21 abril 2026

RAMÓN J. SENDER, Réquiem por un campesino español


Sender está considerado como uno de los más importantes narradores españoles del siglo veinte. Su obra Réquiem para un campesino español es una novela corta con una precisión y técnica únicas. Narra la historia de un joven campesino de un pequeño poblado de la región aragonesa de la Península Ibérica. El joven campesino creció al amparo de un cura de pueblo a quien le sirvió en los oficios parroquiales como monaguillo en su niñez y adolescencia. El joven campesino tenía arrojo, lucidez, valentía. En los albores de la Guerra Civil fue él, como muchos otros, punto de mira de aquellos que, por entonces, tenían el gatillo alegre. Paco el del Molino, como le llamaban los vecinos al joven campesino, que luchaba por una causa justa de su paraje rural, quedó como “un saltamontes atrapado entre las ramitas de un arbusto”. Un año después quien le traicionara y quien le mandara dos metros bajo tierra estaban en la iglesia, uno y otro, para tener una misa funeral por el campesino muerto.

 

ROSA SILVERIO: DE VUELTA A CASA, DESNUDA, ROSA ÍNTIMA, SELECCIÓN POÉTICA

 ROSA SILVERIO

 





De vuelta a casa (2002)

 

En este poemario he leído poemas desoladores, desgarrantes, casi suicidas. Desengaño, vida al borde del abismo. Poesía de al vida, del dolor; poesía terriblemente humana y diáfana. «Se chorrea el alma / por las grietas de mis ojos» (Lugubre); «La angustia de la mariposa / encerrada en mi cabeza» (De vuelta a casa)

 

 

Desnuda (2005)

 

Vuelta la calma, a la certeza de volver a tener el control de las cosas, al menos el sentido de la realidad. Unas cosas se poseen y otras simplemente creíamos haberlas poseído. Melancolía. Una historia cargada de nostalgia. «¿Por qué son tan amargas las almendras? / ¿Por qué la tarde envejece tan callada / que nadie lamenta su partida?» (De regreso). «La mancha que olvidó el café tiene su historia» (Todo era nostalgia). « ‘Tener’ es un verbo demasiado inmenso del que tan sólo conozco sus orillas» (Pertenencias).

 

Rosa íntima (2007)

 

Poesía vital, clara, expresiva. Recoge los sentimientos y las emociones fuertes de la poeta. La palabra es un cauce por el que se desborda la imaginación, la desolación y el cansancio o hastío cotidianos. «Silvia salió dormida, / con los ojos abiertos pero dormida […] Como una rosa joven sin manchas ni fisuras» (Mujer desnuda). «Mi tristeza es mía, única, egoísta […] Hay en mí una predisposición natural, / una voluntaria forma de estar / que nadie comprende / y que no espera ser comprendida por el mundo» (Mi tristeza). «Tejer la oscuridad y la nostalgia, / coserme el corazón y los contornos, / reparar las heridas del interior» (Costura).

 

Selección poética (2010[1])

 

Rosa Silverio reúne en este breve volumen lo más granado de su trayectoria poética. Dicho con otras palabras, Selección poética es un racimo de poemas de la vida en los que, como las uvas de un racimo, gustamos de lo bueno y de lo amargo de esos pequeños mundos que es cada poema. «Hay que golpear a esta tristeza, / darle latigazos» (Hay que ponerle un nombre a esta tristeza). «Un hombre sabe / cómo partirte en dos […] Te corta como una naranja» (Un hombre sabe cómo partirte)


[1] Rosa Silverio, Selección poética, Impreso en España, 2010. ISBN 5800042270746.

OTONIEL NATARÉN, LA PIEL DE LA TERNERA


Otoniel Natarén, (Honduras, 1975) puede iluminar una noche oscura con la ignición de su palabra. Él tiene, entre los jóvenes poetas hondureños, una dote extraordinaria para versificar con sentido del oficio, como le he visto hacer a Giovanni Rodríguez o a Jorge Martínez en su obra Papiro. Oto goza desde los primeros poemas que leyó públicamente, de una exquisita sensibilidad para la palabra poética. «Estos versos de lira luminosa / la alzarán inmortal desde la fosa» (Petite amie) 

El auténtico poeta transmuta sus emociones, sus pasiones, sus goces y sus dolores en una sustancia diferente. Oto se sitúa en la égida de los que saben transformar lo humano en arte, en belleza subyugante. «Y moribunda y puñal sanguíneo, desde una ubre de luna, / clamara como una nube, despeñándose» (Los destellos de la fe transida).

 

La creación poética de Oto comunica una ternura refinada, es decir, un erotismo límpido. Hay en “La piel de la ternera”, un canto al amor, a la piel, a la ternura. No al amor platónico, sino al amor vivido, sentido al borde del deseo, más allá de toda tristeza posible. «La lengua / la suavizada carne de los besos» (Los destellos de la fe transida). «Yo fui para besar tus ojos silenciosos» (Ahora aquel retrato). «Como si probaran de ti el color salado» «Por algún resquicio, la sigilosa Eva, sonríe: / para ninguno fue creado el descontento» (Donde se sientan las varonas).

 

La piel de la ternera, evoca el universo limitado de los sentidos, la vida envuelta en la piel y sus goces más inmediatos como si dijéramos –invirtiendo las palabras cartesianas-, ‘percibo, luego existo’. El poeta recorre el territorio de la piel con ternura. «Cuanto percibieron nuestro sentidos, existía» (Respuesta a las varonas). El goce de los sentidos, algo muy humano y universal, deja la huella en el recuerdo, de la tristeza de la felicidad que pudo haber sido y se fugó ahondando aún más el anhelo de poseerla. «La visión te nombra / la visión te la dio el anhelo en un aullido» (La visita breve).

 

Otoniel Natarén continúa la tradición poética hondureña al más acendrado estilo de un Adán Castelar maduro de “También el mar”, “Tiempo ganado al mundo” o “Cauces y la última estación”. En mi opinión, esta comparación no es pretenciosa ni forzada. Por una razón sencilla: Oto, como Castelar, no nombra las cosas, las reinventa poéticamente. Y ésa es la novedad, y acaso la grandeza, que introduce el poeta progreseño, Natarén. «Entre el ruido de la niebla de las riberas, nuestro río propio, / donde nos descalzábamos» (Mito de la matrona). «Sirviéndose el café blando en la leche negra» (Mentira sobre los galeotes). «En sus  piernas nacía el mundo» (Los zapatos de la bailarina).

 

La piel de la ternera es un manifiesto a la felicidad, a la manera de Dafne y Cloe, sólo que aquí el amor que nos descubre la belleza de la amada es urbano. «Yo la hice más hermosa con mis manos» (El gran mórbido). «Yo le tuve pasión, / yo le tuve estima, en un beso, en carne, / en semejanza» (Inquietudes).

 

El río Ulúa, acaso, esté entre los registros poéticos de nuestro poeta. No el río en sí mismo, sino como ya hemos dicho arriba, transustanciado en la palabra. «De algún lado se desprende todo lo limpio de tu derramamiento […] es tu recorrido quien lleva el agua tan antigua […] por algún lado sabe este río, una verdad de río» (Las márgenes del río).

 

La piel de la ternera es, sin duda una obra en la que el poeta alcanza cuotas de la verdadera poesía, es decir, de la palabra trabajada con genio, con talento. «Pero hablan las ruinas sobre mí, / desde las piedras; / todas las hijas multiplicadas: sus sombras heridas, / con las luces, heridas, cinturas heridas» (Sara).

 

La obra La piel de la ternera me trae a la mente el ensayo “Llama doble” de Octavio Paz. Pienso que para entender bien este poemario de Oto, como Papiro de Jorge Martínez, hay que tener como base la obra de Paz. Insisto, piel y ternura encierran el erotismo, la pasión, el goce y la felicidad de los amantes. «Los llamados de la piel, / de aquel encierro, / de aquella mujer; / el mismo deseo» (La piel de la ternera).

 

En la piel, en el encuentro de los cuerpos, una verdad más profunda y bella, aunque se confunda con los deleites de la carne, se percibe en las palabras de Natarén. «Y aunque arrojados del seno, / alguna verdad se nos presentó amable». Buscamos el amor en su estado puro, la felicidad total, plena. Si no acertamos en el camino para conseguirlo entonces padecemos, sufrimos el fracaso.

 

Tras arañar el elixir de la piel, del placer, sólo queda la soledad, la terrible inquietud que cantara Jorge Manrique: “cómo el placer / después de acordado, da dolor”. El goce, pues, de los amantes, tiene un límite que despierta una necesidad, me aventuro a decir que de una piel y ternura intangible, suprasensorial.

 

A este tenor, Dante Alighieri, cuyo canto en el Paraíso de la Divina Comedia, celebra la luminosidad de la amada, Beatriz, podría ser el más remoto telón de fondo del arte poética de Natarén, para quien, como estudioso de las letras, de seguro no le será ajena su lectura. Beatriz deja de ser la amada terrena, para revestirse de una belleza divina, sublime, transmutada y eterna: «Y desde el tacto, la necesidad antigua, la luminosidad de otra existencia: un recuerdo desde otra existencia». (Fin del camino).

 

En fin, Otoniel Natarén puede llamarse y sentirse de verdad elegido de las musas, pues tiene el don de bello decir. El arte acabado y puro nadie lo tiene, pero no cabe duda de que La piel de la ternera es una obra que revela a un artesano de la palabra, consciente del oficio. Nadie que tenga sentido del arte de la versificación y del lenguaje como canal de comunicación podrá decir que Natarén es uno más del montón.

20 abril 2026

EL ARTISTA FREDDY RODRÍGUEZ


ARTISTA FREDDY RODRÍGUEZ

Por Fausto A. Leonardo Henríquez, PhD


 

El nombre de Freddy Rodríguez está indisolublemente unido a la égida de dominicanos notables por su contribución al arte y a la cultura en Estados Unidos de América. Nacido el año 1945 en Santiago de los Caballeros, Rep. Dominicana, emigró del país en 1963.

Realizó estudios superiores de pintura en New School for Social Research, and textile design at the Fashion Institute of Technology de la ciudad de Nueva York. Durante la década de 1970 y 1980, Rodríguez trabajó en Greenwich Village, Chelsea y Williamsburg lugares donde el artista explora la relación existente entre las narrativas personales y la memoria colectiva de la comunidad de origen latinoamericano. Dicha exploración alcanza, siempre dentro de la creación artística, una dimensión política bastante notable.

La obra de Rodríguez se caracteriza, entre otros muchos rasgos, por la construcción de abstracciones geométricas y el lenguaje figurativo. En este tenor, conviene señalar que en una primera etapa Rodríguez experimentó con obras minimalistas y la abstracción geométrica. A partir de los años 80 se enfoca en el realismo y el expresionismo abstracto. El artista ha sabido fusionar la dimensión conceptual y los elementos estilísticos de la pintura de la Escuela de Nueva York con la historia dominicana, la cultura dominicana y otros asuntos transnacionales empleando la geometría y color para referirse a temas a menudo desafiantes ante el formalismo puro, por ejemplo, la conquista y la colonización europea, la figura del cimarrón, el catolicismo, la dictadura trujillista, el béisbol, entre otros.

Por otra parte, Rodríguez ha recibido importantes subvenciones y becas procedentes de Smithsonian Artists Research Fellowship (2016), Joan Mitchell Foundation Fellowship (2007 y 1995) y Mid Atlantic Arts Foundation Grant (2000) y New York Foundation for the Arts Fellowship (1990).

Rodríguez ha participado en numerosas colecciones grupales e individuales en lugares de prestigio, tales como El Museo de Barrio (Nueva York), Newark Meseum (New Jersey), Jersey City Museum (New Jersey), Pérez Art Museum (Miami), Smithsonian American Art Museum (Washinton), Instituto Cervantes (Tokio), Museo de Arte Moderno (Santo Domingo), Museo de las Casas Reales (Santo Domingo), entre otros lugares.

En los últimos años, Rodríguez ha realizado un importante trabajo artístico dando a la luz diferentes pinturas que exploran la historia, el valor y la naturaleza simbólica del oro en el arte y la sociedad. Prueba de ello es la exhibición de La fiebre del Oro, expuesta en el Museo Ralli, Santiago de Chile en el año 2019.

 

La figura de Rodríguez aparece en importantes publicaciones de libros, revistas y periódicos. Por poner no más que unos ejemplos, mencionamos A to Z of Caribiean Art, de Melanie Archer y Mariel Brown. Trinidad y Tobago, 2019. Memory and Postcolonial Studies: Synergies and New Directions, de Dirk Göttsche, New York, 2019. Our America: The Latino Presence in American Art, de Carmen Ramos Escandón, Washinton, 2014. Caribbean: Art at the Crossroads of the World. De Deborah Cullen, New York, 2012 y, finalmente, Something to Say: Thoughts on Art and Politics in America, de Richard Klin y Lily Prince, Falmouth (M.A.), 2011.

 

Quizá la obra más emblemática del creador y artista Freddy Rodríguez es aquella dedicada a la memoria de los fallecidos en el Vuelo 587 de American Air Lines en el cual parecieron 265 personas y otras tantas en tierra el 12 de noviembre de 2000. Los ocupantes del vuelo eran, en su mayoría, dominicanos que iban rumbo a Quisqueya (RD). El monumento es una arquitectura paisajística creada exquisitamente por el artista Rodríguez. Dicha creación arquitectónica posee un poderoso significado que inmortaliza no solo el nombre de los caídos, sino también el nombre su autor.  La obra en cuestión simboliza el “aquí y el allá”, “el antes y después” y expresa el deseo universal de regresar a casa, pero también el sentir de los que iban en el avión, de los vecinos en tierra de la comunidad de Rockaway, y también de la tripulación de la nave, cuyo vuelo se convirtió en el viaje de su vida.

 

Finalmente, es importante decir que la obra artística de Rodríguez ha enaltecido el nombre de la Rep. Dominicana y, en general, de los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos. El arte, al decir de Markus Gabriel, uno de los más prominentes filósofos de la actualidad, tiene el poder de hacernos ver las cosas de otra manera.[1] Y esto es, justamente, lo que hace el artista Freddy Rodríguez hace con su creación artística, mostrarnos el poder del arte para mostrarnos el lado inédito de las cosas. El arte muestra el portentoso poder de la imaginación, capaz de provocar asombro y embeleso. Don Freddy Rodríguez, nos honra su presencia entre nosotros.


Nota: Estos apuntes fueron leídos en el programa Polifonía Literaria Pedagógica y Artística dirigido en línea por la Dra. Teonilda Madera, el 26 septiembre de 2021. 



[1] Markus Gabriel, El poder del arte. Ed. Roneo. Santiago de Chile, 2019, p. 40.

18 abril 2026

Pedro Zacarías, impresiones sobre Estampas agrestes

He pasado dos tardes muy agradables leyendo, de principio a fin, Estampas agrestes. Enhorabuena por esta magnífica historia que me ha atrapado desde el primer momento y con la que he disfrutado mucho. Este relato, lleno de fluidez y dinamismo, sobre tus venturas infantiles en la República Dominicana, ha sido de mi total agrado. La infancia -aseveran algunos- es la verdadera patria del hombre y el verdadero baluarte y bastión de la persona. Me resulta entrañable este viaje al pasado y al entorno silvestre -verdadero paraíso o edén- donde fuiste dichoso. La historia, construida con una agradable prosa florida y un subido lirismo, posee muchas altura y fuerza literaria. Detrás del discurso, colorido y hermoso, late la consonancia de tu alma alada, en aras de la unidad interior, conformando un ámbito verbal donde resulta agradable perderse. Tú historia nos conduce a los caminos de tu infancia, a través de una galería de personajes que resultan totalmente vívidos y alegres. Enhorabuena, pues, por este acopio de excelente literatura, cuya lectura me ha abstraído, por un rato, de las cargas del mundo. Te envío mi felicitación, con el deseo de que sigas deleitándonos y haciendo alarde de tu alegre y encendido lirismo. Un sincero abrazo,

Pedro Zacarías

31 marzo 2026

El ÁRBOL DE LOS PANUEÑOS DE JULIO ESCOTO Y ESTACIÓN PERMANENTE DE JOSE ANTONIO FUNES

Club de Lectura Luciérnagas Literarias, dirigido por Darling Soriano. Esta vez los libros leídos y discutidos fueron el clásico de la literatura hondureña El árbol de los pañuelos (1972) del escritor Julio Escoto y el poemario Estación permanente (2023) del poeta José Antonio Funes.

La obra de Escoto, en cuyo trasfondo se refleja la cultura, la política y la sociedad de la época, es valorada positivamente por la crítica internacional. Se consideró entre los lectores, que El árbol de los pañuelos es un libro que no resulta de lectura fácil, incluso para el lector avezado. Se ha de estar muy atento para no perderse entre símbolos y personajes. También se dijo que la escritura de Escoto está literariamente muy elaborada, es culta y profunda. En toda la narración de El árbol de los pañuelos se podrá apreciar un rico lenguaje poético, es decir, una prosa rica en imágenes, propia de una imaginación pro
digiosa e inspirada.

Por otra parte, la obra de Funes, Estación permanente, se considera un poemario que transmite y transporta al lector a estadios de placer y goce. Sus versos luminosos, la economía del lenguaje y la frescura del discurso poético, entre otras cosas, son indicativos de que estamos ante una poesía de buena factura y de una exquisitez incuestionable.










17 febrero 2026

Miguel de Unamuno. Club de Lectura Luciérnagas Literarias. Niebla (1914)


 Club de Lectura LL. 16 de febrero de 2026

Obra: Niebla (1914)

Autor: Miguel de Unamuno. Club de Lectura Luciérnagas Literarias.

 

1.- La autoconciencia de la vida. El ser humano experimenta momentos de alegría, de felicidad, de penas y sufrimientos. La existencia está envuelta de niebla. El amor, la luz de la felicidad se experimenta en la niebla. La vida puede ser afrontada de dos formas: mirándola de frente, como el águila de Patmos, es decir, desde las alturas, esto es, desde la razón iluminada por la revelación divina (Juan Evangelista); o como la lechuza de Minerva, que mira en la noche, aunque no puede ver el sol, puede guiarse intuitivamente. La niebla de la vida es un melodrama compuesto de estados interiores, que impulsan la creatividad, el amor, el arte, los sueños, la ciencia.

2.- Vivir para amar, amar para vivir. Quien ama es, quien es ama. "Amo, ergo sum". Amo, luego soy. Este es un sutil juego cartesiano: "cogito, ergo sum". Soy cuando amo. Si no amo no existo. Existo para amar y amo para vivir. Esta es una de las tesis de Niebla. El amor hace renacer los sueños; lo que se sueña, aunque sea en la dimensión de lo imaginario, cobra vida y la vida, la vida de un personaje, (v.g. Dulcinea del Toboso, Eugenia, Augusto) aunque sea ficticia cobra realidad, y se vuelve inmortal. La vida tiene sentido cuando se vive para amar, para amar de verdad alguien o algo (piénsese en El hombre en busca de sentido de V. Frankl), aunque sea en el orden del pensamiento. Una vida sin amor no es vida. Solo quien ama vive, y solo se vive para amar, aunque ese amor sea platónico.

3.- El camino de la vida se hace. En efecto, la niebla que es en sí la vida nos desafía a vivirla, a abrirnos paso. La vida es buena, el ser humano es bueno, constitutivamente bueno, pero la sociedad lo desvirtúa y, lejos de sacarlo a la luz, lo deja perdido en su niebla, perdido en una existencia vacía, sin rumbo. En cualquier caso, existencia debe ser vivida. Se aprende a vivir viviendo la vida. La vida es maestra de la vida, ella enseña al ser humano cómo se vive. Se puede pensar la vida, pero para despejar la niebla es necesario desembarazarse de las ideas, del ejercicio mismo de pensar, porque vivir, también, es gozar de las pequeñas cosas, por cotidianas que parezcan.

4.- La certeza de la vida y la muerte. Hay dos nacimientos: el del parto y el que acontece "por el dolor a la conciencia de la muerte incesante". Vivimos muriendo. Mientras vivimos nos morimos. Lo terrible es que lo sabemos, sabemos que nos vamos a morir, que morirán los que procrean y los que crean, como los literatos, seres imaginarios. Tanto el creador literario como el procreador morirán, muy a su pesar. El creador puede dar vida a un ser imaginario y le puede dar muerte, sin embargo la muerte le espera también a él. Las muertes de los seres ficticios los hace inmortales, ya no mueren, viven siempre en la obra, esperando despertar en el reino de la imaginación de cada lector, que no cesa de sacudirse de encima la niebla de su propia vida.





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