Luis Enrique Reyes, La arena que va al mar, Goblin Editores, Honduras, 2025. Esta obra contiene una serie de fábulas ingeniosas que engarzan en la gran tradición fabulística, a saber: Esopo, Jean de la Fontaine, Tomás de Iriarte, Félix Samaniego, entre otros. Reyes escribe fábulas para la vida, de contenido educativo y moral. En ellas subraya la importancia de los valores y antivalores en los comportamientos humanos para culminar con una enseñanza que extrae, no el autor, sino el lector. Hay en todas las narraciones originalidad temática y frescura. Esto es importante para inyectar una cierta dosis de dopamina que despierta el interés por la lectura de la siguiente leyenda.
El escritor emplea un lenguaje sencillo, directo y coloquial. En algunos relatos son evidentes ciertas imágenes poéticas que embellecen el texto en prosa. Dichas imágenes revelan la capacidad y dominio de la lengua que tiene escritor. He aquí algunos ejemplos: "Ya en la madrugada, se quedaba oyendo el ronquido de los árboles y los suspiros del río" (El otro lado de los secretos); ''No podía acostumbrarse al murmullo oscuro debajo de las sábanas" (La sombra de las moscas); "Los gruesos muebles brillaban como los hombros de una luna adolescente" (Un puercoespín más); ''y las botellas se llenaron de pánico" (Carrera de felinos); "su fiel y dócil esposa que lo escuchaba (…) con el alma incendiándose en el fogón" (Evolución); "era el sollozo amargo de la arena (...) El agua también sufre porque no puede detenerse" (La arena que va al mar).
Reyes, escribe como habla, es decir, con humor e ironía mostrando el lado sombrío de sus personajes pero también el sentido del bien. Los personajes asumen su rol, el que sea, y se muestran como son en realidad por dentro. El ritmo de La arena que va al mar es tremendamente ágil. El lector llega al final del trayecto sin tropiezos. El regusto del chapuzón fabulístico deja su huella en el pensamiento y el ronroneo reflexivo que contiene la obra.

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