25 abril 2026

ELEMENTOS RELIGIOSOS EN EL CANTAR DEL "MIO CID"

 Introducción

Cuando pienso en poemas épicos viene a mi mente La Ilíada, La Odisea, La Eneida, Las Luisiadas de Luis de Caomões (1572), Cantar de Mio Cid (1207), La Divina Comedia (1307), La Araucana (1569) de Alonso de Arcilla, La Henriada (1723) de Voltaire. Podría, también, incluir en esa nómina el Fausto de Goethe que, aunque no es un poema heroico, sino dramático, es un poema de largo aliento con numerosos elementos de heroicidad. 


Por lo que respecta al Cantar del Mio Cid, texto a comentar en estos apuntes, hay que señalar que es una obra que emerge en un contexto de reforma de la Iglesia y la reconquista de los territorios ocupados por los musulmanes en la Península Ibérica. Una característica de la reconquista es, justamente, la dimensión religiosa. En dicha Península, la reconquista no era propiamente una cruzada contra los musulmanes, sino un esfuerzo español por recuperar sus tierras, que es por lo que lucha militarmente el Campeador. Para una lectura más especializada sobre la cuestión religiosa, es recomendable la tesis de Caroline Trinity Byfield quien, con acierto, analiza la influencia herética del arrianismo en el Cantar del Mio Cid. Caroline Trinity Byfield, El Cid visigodo: tendencias arrianas en el Cantar de Mio Cid (Graduate Studies, 2013).


En el Cantar del Mio Cid aparecen reflejadas dos grandes religiones monoteístas: la musulmana y la cristiana. Cabe decir que dichas religiones se sitúan en planos diferentes. La primera, la musulmana, queda en un plano inferior; la segunda, la cristiana, ocupa un primer plano. Naturalmente, el contexto social, político y religioso de la España s. XI y XII, toda la Edad Media, está influenciado notoriamente por la religiosidad de inspiración cristiana. La figura del rey español debía ser, junto a sus mejores soldados, un gran defensor no solo del territorio peninsular, donde todavía había regiones y ciudades en manos musulmanas, sino también de la religión cristiana, que, desde los orígenes, era parte de la identidad española. Si se admite la consideración, en aquella época (Edad Media), ser español significaba estar de parte del rey y de la religión del rey, que era la cristiana. Lo contrario, se puede inferir, era estar de parte de una cultura y de una religión extraña o no aceptada, en general por el pueblo, la musulmana. En contraste, en nuestros días hay quien, desde ciertas facciones de la política de izquierdas, sabiendo que la Península Ibérica fue dominada durante ocho siglos, coquetea con la religión de sus antiguos adversarios y dominadores sin advertir las sutiles amenazas de reconquista de us antiguos dominadores.

Estadísticas 


El autor del Cantar del Mio Cid, menciona el nombre de Dios 103 veces; el de María, directa o indirectamente, 20 veces. San Pedro 14 veces; Cielo 14 veces y su equivalente lo “alto”, 6 veces; Señor, referido al nombre de Dios, aparece 8 veces. Todos los santos, 8 veces. Apóstol Santiago 5 veces.


Los datos estadísticos, como todos sabemos, solo sirven como indicativos de algo más profundo, revelan, a mi entender, una tendencia, o, si se prefiere, ciertos patrones que dan lugar a una formulación teórica o, incluso, para constatar una realidad subyacente. Pues bien, dichos datos retratan de alguna manera el espíritu de la época medieval. Esto es, de un período en el cual la sociedad pensaba y sentía en clave religiosa, sea esta cristiana o musulmana. Recuérdese que la impronta de ochocientos años de dominación de los musulmanes marcó profundamente el territorio español. En la actualidad, las continuas tensiones con Marruecos, avivan viejos temores entre muchos españoles que perciben el aumento de la población de inspiración musulmana como un verdadero peligro.

Rasgos teológicos y religiosos 


El Cantar del Mio Cid posee ciertos elementos netamente de carácter teologal y religioso, estos son, a saber: las invocaciones, devociones, sacramentos y las órdenes militares o «nueva milicia» (S. Bernardo). Digamos algo de cada una de ellas.


Invocaciones religiosas


En el poema Mío Cid se puede verificar la existencia de numerosas innovaciones a Dios, a Santa María y a los Santos. Muchas de ellas empleadas para pedir la protección divina. Cuando una persona, sea ésta héroe o no, invoca a Dios y a los Santos, reconoce su debilidad, su dependencia divina y la necesidad de un auxilio que está más allá de las fuerzas humanas. Naturalmente, la fe en Dios y las oraciones de súplica al cielo no quita que el héroe y su ejército tengan que emplearse a fondo para vencer en las batallas. La religiosidad del Mio Cid es un vivo ejemplo de cómo están imbricadas la libertad humana y el Providencia divina.


Hay distintos tipos de invocaciones en el Cantar del Mio Cid:


a)     Para encomendarse a Dios antes de partir al destierro.

 

¡Gracias a ti, Señor, Padre que estás en lo alto!

¡Esto han tramado contra mí mis enemigos malvados! (I 8-9)

 

b)    Para infundir valor en sus hombres antes salir a una contienda:

¡En el nombre del Creador y del apóstol Santiago, heridlos, caballeros, con ganas y gran voluntad, pues yo soy Ruy Díaz, Tanta cuerda de tienda mio Cid el de Vivar! (II 1138-1140)

c)     Para agradecer a Dios y pedir la protección de Santa María.

 

A ti te lo agradezco, Dios, que cielo y tierra guías; 

protéjanme tus virtudes, gloriosa Santa María! (I 17-18).

 

d)    Para expresar confianza en la divina providencia:

 

¡A Dios le plazca y a Santa María 

que llegue con mis manos a casar a mis hijas (I 283-284)

 

e)     Para manifestar confianza en Dios e infundir esperanza en un futuro promisorio a sus hombres.

 

Yo se lo ruego a Dios, al Padre espiritual, 

que a los que por mí dejáis casas y heredades, 

antes de que yo muera, algún bien os pueda dar, 

lo que perdéis, doblado recuperar. (I 300-304)

 

Devociones 


Un segundo rasgo del Cantar del Mio Cid es la piedad y la devoción popular como demuestra el culto a Dios, a Virgen María y a todos los santos. Un indicativo relevante de las devociones de la época lo constituye la dedicación de los monasterios e iglesias, además de obras civiles y pueblos, tales como Catedral de San Çalvador (2924), San Esteban de Gormaz (397, 2696), San Fagunt (Sahagún, 1311-1313, 2922), Monasterio de San Pedro de Cardeña (239, 1391- 1617, 1410, 2877), Monasterio de San Serván (3047), Catedral de Santa María de Burgos (215, 625-856) y de Valencia (1304, 1580, 1668, 2237), Puente de Santa María (150, 290), Santa María de Oriente (1462), Santiago (2925). Particular devoción se le tributa a San Pedro, a Santiago y a la Virgen María.

 Los sacramentos


En el Cantar del Mio Cid, los sacramentos ocupan un lugar fundamental. Los sacramentos expresan la recta fe, la fe celebrada vale decir, pero a la vez la centralidad de Jesucristo. La experiencia cristocéntrica de la época se vivía en la misa (missa), y en el sacramento del perdón de los pecados (soltura). El perdón significaba desatar, soltar de los pecados. La espiritualidad, también, se vivía en la Liturgia de las Horas. El Cid los practica antes de salir al destierro o en momentos de gran peligro como puede ser el inicio de una batalla o ante un posible triunfo como fue el juicio ante el Rey. Es innegable que los ritos sacramentales eran parte normal, natural, de la forma de ser y pensar de la sociedad medieval del siglo XI.

 

En plena madrugada todos armados estad, 

el obispo don Jerónimo la absolución nos dará, 

nos dirá la misa y empezad a cabalgar. (I 687-688)

 

En San Pedro a Maitines tañerá el buen abad,

nos dirá misa, la de la Santísima Trinidad (I 318-319)

 

El obispo don Jerónimo la misa les cantaba; 

la misa dicha, gran absolución les daba:

Al que aquí muera luchando de cara 

le perdono los pecados y Dios le acogerá el alma. (II 1703-1705)

 

Las nuevas milicias cruzadas


Se sabe que fueron el Papa Urbano II (1088) y San Bernardo (1990-1153) los que impulsaron las cruzadas y dieron origen a las órdenes militares. De las milicias cruzadas subrayamos que estaban compuestas en gran medida por monjes-soldados. Un ejemplo de la nueva milicia era la orden Templaria, compuesta por monjes-soldados. Dicha orden estaba dividida en tres categorías: legos, caballeros y clérigos. Vale decir que las cruzadas unían la espada y la cruz. En aquella época –hoy, en el siglo XXI nos parece una locura–, era de buenos cristianos embarcarse en las cruzadas.


A tenor de lo dicho, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, es parte de una concepción religiosa que había permeado el estamento militar. El Campeador no podía ser sino un alto mando, noble, obediente al rey y cristiano por convicción, practicante de su religión.

Los monasterios: centros de cultura y trabajo


Uno de los momentos emblemáticos de la dimensión religiosa del poema Cantar del Mio Cid lo hallamos en el poema Llegada del Mio Cid a San Pedro de Cardeña (1 14, 235-265). El Cid llega a la Abadía de esta localidad y entabla una conversación fluida con el Abad. Cabe indicar que las abadías eran centros de alta cultura, ciencia y saber. Se puede decir que todavía en nuestros días lo son, aunque de otra forma. Los reyes y nobles solían acudir a estos centros, que eran focos de luz y civilización, por su piedad, testimonio y trabajo incansable.


Las abadías eran símbolo de la piedad, culto, estudio, meditación y contemplación. En ellas el cristiano podía elevarse a Dios y penetrar en los misterios de la fe, además de adquirir profundos conocimientos, bastante avanzados para los tiempos que corrían en aquella época. 


Pues bien, el Cid confía en el Abad y, por tanto, en la seguridad de la abadía para custodiar y proteger a su esposa, Dña. Jimena y a sus dos hijas menores, Elvira y Sol. En resumidas cuentas, el Campeador es un héroe con una profunda sensibilidad religiosa, una fe natural, si se quiere, pero sincera.

El credo de Dña. Jimena


El fragmento Cantar I 18, 325-375, es el que, a mi juicio, mejor resume el aspecto religioso cristiano del poema épico Cantar del Mio Cid. En dicha pieza se cuenta cómo el Cid y Dña. Jimena van a la Santa Misa muy de mañana. En la oración Dña. Jimena recita, con piedad, el credo cristiano, siguiendo un orden cronológico. Por una parte, aclama a Dios como Creador de los astros y de los seres vivientes. Luego, proclama el misterio de la encarnación de Jesucristo y todo lo referente a su nacimiento; seguidamente da un salto cualitativo al rememorar elementos bíblicos de los profetas del Antiguo Testamento del pueblo hebreo; retoma de nuevo el relato de las Bodas de Caná, donde Jesús hizo un signo milagroso importante. También alude al milagro de la multiplicación de los panes y a la resurrección de Lázaro. Después continúa con la Pasión y Muerte de Cristo en el Monte Calvario; la Resurrección de entre los muertos y culmina su oración refiriéndose a San Pedro, un nombre emblemático, por estar también relacionado tanto con la figura del Apóstol, centro de comunión y centralidad de la fe católica, como con el nombre del papa, sucesor de Pedro. Cito:


Tañen a maitines, con una prisa muy grande, 

mio Cid y su mujer a la iglesia se van.
Se echó doña Jimena en las gradas ante el altar, 

rogándole al Creador lo mejor que ella sabe, 

que mio Cid el Campeadro Dios lo librase de del mal:

¡Señor Glorioso, Padre que en el cielo estás! 

Hiciste el cielo y la tierra, lo tercero el mar;
hiciste estrellas y luna, y el sol para calentar; 

realizaste tu encarnación en Santa María, tu madre, 

en Belén naciste, como fue tu voluntad, 

 los pastores te glorificaron, te fueron a alabar,

tres reyes de Arabia te vinieron a adorar,
Melchor, Gaspar y Baltasar
oro, incienso y mirra te ofrecieron, como fue tu voluntad; 

salvaste a Jonás cuando se cayó en el mar,

 salvaste a Daniel de los leones en la horrible cárcel, 

salvaste dentro de Roma al noble San Sebastián, 

salvaste a Santa Susana de la acusación falaz;
por tierra anduviste treinta y dos años, Señor espiritual, 

mostrándonos milagros, de ahí tenemos de qué hablar: 

 del agua hiciste vino y de la piedra, pan,

resucitaste a Lázaro, pues fue tu voluntad,
por los judíos te dejaste prender, en el monte dicho Calvario 

te pusieron en una cruz, en el llamado Golgotá,
a dos ladrones contigo, uno de cada parte, 

 el uno fue al paraíso, pero el otro no entró allá;

estando en la cruz obraste un prodigio grande: 

Longinos era ciego, que no vio nunca jamás,
te dio con la lanza en el costado, del que salió la sangre, 

corrió por el astil abajo, las manos se fue a manchar, 

 las alzó hacia arriba, se las llevó a la faz, 

abrió los ojos, miró a todas partes,
en ti creyó entonces, por eso se salvó del mal; 

en el sepulcro resucitaste [...]
y fuiste a los infiernos, como fue tu voluntad,

 rompiste las puertas y sacaste a los santos padres. 

Tú eres el rey de reyes y de todo el mundo padre,
a ti adoro y en ti creo con toda mi voluntad,
y le ruego a San Pedro que me ayude a rogar.

por mio Cid el Campeador, que Dios le libre de mal;

 ¡siendo que hoy nos separamos, haznos en vida juntar! 

Hecha la oración, la misa acabada está,
salieron de la iglesia, se aprestan a cabalgar.
El Cid a doña Jimena la iba a abrazar, 

doña Jimena al Cid la mano le va a besar,

 llorando en silencio, sin saber cómo obrar, 

y él a las niñas las volvió a mirar:
A Dios os encomiendo, hijas, al Padre espiritual,
ahora nos separamos, Dios sabe cuándo la reunión será.

Llorando en silencio, como no habéis visto igual, 

así se apartan unos de otros como la uña de la carne. 

La visión celestial: aparición del ángel Gabriel 


Otro fragmento clave de la cuestión religiosa en el poema épico que nos ocupa en estas líneas se narra en el Cantar I 19, 405-411. El Cid recurre a los favores divinos para augurar a su héroe un futuro esperanzador. El Cid, mientras dormía, tiene una visión en la que se le aparece el ángel Gabriel. ¡Ni que fuera un profeta o un santo a la manera de la Virgen María! Sorprende, pues, que El Cid, adquiere la dimensión de elegido divino para una misión, para un propósito del cielo. El enviado de Dios, el ángel Gabriel, infunde una confianza absoluta en la empresa que tiene entre manos. Por tanto, el héroe, es un elegido, un enviado de Dios para llevar a cabo un propósito querido, revelado por Dios, aunque esa misión fuera pelear con la espada y luchar por los territorios ibéricos.

 

Allí se echaba mio Cid después de que cenó, 

le embargó un sueño dulce, muy bien se durmió; 

el ángel Gabriel en sueños le visitó: 

¡Cabalgad, Cid, el buen Campeador,

pues nunca en tan buen momento cabalgó varón! 

Mientras vivas, lo tuyo saldrá a la perfección.

Cuando se despertó el Cid, la cara se santiguó, 

se persignaba en la cara, a Dios se encomendó.

(Cantar I, 404-411)


Conclusión


La importancia de la religión monoteísta en el pueblo ibérico durante el período medieval es incuestionable. Esa impronta, como no podía ser de otra manera, también está en el Cantar del Mio Cid. Vale decir que la cuestión religiosa comprende lo cristiano y lo musulmán. La fenomenología religiosa se entreteje con diferentes elementos, a saber: la reforma de la Iglesia, las cruzadas y la Reconquista. Es en ese medioambiente jalonado por la religión que el Cid cobra las dimensiones de héroe. El Cid combate por una cultura y una sociedad ideal de inspiración cristiana en oposición a la musulmana, que era vista como enemiga o, si se prefiere, como una amenaza. 


Dios es un protector en la adversidad, una fortaleza que les asegura la protección y una guía divina en los malos y en los buenos tiempos. De los labios del Cid Campeador salen palabras de gratitud, de súplica y alabanza. El Cantar del Mio Cid tiene como telón de fondo lo religioso y las vivencias del pueblo cristiano de la época. El Cid posee un sentimiento religioso, una experiencia cristiana de la fe que nadie le puede negar. En fin, el alma del Cid resume a un mismo tiempo la ortodoxia de un pueblo, por cuanto es católico de la religión de San Pedro, la piedad por el culto y la celebración de los sacramentos, la fe en Jesucristo y la devoción a los Santos.


Nota: Estos apuntes fueron publicados el 27.02.2022, en el programa Polifonía Literaria Pedagógica y Artística (PLPA) dirigido por la Dra. Teonilda Madera.

 

BIBLIOGRAFÍA


Alvarado H., Tamara, «Cruzada y Reconquista a partir del Poema de Mío Cid: una lectura de las estructuras socio-políticas para los siglos XI-XIII», Anejos Estud. Clásicos Mediev. Renacent. – Santiago 1 (2011) 35-45.

Artuño Alea, Salvador, «“En el nombre del Criador e del Apostol Santi Yagüe”. El trasfondo religioso del Poema de Myo Cid», Mar Oceana 22 (2007) 29-57.

Baeza, Ricardo, Cantar del Mio Cid (Biblioteca Billiken – Colección Roja), Buenos Aires: Atlántida 31952.

Byfield, Caroline Trinity, El Cid visigodo: tendencias arrianas en el Cantar de Mio Cid, Graduate Studies 2013.

Cervantes, Biblioteca Virtual Miguel de, «Texto modernizado del Cantar de Mio Cid / Timoteo Riaño Rodríguez y Ma. Carmen Gutiérrez Aja, edición didáctica para el proyecto Aula Virtual del Mio Cid», Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, <https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/texto-modernizado-del-cantar-de-mio-cid--0/html/0175c3aa-82b2-11df-acc7-002185ce6064_6.html> [Consulta: 20 febrero 2022].

Luciano [Pérez Platero], Arzobispo de Burgos, «Siluetas religiosas del Cid», Bol. Inst. Fernán González 34, 132 (1955) 615-621.

Montaner, Alberto (ed.), Cantar del Mio Cid (Clásicos de la Lengua Española), México: Real Academia Española / Academia Mexicana de la Lengua 12014.

Montaner Frutos, Alberto, «Argumento del poema medieval: destierro y honor resumen», Camino del Cid, <https://www.caminodelcid.org/cid-historia-leyenda/cantar-mio-cid/argumento/> [Consulta: 18 febrero 2022].

23 abril 2026

YKY TEJADA: LA ESPIRAL DEL NUMEN


El poeta Yky Tejada, Premio Nacional de Poesía (1999), posee una trayectoria consolidada en la literatura dominicana y, ni qué decir dentro del Movimiento Interiorista. Este libro de poesía tiene algo que no tienen, ni de lejos, sus anteriores obras, por lo que, como se verá, estamos ante un verdadero “estetizaje” en la tierra de la gran poesía, una llegada al territorio deseado del interiorismo literario.

Muchos han sido los poetas que han orbitado en torno al interiorismo, muchos los que han intentado superar la fuerza gravitatoria de los elementos basales del ‘ideal interior’ para construir una obra que trascienda en el tiempo, pero son pocos los que, con probabilidad, han puesto una pica en Flandes. Después de casi cuatro décadas de andadura, el Movimiento Interiorista, bajo el impulso incombustible de Bruno Rosario Candelier, maestro y guía de generaciones de escritores, y sobre todo por la tenacidad de algunos de sus creadores, como es el caso de Yky Tejada, al fin ha salido a la luz una obra que vertebre, a conciencia, la creación poética interiorista, esto es, una obra que inspira, motiva e impulsa la estética interiorista en su esencia.

La espiral del numen rompe, por primera vez la circularidad sobre la cual ha girado del interiorismo desde sus inicios. No porque lo que se hizo antes no cuenta, sino porque esta obra recoge y completa tangiblemente lo que antes no contaba o parecía obvio. Nos podemos preguntar, ¿qué tiene esta obra de Yky Tejada que la distingue y la hace relevante? ¿Dónde radica su importancia? ¿Por qué estamos ante una obra de calado en la literatura interiorista y, por tanto, en la literatura dominicana?

Los poetas interioristas dominicanos, tales como Sally Rodríguez, Pedro Gris, Ramón Antonio Giménez, Tulio Cordero, José Acosta, Julio Adames, Oscar de León Silverio, Yky Tejada, Ángel Rivera, entre otros poetas relevantes de posterior adhesión, han pellizcado de una forma o de otra, el ideario interiorista, arraigados en la metafísica, la mítica y la mística. En general, sus obras han abordado con maestría, el canon del interiorismo. Todos esos poetas, (podríamos incluir a los interioristas españoles y de otras latitudes) han escrito obras memorables y poemas de gran inspiración, pero ninguno de ellos, aún con sus grandes logros, ha ido más allá de lo establecido en el ‘ideal interior’, ni ha tenido, al menos conscientemente, la iniciativa de producir una obra como la que tenemos ante nosotros, una obra que sintetice en cada poema, dentro del mismo poemario, la metafísica, la mítica y la mística.

Es mucho lo que se ha escrito sobre la metafísica, mítica y mística. Baste con decir, brevemente, que la metafísica poética evoca el sentido profundo de las cosas, del ser y de la existencia; la mítica poética pretende crear, a la luz de figuras míticas (dioses, héroes, seres sobrenaturales) una nueva simbología con la cual cartografiar los contornos del universo, del mundo, del destino, de la muerte y del más allá; y la mística poética consiste en exponer la vivencia interior, la experiencia directa, gozosa, de Dios y su realidad divina.

Lo que hace relevante este libro de Yky Tejada no es tanto lo que dice en el orden metafísico, mítico y místico, tanto cuanto el método que aplica a estos tres elementos vertebradores del interiorismo, a saber: mezclar, unificar e integrar con maestría en un solo poema, en cada poema del libro, como si de colores se tratara, la dimensión metafísica, mítica y mística.

En efecto, los poemas de La espiral del numen son un collage de orfebrería en los que convergen, sin estridencias, cada uno de esos aspectos de la estética interiorista. Ahí radica la novedad y el aporte de esta obra maestra, original, de Yky Tejada. El conjunto del poemario revela lo que, sin lugar a duda, jamás nadie, ni dentro ni fuera del Movimiento Interiorista, había hecho, esto es, pergeñar la palabra poética ahondando simultáneamente la imagen metafísica, mítica y mística.

La propuesta o tendencia estética de Yky Tejada está en continuidad con el ideal del Interiorismo, pero el concepto o enfoque es radicalmente novedoso. Se podrá discutir sobre el dato metafísico, mítico y místico en autores universales (W. Blake, R. M. Rilke, E. Dickinson, F. M. Paoli, S. J. de la Cruz) o en poetas dominicanos como M. del Cabral, J. Mármol o poetas del interiorismo señalados arriba, y podremos colegir, por qué no, en que, en efecto, hay en todos ellos rasgos de uno o varios elementos interioristas. Pero no hallaremos, con toda seguridad, ninguna obra, salvo La espiral del numen, que aglutine en un solo poema, en todos y cada uno de los poemas de la obra, la dimensión metafísica, mítica y mística de forma sistemática. Aquí radica la importancia de la poética de Yky Tejada. Este mérito solo lo tiene nuestro poeta y, con honestidad, por este solo hecho merece la pena ser valorado y reconocido.

El poeta Yky Tejada, para evitar lanzarse a una aventura literaria trillada por otros, rastreó por todos los medios a su alcance, inteligencia artificial inclusive, la idea o intuición contenida en esta obra para constatar que no estuviera ya presente en autores, por ejemplo, de la metafísica inglesa o alemana o algún poeta hispanoamericano. Fue entonces cuando zarpó hacia esta nueva forma de hacer poesía interiorista.

Otro hallazgo de esta obra de Yky Tejada es el ejercicio creativo realizado para explicar cada poema. Este esfuerzo intelectual para ofrecer al lector una interpretación o hermenéutica es tan valiosa como el poema en sí mismo. Si la interpretación que da el poeta es o no correcta eso lo verá el lector o el crítico.

La singularidad de La espiral del numen reside en que no tiene parangón, es decir, no existe una obra igual, al menos por ahora, con la cual se la pueda comparar. Posiblemente estamos ante una obra tipo Trilce dentro del Interiorismo, no tanto por la analogía con la obra del peruano, como por sus atributos, rareza y originalidad. Dicha singularidad radica, también, en que es una obra dentro de otra obra, esto es, la obra poética en sí y la hermenéutica. Este doble ejercicio intelectual, hasta donde tengo conocimiento, no se ha visto en la poesía dominicana, aunque se conoce este intento en autores del Siglo de Oro (Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Lope de Vega, Garcilaso de la Vega) y más recientemente en algunos de los poemas místicos de Nikos Kazantzakis. También Carlos Bousoño explica una mínima porción de sus poemas. Pero, en general, son pocos los autores que se toman el tiempo para interpretar su propia obra poética. Puede ocurrir que, como en san Juan de la Cruz, comentar la propia obra sea tan complejo como la obra en sí. En el caso de Yky Tejada no sucede así, al contrario, desvela la armazón de cada poema, haciendo posible que lo que parece confuso resulte más claro al lector.

Estamos ante una obra, La espiral del numen, realmente nueva, novedosa y original, y por lo mismo, ante un autor que no solo crea poesía, gran poesía, sino también tendencia. Este poemario es para iniciados, eso no quiere decir que sea un libro pétreo e inaccesible. Lo que se quiere decir es que su lectura es exigente, pero a la vez fresca, con garra y determinación. Vale decir que el poeta, como los lobos que aúllan en lo alto de una colina, ha alzado la voz con autoridad y firmeza. Lo que le hace ser una voz auténtica y de liderazgo.

Aparte de la hermenéutica que hace el propio autor, (lo cual agrega un valor añadido al texto), toca a futuro que el crítico y el estudioso analicen la complejidad de esta obra y pongan en evidencia el alcance de lo que el poeta Yky Tejada plantea con esta publicación.

Quizá no resulte aventurado afirmar que La espiral del numen sea el culmen de la poesía de corte metafísico que viene escribiéndose en República Dominicana desde Franklin Mieses Burgos, pasando por Manuel del Cabral y José Mármol, cuya creación poética se ha desarrollado en aguas más profundas e incontaminadas. Bajo nuestro punto de vista, esta obra cierra un ciclo, una época en el Interiorismo y abre nuevos horizontes para dicho movimiento y para la poesía dominicana en general.

En una ocasión, al acercarse el vigésimo aniversario del Movimiento Interiorista, le comenté a Bruno Rosario Candelier que había que hacer una síntesis del Interiorismo que agrupara lo mejor de sus poetas. Para responder a esa necesidad, salieron publicadas al menos dos antologías, “La antología mayor del Movimiento Interiorista”, (Letra Negra, Guatemala, 2007) de Fausto Leonardo y “A la zaga de su huella: La antología del Interiorismo” (Rep. Dominicana, 2015) de Ramón Antonio Jiménez y Bruno Rosario Candelier. El intento se hizo, pero el futuro aún tenía mucho más que ofrecer, y bueno. Con la obra de Yky Tejada la estética interiorista logra llegar a la cima, al sueño cumplido (hic et nunc) del ‘ideal interior’. La espiral del numen es, con toda probabilidad, el broche de oro de una época en el Interiorismo y el inicio de otra. Este libro de poemas es la síntesis de la teoría, de la conceptualización y de filosofía de interiorista. El ‘ideal interior’ se hace palabra poética de forma completiva. En esto reside la valía de esta obra y, por supuesto, del autor que la ha concebido.

Queda la pregunta ¿y después de La espiral del numen qué? ¿Cuán potente es la propuesta literaria de Yky Tejada como para crear tendencia? ¿Podrá realmente generar otras obras, según su propuesta, que aborden la centralidad y unidad temática de la metafísica, la mítica y la mística? El tiempo lo dirá, por ahora queda claro que dentro del Interiorismo algo se ha movido y dentro de la literatura dominicana algo ha acontecido, aunque no se note.

Sea cual sea el destino que le espere a La espiral del numen, hay que validar la audacia de su autor. Al no ser una obra al uso, en su método y en su puesta en escena, quizá no sea aceptada o comprendida del todo, pero precisamente de eso se trata, de soplar con nuevo impulso los velámenes.

La espiral del numen aparece como el resultado perseverante, fiel y tenaz de un poeta inspirado, tocado por las musas. Yky Tejada es un activo esencial del Interiorismo y de la literatura dominicana.

08.09.2025. Fausto A. Leonardo Henríquez

22 abril 2026

GÉNESIS, MENSAJE Y POÉTICA DE “HAY UN PAÍS EN EL MUNDO” DE PEDRO MIR

  


 

Es mucho lo que se ha dicho y se seguirá diciendo del poemario Hay país en el mundo, publicado en la Habana, Cuba, en 1949. Escritores como Bruno Rosario Candelier, Manuel Matos Moquete, Víctor Figueroa, Ángela Hernández, Marlene Gottlieb, Odalís Pérez, entre otros, se han acercado con admiración al autor y a la obra de Pedro Mir. Si seguimos la estela de estos escritores, conocedores de la emblemática obra de Pedro Mir, resulta complicado aportar alguna novedad. Voy a abordar muy sucintamente tres aspectos: La génesis, la intencionalidad y la poética de Hay un país en el mundo.

 

           I.     Génesis de “Hay un país en el mundo”

 Para abordar este punto voy a seguir a la escritora dominicana Ángela Hernández,[1]


quien ha tenido una brillante idea sobre cómo se gestó el poemario en cuestión, que creo relevante. Hernández sostiene la tesis de que Hay un país en el mundo es producto de un desencuentro entre Nicolás Guillén y Pedro Mir.

 

Una carta de Pedro Mir a Nicolás Guillén, fechada el 19 de septiembre de 1948, sirve a Ángela Hernández para sostener, de forma plausible, la génesis de Hay un país en el mundo. El marco general de la epístola mencionada, escrita siete meses antes de que viera la luz dicho poemario, reside en poner en evidencia el desencuentro entre el afamado poeta cubano y el poeta dominicano, ambos de izquierdas. Lo que incomoda a Mir es que Guillén, al parecer, no puede ocultar un cierto menosprecio hacia los dominicanos y, por consiguiente, hacia los líderes antitrujillistas exiliados.

 

Te asquean los líderes dominicanos. Ya verás algún día, comprenderás algún día lo que es un líder dominicano con un machete en la mano.[2]

 

Dicho sin ambages, Guillén tiene una concepción pobre, miope, del pueblo dominicano, de su identidad, valor y coraje. Digamos, con otras palabras, que el poeta nacional cubano, con ciertas ínfulas de suficiencia, al amparo de los poetas rusos como Vladimir Maiakovsky y otros afines, como Pablo Neruda, no puede ocultar su desdén hacia los dominicanos y, en consecuencia, su actitud pasiva para escribir a favor de sus vecinos.

 

Al hilo de lo dicho, es importante señalar que Cuba, en la década de los cuarenta del siglo XX, vive un apogeo cultural notable. Sin embargo, Mir, que conoce la realidad social más allá de La Habana, le hace ver a Guillén que fuera de la capital cubana la mayoría de la población vive en condiciones lamentables.

 

Esa atmósfera de desencuentro, roce y disgusto, según el pensar de la escritora Ángela Hernández, es la que propicia la aparición de Hay un país en el mundo. Este poemario, tal vez sería más preciso decir, este poema, constituye una respuesta contundente de Mir a Guillén quien, junto con Pablo Neruda, no ve en el sufrimiento, el servilismo y la falta de libertades, a causa de la dictadura trujillista, un motivo para alentar y fortalecer la esperanza del país quisqueyano. En este tenor dice el poeta Mir:

 

Ya lo verás tú, Nicolás Guillén. Tú no quieres que tus versos circulen secretamente, de mano en mano, como un crimen, en un pueblo valiente y entero.[3]

 

         II.     Intencionalidad de “Hay un país en el mundo”

 El poemario Hay un país en el mundo crea, al decir del crítico y estudioso Odalís Pérez, «un estado de significación en los mapas fundacionales del poema-lenguaje, el poema-historia y el poema-raíz».(Pérez Nina, 2017) Esto significa que el poeta dominicano emplea símbolos y metáforas universales y locales que son en sí mismos la historia y la poesía, a semejanza de Pablo Neruda, Walt Whitman o Federico García Lorca. Lo que cuenta, esto es, lo que evoca es, a la vez, metáfora y realidad, existencia y lirismo.

 

Pedro Mir, que se halla en el exilio, parte de la realidad social dominicana, doliente y desgarradora, de la época de la dictadura trujillista. El poema describe el país dominicano en su esplendor natural y en sus tierras fértiles, pero a la vez oprimido y triste. Lo que en verdad busca Mir con su obra Hay un país en el mundo, es dar una versión diferente de la realidad dominicana, abatida por la pobreza, la miseria, la opresión y la injusticia, en oposición a la imagen de progreso, esplendor, paz, felicidad y alegría que daba la propaganda trujillista en el exterior acerca de la República Dominicana.(Rosario Candelier, 1980)

 

En sustancia, Mir emplea la palabra poética con una doble intención, por una parte, «dar un testimonio vibrante y enérgico de la realidad cruda y doliente del pueblo dominicano»; y por la otra, «persigue además protestar por la triste y terrible situación de calamidades y penurias que padecía el pueblo».[4] El mensaje que el poeta quiere dar al mundo no es otro que evocar el drama, la frustración del pueblo dominicano, en especial de los campesinos. También Mir quiere transmitir el amor y la esperanza del ser humano que aspira a una mejor suerte. El poema Hay un país en el mundo, por extensión, es un símbolo de aquellos pueblos que padecen la opresión y la miseria y que esperan la liberación y un nuevo orden más humano donde reine la justicia.

 

       III.     Poética de “Hay un país en el mundo”

 En Hay un país en el mundo hay, según mi parecer, contiene dos poéticas. De un lado, una poética territorial y raigal, al decir de Odalís Pérez y, del otro, una poética política, según Matos Moquete. Respecto a la primera, a Mir se le impone la necesidad de la narración histórica, escatología y política. Quiero decir que Mir no puede menos que testimoniar y denunciar la realidad social, territorial, de raigambre rural, y lo hace con amplitud de miras pasando de lo local a lo universal.[5]

 Respecto a la segunda, Manuel Matos Moquete, pone de relieve una poética política,[6] por cuanto lo socio-político y lo poético se unen, con gran acierto, para la denuncia social de la situación demoledora y cruel que padecen los dominicanos, especialmente el campesinado.(Matos Moquete, 1988) «Hay un país en el mundo / donde un campesino breve, seco y agrio / muere y muerde / descalzo / su polvo derruido...». Aquí cabe un matiz, no se trata de un tipo de denuncia a la antigua usanza, asociado a la mal llamada poesía social, panfletaria, directa y recia, sino de una denuncia que parte del empleo de una poesía con palabras bellas, ricas combinaciones eufónicas, ritmo musical y una armonía verdaderamente modélicos.[7]

 

La grandeza lírica de Hay un país en el mundo reside, a mi juicio, en la capacidad creativa que tiene el poeta para, sin negar la denuncia social, la protesta y el dramatismo de la realidad dominicana de la época trujillista, producir una obra con ritmo, lenguaje sensorial y musical que le ha merecido un sitial en las letras dominicanas. En ese tenor, José Enrique García destaca que más allá de la cuestión ideológica y epocal, la obra Hay un país en el mundo, se mantiene viva gracias a la «musicalidad inherente» de la cual está dotado el poema.(García, 2007) Cabe destacar también la adjetivación luminosa y el uso de metáforas sorprendentes. En fin, la obra posee vitalidad, lirismo y autenticidad. Para profundizar un poco más en esta obra de Pedro Mir conviene tener presente a la estudiosa de la lírica miriana, Marlene Gottlieb.(Gottlieb, 2001)

 

Concluyo tomando prestadas las palabras de Rosario Candelier: «Pedro Mir es el poeta dominicano que cuenta en la actualidad con más popularidad y audiencia en Santo Domingo porque logró un canto entrañablemente lírico, sustanciosamente épico, con una hermosura refrescante y contagiosa, sencillamente hermoso y elocuente, sinceramente pulcro y bien sentido.»[8]

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Álvarez Estévez, R., 2013. Pedro Mir en Cuba, Archivo General de la Nación. Vol. CCIV. Santo Domingo. República Dominicana.

García, J.E. (Ed.), 2007. El futuro sonriendo nos espera, Poesía dominicana. Santillana, Santo Domingo. República Dominicana.

Gottlieb, M., 2001. Estructura rítmica de “Hay un país en el mundo” de Pedro Mir. Ciberletras 4.

Hernández, Á., 2021. Match entre Nicolás Guillén y Pedro Mir. La génesis de Hay un país en el mundo. Fund. Glob. Democr. Desarro. 17, 53–58.

Matos Moquete, M., 1988. Poética política en la poesía de Pedro Mir. Rev. Iberoam. 54, 199–211.

Pérez Nina, O., 2017. Pedro Mir: La historia, el camino, la huella [WWW Document]. Acento. URL https://acento.com.do/opinion/pedro-mir-la-historia-camino-la-huella-8479128.html (accessed 6.8.22).

Rosario Candelier, B., 1980. Hay un país en el mundo, evocación de Pedro Mir. Eme Eme Estud. Dominic. 9, 37–40.

 

 

 

 



[1] (Hernández, 2021)

[2] (Álvarez Estévez, 2013) En este documento se puede acceder a la carta completa de Mir a Guillén.

[3] (Álvarez Estévez, 2013)

[4] (Rosario Candelier, 1980) 37.

[5] (Pérez Nina, 2017) Sobre las luces largas de Mira dice Odalís: «Pero la orientación intelectual más afinada de nuestro polígrafo, la podemos encontrar en la etapa exílica y post-exílica, cuando el contacto con otros escritores latinoamericanos, caribeños, rusos, alemanes, españoles y norteamericanos, hace que su trabajo acoja otras líneas de incidencia moderna en el marco de su visión del mundo y de la creación literaria.»

[6] (Matos Moquete, 1988) 199-211

[7] (Rosario Candelier, 1980) 38.

[8] (Rosario Candelier, 1980) 40.

LEONARDO REYES JIMÉNEZ, POETA


ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS

 

Me honra presentar al filósofo-poeta, Leonardo Reyes Jiménez, (Sto. Dgo., Rep. Dom., 1991). Debo decir que su inclinación por la filosofía de la religión le condujo a obtener el grado de Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) con el monográfico: “El nihilismo religioso en la Noche oscura de san Juan de la Cruz”. Para lograr su objetivo abordó a los diferentes autores místicos y filósofos orientales y occidentales, para luego enfocarse en la mística de san Juan de la Cruz. Acaba señalando los hallazgos que, sobre el nihilismo religioso, están presentes en la Noche oscura del santo carmelita.

 

La formación intelectual de el filósofo-poeta, Reyes Jiménez, se ensancha aún más con el máster en Ciencias de las Religiones realizado en la Universidad Carlos III de Madrid. Desde una perspectiva histórico-teórica estudia el fenómeno del diálogo religioso, esto es, las diferentes actitudes y categorías dialógicas que las religiones han adoptado a lo largo del tiempo. Concluye puntualizando algunas líneas para superar aquellas actitudes que ciertos estudiosos de la religión emplean para centrarse en la ética.

 

Como poeta Leonardo Reyes Jiménez recibió la presea del I Premio Internacional Elvira Daudet para Poetas Jóvenes, por su poemario Es preciso reponerse de la tristeza (2020).

 

GRANDES IDEALES

 

El pensador español José Ortega & Gasset considera que la vida es un autofabricarse. En este tenor, nuestro filófoso-poeta, que desde muy joven ha mostrado un carácter reflexivo y analítico, considera que la vida es un proceso de autoconstrucción, una tarea de todos los días. Como escritor y como filósofo, Reyes Jiménez tiene como objetivo: conocer a través de la mirada de otras personas, de la cultura y la literatura.

 

POESÍA Y ENSAYO

 

Hay dos géneros literarios de su preferencia: el ensayo y la poesía. Reyes Jiménez ha escrito ensayos y artículos algunos de los cuales han sido publicados en revistas. Sin embargo, la poesía es el principal cauce de comunicación y el que más naturalmente emplea para exponer sus reflexiones. Aunque escribe versos desde adolescente, no es sino a partir de los veinte años cuando decide adentrarse en la lectura de los autores universales para nutrirse de su visión del mundo. En esta época aprende las técnicas necesarias para convertirse en amanuense de palabra poética.

 

INFLUENCIAS E INTERTEXTUALIDAD

 

Lo primeros poetas que Leonardo Reyes Jiménez conoció fueron Manuel Guitérrez Nájera, Amado Nervo (Méx.); Pedro Mir, Tomás Fernando Franco (Rep. Dom.); Fray Luis de León, Jorge Manrique (Esp.). Además de estos poetas, hay un segundo grupo de autores que inspiran y configuran decisivamente la estructura mental del poeta, lanzándolo en el parapente de su vertiginosa creatividad. Esos autores son: Ernesto Cardenal, Adam Zagajewski, Nicanor Parra, Roberto Bolaño (su poesía), Alejandra Pizarnic, entre otros.

 

Por otra parte, Leonardo Reyes Jiménez se relaciona con buena parte de los escritores y poetas dominicanos residentes en España, tales como Rosa Silverio, Daniel Tejada, Marielys Duluc, Alejandro González Luna, entre otros. Como poeta, ha participado en múltiples recitales en diferentes ámbitos. Poemas suyos han sido reseñados, algunos de los cuales aparecen en línea. Su nombre resuena en radio, prensa e internet y la crítica literaria le sigue los pasos, dado su potencial como autor de la diáspora dominicana.

 

ALGUNAS CLAVES DE LA POESÍA DE LEONARDO REYES JIMÉNEZ

 

1.     Profundidad filosófica. Como inmigrante, el filósofo-poeta guarda un registro de los diferentes fotogramas de la realidad, la cual esconde, por sórdida que parezca a veces, un relámpago de la belleza, una porción de verdad.

2.     Consciencia de su quehacer. En la obra del poeta, que va in crescendo, está presente, de alguna forma, la pregunta metapoética de por qué escribe poesía, qué es la poesía, cómo acontece y se revela.

3.     La preocupación por lo social. El bardo cuestiona, recordemos la influencia de E. Cardenal, los presupuestos sobre los que se afinca la sociedad en la cual habita, sugiriendo a veces los valores de la libertad y la justicia.

4.     El collage de las propias vivencias. El aeda cartografía, como no podía se de otra manera, las experiencias de su propia vida para forjar su obra de arte.

5.     El influjo de la gran urbe. La ciudad y sus componentes cotidianos son parte fundamental de su imaginario. Por eso no es extraño que se vea interpelado por escenarios de urbanos, trenes, aviones, plazas, calles, gentes, etc.

6.     La religión y la divinidad. Este último elemento es importante porque el poeta es también un filósofo, razón por la cual no puede menos que reflexionar y plantearse la pregunta sobre quién es Dios, aunque sea de forma unamuniana.

 

Finalmente, Leonardo Reyes Jiménez fundamenta su arts poética en la «búsqueda de resplandor» de la belleza con una elaborada escritura que, enriquecida intertextualmente por los grandes maestros de la literatura, emerge con un carácter pensante e intuitivo.

 

Nota: EstA reseña fue presentada en el programa programa en línea POLIFONÍA LITERARIA PEDAGÓGICA Y ARTÍSTICA (PLPA), dirigido por la Dra. Teonilda Madera el 28 de febrero de 2021. Por Fausto A. Leonardo Henríquez, PhD

 

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