Jaime Fontana, Color naval, Ed. Los Amorosos, 2026. Esta obra fue publicada por primera vez en 1951. Víctor Eugenio Castañeda (Tutule, La Paz, 1922-1972), es el nombre verdadero que encierra el seudónimo de Jaime Fontana.
Hay que resaltar que esta cuarta edición, hermosa y bien cuidada, preparada por Frances Simán, traductora e investigadora de renombre internacional, miembro de número de la Academia Honduraña de la Lengua, contiene –gracias a su pesquisa–, un poema nuevo: "Niña del Paraguay". Aparecen en este libro, también, otros dos poemas publicados en ediciones anteriores, a saber: "Este volver a Honduras" y "Eucaristía", que cabría analizarlos con rigor para extraer la sustancia de cada uno de ellos y, por supuesto, el conjunto del poemario, ya que Jaime Fontana es, para muchos, un poeta por descubrir y conocer en profundidad.
Color naval es el único libro de Fontana. Y, precisamente por eso, puede considerarse un libro único. Las razones de fondo de esta afirmación son: la referencia al mar –escasamente abordado en la poesía hondureña, salvo en Castelar–, el verde del paisaje hondureño –puede que resuene Lorca de fondo–, la musicalidad, el ritmo y la nostalgia. Es un libro único por la ternura que rezuma (véase "Este volver a Honduras") y, aunque menos, por el lenguaje depurado, límpido y culto que contiene.
El poema "Este volver a Honduras" es el fiel reflejo de quien, habiendo pasado muchos años fuera del terruño natal, se reecuentra con sus orígenes, con los paisajes que configuraron la infancia y despertaron el asombro. Fontana es un poeta que celebra "vivir en un mugido", que se admira de lo que "hace al pino más jubiloso y alto".
El poema "Eucaristía", complementa, dicho con firmeza, el perfil y personalidad de Fontana. Si su alma siente los influjos del mar, la fuerza telúrica y el esplendor de la naturaleza, no lo es menos su sensibilidad espiritual y/o religiosa, casi mística, como certifica este poema de antología.
No es nada arriesgado decir que este singular poemario quedará para siempre en el parnaso de las letras hondureñas, como un insecto inmortalizado en una gota de ámbar, al que muchos admirarán por su gracia y hermosura.
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