En este poemario, La llama perpetua, hay una constante entre lo temporal y lo eterno. El binomio alma-cuerpo, tiempo e intemporalidad son parte del armazón que construye el autor en este poemario terriblemente bello. Yo sitúo este poemario, al menos como enunciado, en el marco de la idea que tiene Kant en su ensayo La crítica del juicio, donde el pensador habla de un tipo de belleza relacionada con lo sublime terrible. Por otra parte, Santa Teresa de Jesús decía que “no estamos huecos por dentro”. En este tenor, Santos advierte a los de su generación que hay una presencia que mora en el “oscuro centro”. Esa presencia es una certeza, a veces enturbiada por la realidad existencial siempre imperfecta, que está dentro de la persona. El joven poeta proclama con su obra que la persona no está vacía, que no está hueca, que está habitada por una presencia amorosa que le da sentido. Eso es lo que él canta torrencialmente. De ahí su lucha inte...
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