Este libro se lee con la agilidad con que se lee el Kempis, las Analectas de Confusio o el Tao Te King de Lao Tse. A decir verdad, Merton tiene algo de oriental en sus escritos cargados de sabiduría y de inspiración. Sin dejar de ser profundamente cristiano, abraza el mundo con un amor universal. Halla en la naturaleza, en sus bosques, lo que el bosque de edificios no le da. Busca la ciudad de Dios, no en las grandes ciudades, sino en la gran urbe del silencio y la meditación que le brinda la naturaleza. Finamente crítico con los sistemas opresivos, observador pertinaz de las costumbres y hábitos sociales, denuncia la mentira y propone la paz, la no violencia, la verdad, la libertad y el modelo cristiano del amor y la fraternidad. Aboga por la contemplación como vía para “transformar y salvar al hombre”, “para ver lo que hacemos”. Dice: “Sin la contemplación, sin la íntima, silenciosa, secreta búsqueda de la verdad mediante el amor, nuestra acción se pierde en el mundo y se hace peligrosa”. Yo creo que Paz personal, paz social puede ser una guía para la sabiduría, un instrumento para remover el polvo de nuestros esquemas racionales. Entrar en este librito, es tirarse al charco, como la rana de la que habla Basho, en busca de la verdad en lo profundo del agua, que es la existencia humana, abierta al misterio de Dios.
Gramática del tiento , José Mármol, ed. Chifurnia, Honduras, 2026. Este poemario canta a la mujer, a la mujer ideal, a la mujer real, a la mujer amada, a la mujer vista como un tú, a la mujer pensada como parte complementaria de la existencia del varón; a la mujer que habita en la música, en la palabra poética. Esta obra es una poeisis del Eros, donde se conjuga el placer, el dolor y la sensualidad, el goce y el amor (con)sentido. El erotismo de Gramática del tiento es un erotismo transustanciado en la belleza, pasado por el filtro de la ternura pensante y el agua limpia de un verbo esculpido con maestría. El poeta sublima el amor carnal, la llama del placer que experimenta con su amada, en quien halla la felicidad, para bosquejar la inmortalidad de esos momentos sublimes. ¿No es eso acaso lo que se propuso Dante con Beatriz en el Paraíso? Nuestro poeta no se propone entronizar a la mujer amada en el ámbito de la divinidad, pero sí en la esfera luminosa d...
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