que hablaba el santo, es aquí símbolo
del conocimiento sagrado, de la inspiración divina que, una vez bebida, transforma la
palabra humana en canto del Espíritu.
En el segundo, “San Francisco de Asís”, rinde homenaje al santo de la fraternidad
universal. En este segundo trabajo, el poeta rinde homenaje al paradigma de la humildad,
la pobreza y el amor universal hacia la creación. El poema celebra la fraternidad cósmica
que Francisco predicaba: la comunión entre el hombre y la naturaleza, entre el espíritu y
la materia. La figura del santo aparece idealizada como “himno de amor a la Naturaleza”
y “verde metáfora del Dios-Belleza”. Así, el poema se convierte en una oración ecológica,
donde lo espiritual y lo natural se funden en un mismo cántico de vida. Así la comunión
con la naturaleza se hace oración:
Todo era para ti filial, fraterno
y era hermana la luna, el sol, la estrella
y hasta el lobo feroz era algo tierno
Y en “Dios alfarero”, el símbolo alcanza su máxima belleza, el Creador modela al
hombre con sus manos divinas, recordándonos que somos barro animado por el soplo
eterno:
Que soy obra maestrasalida de tus manos,pues, me hiciste a tu imagen,como a hijo engendrado
El mar se convierte en símbolo de infinitud y pureza en “Mar Mediterráneo”, de María
del Carmen Soler. Su poesía nos sumerge en las aguas del origen, donde la vastedad azul
refleja el misterio del alma. El poema se erige como un diálogo entre la materia y el
espíritu. El mar, símbolo por excelencia de la inmensidad y del misterio, es aquí el espejo
en el que la voz poética busca reconocerse desde la hondura existencial y trascendente.
El mar que describe Soler es un espacio interior, un territorio del alma donde confluyen
la calma y la tempestad, la vida y la muerte, la memoria y el olvido. El Mediterráneo;
antiguo, cargado de historia y de silencios, encarna la sabiduría de los siglos, el flujo
incesante de la existencia humana, el vaivén del tiempo que desgasta y renueva.
En la voz de la poeta, el mar se convierte en un interlocutor divino, casi una epifanía
de la presencia de Dios en la naturaleza. En sus versos se percibe una oración contenida,
una plegaria que se eleva desde el asombro y la pequeñez humana hacia lo eterno.
María del Carmen Soler logra unir en su poema lo místico y lo estético, transformando
el paisaje natural en un espacio sagrado. Su mar enseña, limpia, reconcilia y devuelve al
alma su equilibrio primigenio.
Leer los poemas de Pedro Zacarías Sánche Téllez es sumergirse en una delicada
melancolía existencial:
Mi corazón, como pequeño reloj, camina triste.
Considera, ante el día, la altura de sus letras.
Busca, incansablemente, en la región secreta, el aliento y la fuerza.
El corazón, reducido a un “pequeño reloj”, simboliza el paso incesante del tiempo y la
fragilidad de la vida interior. Ese mecanismo que “camina triste” marca silencios y
nostalgias. El yo poético parece medir su propia existencia a través del lenguaje, como si
escribir fuera una forma de buscar sentido en medio de la fugacidad. La imagen final
revela un anhelo de trascendencia, ese impulso vital que continúa latiendo en lo oculto,
donde la esperanza y la palabra aún respiran.
“Como no supe en vida” es la forma en que José Nicas Montoto eleva un canto de
amor y arrepentimiento; su voz es la de quien reconoce demasiado tarde la trascendencia
de los afectos. El hablante poeta eleva una meditación acerca de la conciencia tardía,
sobre esas revelaciones que solo llegan cuando el alma ha cruzado los umbrales del
tiempo. El poema es una voz que se reprocha no haber amado, sentido o comprendido
con suficiente hondura mientras la vida aún latía en su plenitud. En sus versos eleva la
conciencia tardía del afecto y la experiencia:
Si guarda aún mi hueco nuestra cama,
lo ocuparé contigo; pero, si no estás sola,
no lloraré de celos, ni nada parecido...
Montoto convierte el remordimiento en sabiduría y el dolor en lucidez espiritual.
Desde una mirada trascendida, reconoce que solo después de la pérdida se revelan las
dimensiones más puras del amor y de la existencia.
El poema es, en esencia, una oración retrospectiva, una búsqueda de sentido ante lo
irreversible, una invitación a despertar mientras aún se está vivo. Montoto logra que el
lector sienta el eco de lo no vivido y, al mismo tiempo, la belleza de la comprensión que
llega tarde, pero ilumina.
Fausto Leonardo Henríquez enlaza lo físico y lo espiritual en “El mar me llama”, una
metáfora del destino y la eternidad que grita una llamada de regreso a lo esencial.
Transforma el rumor del mar en una voz interior que convoca al alma hacia su origen. El
poema es una invitación al regreso a la esencia, a la inmensidad de lo que trasciende la
forma y el tiempo. La voz poética percibe esa llamada como un impulso espiritual, una
atracción hacia la pureza y la calma.
Henríquez logra que el mar sea metáfora del destino último del espíritu, la unión con
lo absoluto, el descanso en lo eterno. Su tono es contemplativo y sereno, y su lenguaje,
de una transparencia que recuerda la fluidez del agua. Así, el poema se erige como una
mística del retorno, donde el alma responde al llamado primordial de la vida.
Fausto Leonardo Henríquez, en “El mar me llama”, convierte el rumor de las olas en
voz interior:
El mar me convoca a su intimidad,
acaso porque un día emergiera
de su sedimento
El mar simboliza eternidad y presencia divina, convocando al alma hacia su origen y
disolviendo el yo en lo infinito.
José Romera cierra este recorrido con “Jaulas de Caín”, texto de resonancia moral y
simbólica, donde la humanidad se enfrenta a su propio encierro. Las jaulas son metáfora
del egoísmo, del miedo, del pecado original que persiste, pero también de la esperanza de
liberación que toda conciencia alberga.
En “Jaulas de Caín”, José Romera nos enfrenta al cautiverio moral del ser humano,
esa prisión interior donde la culpa, el egoísmo y la violencia habitan como sombras
heredadas. El poema evoca la figura bíblica de Caín como símbolo del hombre moderno,
atrapado en sus propias rejas de miedo, ambición y deshumanización.
Romera escribe desde una conciencia desgarrada que denuncia y, al mismo tiempo
compadece. En sus versos resuena la pregunta por la redención: ¿podrá el hombre
liberarse de su culpa ancestral?:
Hombre llamado Caín
a revelar por un perdido
y oscuro eco de Dios:
La sangre de tu hermano
me está gritando desde la Tierra
Romera nos enfrenta a nuestra humanidad atrapada y nos recuerda que la conciencia
puede abrir la puerta a la redención.
Poetas interioristas españoles es un diálogo con lo invisible. Cada poema confirma
que la poesía sigue siendo el refugio donde el alma conversa con Dios, con la memoria y
con su propio misterio.
Frente al ruido del mundo, estas voces nos recuerdan que existe un silencio fecundo,
una palabra que revela, ilumina y transforma. Porque, al final, la auténtica poesía se
escribe con espíritu y nos guía suavemente al umbral del alma, donde lo humano y lo
eterno se encuentran, y donde escuchar es comprender la melodía secreta de la existencia.
Nota: Kenia Mata Vega, En el umbral del alma: Los poetas interioristas. Publicado en el Boletín digital no. 233 del Ateneo Insular, Rep. Dominicana, noviembre de 2025, pp. 30-35.
Un bocado
Pedro Zacarías, impresiones sobre Estampas agrestes
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