Este libro se lee con la agilidad con que se lee el Kempis , las Analectas de Confusio o el Tao Te King de Lao Tse. A decir verdad, Merton tiene algo de oriental en sus escritos cargados de sabiduría y de inspiración. Sin dejar de ser profundamente cristiano, abraza el mundo con un amor universal. Halla en la naturaleza, en sus bosques, lo que el bosque de edificios no le da. Busca la ciudad de Dios, no en las grandes ciudades, sino en la gran urbe del silencio y la meditación que le brinda la naturaleza. Finamente crítico con los sistemas opresivos, observador pertinaz de las costumbres y hábitos sociales, denuncia la mentira y propone la paz, la no violencia, la verdad, la libertad y el modelo cristiano del amor y la fraternidad. Aboga por la contemplación como vía para “transformar y salvar al hombre”, “para ver lo que hacemos”. Dice: “Sin la contemplación, sin la íntima, silenciosa, secreta búsqueda de la verdad mediante el amor, nuestra acción se pierde en el mundo y se hace ...
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