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Miguel de Unamuno. Club de Lectura Luciérnagas Literarias. Niebla (1914)


 Club de Lectura LL. 16 de febrero de 2026

Obra: Niebla (1914)

Autor: Miguel de Unamuno. Club de Lectura Luciérnagas Literarias.

 

1.- La autoconciencia de la vida. El ser humano experimenta momentos de alegría, de felicidad, de penas y sufrimientos. La existencia está envuelta de niebla. El amor, la luz de la felicidad se experimenta en la niebla. La vida puede ser afrontada de dos formas: mirándola de frente, como el águila de Patmos, es decir, desde las alturas, esto es, desde la razón iluminada por la revelación divina (Juan Evangelista); o como la lechuza de Minerva, que mira en la noche, aunque no puede ver el sol, puede guiarse intuitivamente. La niebla de la vida es un melodrama compuesto de estados interiores, que impulsan la creatividad, el amor, el arte, los sueños, la ciencia.

2.- Vivir para amar, amar para vivir. Quien ama es, quien es ama. "Amo, ergo sum". Amo, luego soy. Este es un sutil juego cartesiano: "cogito, ergo sum". Soy cuando amo. Si no amo no existo. Existo para amar y amo para vivir. Esta es una de las tesis de Niebla. El amor hace renacer los sueños; lo que se sueña, aunque sea en la dimensión de lo imaginario, cobra vida y la vida, la vida de un personaje, (v.g. Dulcinea del Toboso, Eugenia, Augusto) aunque sea ficticia cobra realidad, y se vuelve inmortal. La vida tiene sentido cuando se vive para amar, para amar de verdad alguien o algo (piénsese en El hombre en busca de sentido de V. Frankl), aunque sea en el orden del pensamiento. Una vida sin amor no es vida. Solo quien ama vive, y solo se vive para amar, aunque ese amor sea platónico.

3.- El camino de la vida se hace. En efecto, la niebla que es en sí la vida nos desafía a vivirla, a abrirnos paso. La vida es buena, el ser humano es bueno, constitutivamente bueno, pero la sociedad lo desvirtúa y, lejos de sacarlo a la luz, lo deja perdido en su niebla, perdido en una existencia vacía, sin rumbo. En cualquier caso, existencia debe ser vivida. Se aprende a vivir viviendo la vida. La vida es maestra de la vida, ella enseña al ser humano cómo se vive. Se puede pensar la vida, pero para despejar la niebla es necesario desembarazarse de las ideas, del ejercicio mismo de pensar, porque vivir, también, es gozar de las pequeñas cosas, por cotidianas que parezcan.

4.- La certeza de la vida y la muerte. Hay dos nacimientos: el del parto y el que acontece "por el dolor a la conciencia de la muerte incesante". Vivimos muriendo. Mientras vivimos nos morimos. Lo terrible es que lo sabemos, sabemos que nos vamos a morir, que morirán los que procrean y los que crean, como los literatos, seres imaginarios. Tanto el creador literario como el procreador morirán, muy a su pesar. El creador puede dar vida a un ser imaginario y le puede dar muerte, sin embargo la muerte le espera también a él. Las muertes de los seres ficticios los hace inmortales, ya no mueren, viven siempre en la obra, esperando despertar en el reino de la imaginación de cada lector, que no cesa de sacudirse de encima la niebla de su propia vida.





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