Cuando el lector se adentra en la obra de Hierro, descubre que allí hay una mujer con un vuelo único, decidido y ágil, tremendamente "modernista", en tanto que poeta de este tiempo, sin complejos ni comparativas, que elabora su ars poética solamente para dejar un legado que perdure en el tiempo.
Espigo algunos versos de los muchos que hay, que nos conducen a una lectura continuada de Beatriz Hierro Lopes: «Yo, algo de madre algo de padre y un tercio de ventana abierta con vista hacia un lago de gansos en Bremen» (Antecomienzo); «La falta de agua en que nacen y crecen los nenúfares hace creer en las cosas a las que dediqué menos de un instante en la construcción de una belleza que me llega desde el abandono» (Nenúfar); «Soy como el tiempo de las tormentas, y si tengo como lengua un rayo despedazando las nubes, no esperes otra cosa que la certeza de que fabricaré un día en medio de la noche, la forma más perfecta de romper el silencio» (Furia); «soy la sed que ninguna boca puede contener» (Corriente); «las sábanas que cuentan la verdad» (Centro) y, finalmente, «Soy inquieta, radioactiva y frecuentemente indecisa. De una anatomía contraria al mar y a sus actitudes que rectifico recostada en un diván, lo suficientemente largo para sostener todas las ganas del mar de convertirse en aire» (Vitrina).
La lira de Beatriz Hierro Lopes es, todo apunta a ello, la del poeta de "El rey burgués", esto es, la de una estirpe inspirada y que inspira.

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