Ir al contenido principal

Interpretación del poema “El límite y la nada” del poeta Tomás Rivera Martínez

 El tono empleado por en el presente poema debe ser comprendido en el marco del resto de poemas que componen
 
A pesar de la nostalgia, renacerá la esperanza. Dicho tono es espontáneo, libre de poses. El poeta se muestra tal como es y se expresa como piensa, como quien ya tiene el camino recorrido.

El discurso poético, en general, es fluido y da la impresión de que el poeta sabe a la perfección lo que quiere decir y cómo lo quiere decir. Esto, naturalmente, facilita la interpretación, pero precisamente por eso, lo que parece tan obvio puede, como así creo yo, encerrar significados o sentidos que una primera lectura no deja al descubierto.

Nunca una interpretación agota los múltiples significados del texto. Consciente de eso, debo señalar, que mi breve comentario al poema “El límite y la nada” es una glosa que puede tener sus aciertos, o no, sobre posibles significados escondidos.

En el poema “El límite y la nada” late la pregunta por el sentido, la desolación y la vaciedad de las cosas.

Un primer elemento que destacar en “El límite y la nada” es la falta de sentido. La existencia sin una razón para vivir, sin un norte u horizonte al que tender se convierte en una azarosa agonía que nubla la senda o vía a seguir. La ausencia de un asidero deja el sabor agridulce que impide encontrar un punto de apoyo para hacer más fácil del trayecto de la vida.

Falto de rieles y horizontes/ hacia adentro / las luces van muriendo. / No hay espacio, / no hay aire, / no hay distancia. / Nadie pregunta / por ticket de regreso. / Nada que / buscar, / solo un olor a piedra inexistente, / solo a piedra.

Hay versos inquietantes que sacuden la conciencia del lector. El poeta describe un panorama desolador, podría decir, espero que no resulte forzada la afirmación, que se sumerge en una atmósfera análoga a la creada por Rulfo en Pedro Páramo.

Sin los pasos / las rutas enmudecen, / des-aladas huellas / percibo tu presencia descarnada. / Cáscara eres, / despojo de luz, / sombra en retroceso, / parada / perdiéndose / en la bruma.

Rivera Martínez es un poeta de la diáspora. Por esta razón, sus versos están jalonados entre el aquí y el allá, entre el recuerdo remoto y el pensamiento presente. Quizás sus mejores momentos se alcanzan cuando se funde en sus poemas esa doble vertiente de su creación.

Hace ya muchos sueños preguntaste: / “Pa: ¿Qué pasa con las flores que me miran”? / Y solo, en el silencio, / te buscaba en cada niño / perdido en las esquinas.

Los siguientes versos dan cuenta de la influencia que todavía ejerce la tierra de origen. Los elementos de la naturaleza tropical, tales como el nopal y el maíz, pero también amigos de infancia y juventud acentúan el arraigo afectivo del poeta hacia su cultura, costumbres e identidad.

Era entonces el tiempo / de nopales rojos, / de maizales en hileras floreciendo, / de amigos sin presencia / que jugaban contigo, / de álamos y espejos / que nunca conociste.

El tren es un símbolo de la vida que se va, que se aleja de la infancia y se pierde en el ocaso. El viaje, que puede ser azaroso o divertido, lo podemos hacer solos o en compañía. De lo que podemos estar plenamente ciertos es de que el viaje, aunque a veces resulte un fastidio, necesariamente hay que hacerlo.

“¡Todos a bordo!”, / anunció el silbato, / y en ese maldito tren / me iba contigo.

El poema que hemos venido glosando hasta aquí posee, ciertamente, rasgos de desolación. Por eso el poeta intenta, dentro de los límites que le pone la misma existencia, encontrar indicativos para seguir viviendo. El poeta reconoce los lugares y cosas donde no hay nada, pero, en contraste, también es capaz de estremecerse ante una flor que emerge, ante los colores de la naturaleza o ante una nueva vida que empieza.

Rara forma de nacer / Sin apegarse, / De brotar y danzar / en la fiesta de flores / y colmenas. / ¿Has visto la matriz de los colores? / ¿La ternura del beso de la brisa cuando pasa?  / ¿O el sentir del corazón antes de ser?

El centro del poema hace referencia a una existencia finita, limitada, irremediablemente abocada a su final. La consciencia de la muerte inexorable, como límite o tope de la vida, la resistencia a morir, a pasar al otro lado, al más allá, y la inquietante certeza de que “nada te llevarás cuando te marches”, como dice la canción de José María Napoleón, queda expuesto en los siguientes versos.

Todo límite es espejo, / memoria en retroceso, / bandera carcomida / por el viento. / Caronte no arriesga su guadaña / en esta orilla. / Nada que llevar en la vieja barcaza, / y el agua se resiste / al miedo de los remos.

Pero no todo es límite, muerte y luego la nada. A pesar de ello, un rayo de luz se abre en la azarosa existencia: la belleza de las flores como símbolo de lo divino o celeste.

No ignores el suspiro / de la lluvia al morir / en tu cuerpo. / En las flores renacen / aladas maravillas / que desde el cielo / a besarte regresan.

Los versos del poeta Rivera Martínez, revelan la sutileza de un alma que no ha sido ajena a los embates de los límites que impone la naturaleza humana. El dolor y la aflicción ponen a prueba la autosuficiencia humana. El poeta sabe de aflicciones, pero las exorciza dejando que el tiempo las cure.

Que las penas ocultas / no queden en tu mente, / que solo sean eso, / ríos silentes, / que en el tiempo / sin saber se pierden.

Al hilo con lo anterior, el límite lo marca el tiempo. El tiempo no juega limpio. El tiempo pasa de forma inexorable. En verdad, es la autoconciencia del sujeto la que le sitúa ante el espejo de su propia realidad: la finitud, la muerte. Es importante subrayar que no es el tiempo el que pasa, es el ser humano. Empleamos la categoría el “tiempo tiempo pasa”, como si quisiéramos ser nosotros los dueños de las edades, de Chronos. Es el ser humano el que tiene la certeza de su finitud, que está abocado a la muerte, que no tiene escapatoria. En este sentido, el transcurrir de la existencia se experimenta como un engaño, como una estafa. La finitud de la vida supone un fracaso. No hay forma humana posible de traspasar el “límite” o la finitud y seguir siendo los mismos. No hay posibilidad de cruzar al otro lado, por más que nos esforcemos. No es posible trascender la limitación. Ni siquiera con la muerte se puede superar dicha limitación. El ser humano, según se desprende de lo dicho, está condenado a la nada, a la muerte, a la incapacidad de trascender la finitud. La autoconciencia de la finitud es más fuerte que la muerte. Lo terrible no es que el ser humano tenga un límite, sino ser consciente de él y no poder superarlo.

A ti el límite ha cerrado / sus invisibles puertas, / y no podrás cruzar / aunque te mueras.

En conclusión, el poema “El límite y la nada” es cortante, sutil y agudo. A mi entender, uno de los elementos más importantes a destacar en esta pequeña obra que es el poema, es el sentimiento de desolación e impotencia ante la conciencia de finitud o temporalidad de la existencia humana. Aunque el tono general del poema es árido, deja entrever, sin embargo, un resquicio al asombro, a la vida y al gozo, como indica el verso: “danzar en la fiesta de flores”.

 

Dr. Fausto Antonio Leonardo Henríquez

Polifonía Literaria, Polifónica, Pedagógica y Artística

27 de noviembre de 2022

Comentarios

Entradas populares de este blog

Anchuria, una novela de Giovanni Rodríguez

Giovanni Rodríguez, para quienes aún no lo conozcan, es de nacionalidad hondureña, estudió Letras, se ha desempeñado como docente universitario y ha escrito cuento, novela y poesía. Entre sus libros de cuento destacan: Habrá silencio en nuestras bocas frías, Teoría de la Noche ; en novela: Ficción hereje para lectores castos, Los días y los muertos, Tercera persona, Las noches en La Casa del Sol Naciente; Anchuria; y en poesía: Morir todavía, Las horas bajas, Melancolía inútil.   Escribo estas líneas al calor de mi lectura de la obra Anchuria . Lo hago para fijar lo leído, para hacer acopio de aquellas páginas que arrojan un fragmento de verdad destilada en los personajes. Verdades ocultas en la historia, en el pasado y presente de Honduras. La búsqueda de la verdad histórica del país es, también, parte de uno mismo.  «Porque el pasado que me obsesiona de la historia de mi país tiene que ver con el pasado de mi propia vida». A lo largo de la obra el encuentro con esa verdad es...

IV FESTIVAL INTERNACIONAL DE LITERATURA

  FESTIVAL INTERNACIONAL DE LITERATURA, SITO CASA DE LA CULTURA, VALLE DE ÁNGELES, TEGUCIGALPA   05/08/2026.  La tarde caía, fresca y gris, en Valle de Ángeles. El pasaje peatonal y la calma de los transeúntes anticipaba el acontecimiento cultural más sobresaliente del día en el pueblo y, muy probablemente, en Tegucigalpa. La Casa de la Cultura, sencilla, algo descuidada y escasa ventilación, estaba llena de invitados. Al acto asistieron numerosos jóvenes, algunas personalidades edilicias y un que otro escritor entre el público simpatizante. El evento se desarrolló con agilidad y equilibrio, aunque con una pequeña dosis de improvisación que no restó dignidad al encuentro. Más allá de esas minucias organizativas, hay que decir que el acto cultural en sí mismo es una señal de que el arte, la palabra y el canto, con sus diversos matices y visión creadora, expresada en la voz de cada poeta, es esencial para diseñar el mundo soñado y vivido desde la poesía.  En Valle de Á...

ELEMENTOS RELIGIOSOS EN EL CANTAR DEL "MIO CID"

  Introducción Cuando pienso en poemas épicos viene a mi mente   La Ilíada ,   La Odisea ,   La Eneida ,   Las Luisiadas   de Luis de Caomões (1572),   Cantar de Mio Cid   (1207),   La Divina Comedia   (1307),   La Araucana   (1569) de Alonso de Arcilla,   La Henriada   (1723) de Voltaire. Podría, también, incluir en esa nómina el  Fausto  de Goethe que, aunque no es un poema heroico, sino dramático, es un poema de largo aliento con numerosos elementos de heroicidad.  Por lo que respecta al  Cantar del Mio Cid, texto a comentar en estos apuntes,   hay que señalar que es una obra que emerge en un contexto de reforma de la Iglesia y la reconquista de los territorios ocupados por los musulmanes en la Península Ibérica. Una característica de la reconquista es, justamente, la dimensión religiosa. En dicha Península, la reconquista no era propiamente una cruzada contra los musulmanes, sino un ...