Premiada con el Nobel de Literatura, 1996, Wislawa escribe una poesía sin fisuras, es decir con claridad meridiana. En la nitidez de la palabra, en mi opinión, estriba la belleza de su creación. Enuncia la verdad sin adornos. Su poesía se compone, al menos en esta traducción limitada de Gerardo Beltrán y Abel Murcia Soriano, de fragmentos de la vida cotidiana. Su poesía es experiencial. Su bello decir es la vida misma que se transustancia en versos libres de ataduras compositivas. No hay secretos en su obra, sino una constelación de humanos pensamientos que se están presentes en los humanos. La obra “Amor feliz y otros poemas” agudiza la mirada en las cosas que a diario nos influyen y que, con un poco de sutil genialidad, como la que tiene Wislawa, descubrimos un destello de la belleza más pura. «La casa se incendia / sin mí pidiendo ayuda […] Nunca más volveré a morir tan levemente/ tan más allá de mi cuerpo, tan sin saberlo, / como alguna vez en su sueño» (Tomando vino). «Mi alta es tan evidente como el hueso en la ciruela» (Paisaje). «Hijo de una mujer real. / Llegado de las profundidades del cuerpo. / Viajero a omega» (Nacido). «Que la gente que no conoce un amor feliz / afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio» (Amor feliz).
Giovanni Rodríguez, para quienes aún no lo conozcan, es de nacionalidad hondureña, estudió Letras, se ha desempeñado como docente universitario y ha escrito cuento, novela y poesía. Entre sus libros de cuento destacan: Habrá silencio en nuestras bocas frías, Teoría de la Noche ; en novela: Ficción hereje para lectores castos, Los días y los muertos, Tercera persona, Las noches en La Casa del Sol Naciente; Anchuria; y en poesía: Morir todavía, Las horas bajas, Melancolía inútil. Escribo estas líneas al calor de mi lectura de la obra Anchuria . Lo hago para fijar lo leído, para hacer acopio de aquellas páginas que arrojan un fragmento de verdad destilada en los personajes. Verdades ocultas en la historia, en el pasado y presente de Honduras. La búsqueda de la verdad histórica del país es, también, parte de uno mismo. «Porque el pasado que me obsesiona de la historia de mi país tiene que ver con el pasado de mi propia vida». A lo largo de la obra el encuentro con esa verdad es...
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