Ir al contenido principal

Clave de SOL: Heridas poéticas. Por Segisfredo Infante


De los frutos literarios del dominicano Fausto Leonardo Henríquez apenas he leído dos poemarios: “Gemidos del ciervo herido” (2012) y “Savia innombrable” (2018), que me permiten una aproximación a sus anhelos, angustias y alegrías. Para empezar debo intuir que los versos del primer libro fueron pulimentados tal vez con el propósito ulterior de participar en un certamen internacional. En cuanto al segundo poemario, me luce que el autor fue más espontáneo, distraído y a veces prosaico. Pero ambos libros poseen conexiones que son propias del estilo de un sacerdote que utiliza una sintaxis más o menos directa, orientada a rescatar aquellos fragmentos bíblicos religados a su alma, a sus necesidades y accidentalidades intransferibles.

Aunque el autor experimenta distintas técnicas poéticas como la del soneto con sus respectivas rimas, y en otros andamiajes aislados ejercita algo semejante al romancero español candoroso, lo legítimo es que sus poemas sean versolibristas, haciendo gala de economía del lenguaje. Esto conduce a que caigamos en la antigua manía de buscar referencias previas en la obra del padre Fausto.

Es obvio que su poesía es Cristocéntrica, con unos matices que obligan al lector a identificar las figuras retóricas que se esconden detrás de un lenguaje subliminal aparentemente sencillo, que debemos monitorear en los dos “Testamentos”. El poeta dialoga consigo mismo, en medio de una soledad existencial (y existenciaria) que interpela la presencia de Dios en los ámbitos en que lo sugieren los textos bíblicos y la avasallante modernidad contemporánea. Como sacerdote “vicentepaulino” sabemos que este escritor se relaciona con los pobres y medio mundo. Pero la soledad crujiente del individuo, enunciada en sus poemas, es una realidad imposible de soslayar, solo superable en la medida en que el rostro divino le susurre palabras inefables a su oído terrenal.

Intentaré centrarme, en tanto estos renglones lo faciliten, en su libro “Gemidos del ciervo herido” (Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística, en su vigésima novena edición), donde recurre a la mencionada economía del lenguaje que hace pensar en la obra de Juan de Yepes, más conocido como “San Juan de la Cruz”, y parejamente en la poesía intimista y aparentemente seca del socialista Blas de Otero, tal como se manifiesta en su poemario “Pido la paz y la palabra” (1955). Pero quizás el referente principal de Fausto Leonardo Henríquez sea el “Cantar de los cantares” que se le adjudica al sabio Salomón, y que el autor comprime, en sus dos poemarios, desde una interpretación eclesial muy diferente de la nuestra. Hay versos en los cuales parecieran percibirse los brotes de la carne, pero que el padre Fausto sabe sofrenar y sublimar hasta la bóveda celeste, neutralizando cualquier instinto primordial que humanamente pudiera acorralarlo. En cualquier situación el autor ha aprendido a escuchar “el lenguaje del viento” y a saborear “el vino de mis soledades”. O a observar en los acantilados la silueta de un “ciervo herido”, como símbolo especial de “Tierra Santa”.

Quisiera citar muchos versos de este autor, pero lo propio es detenerme en dos poemas. Veamos su breve texto “Eternidad en el tiempo”: “Ardor inexplicable,// Divinidad que acaricia la carne// y la hace temblar.// Pusiste tu dedo en mi tiempo.// La eternidad me consume.// Oh, Señor, sigo tu camino entre niebla,// polvo y espinas.// Yo sólo quiero tu abrazo,// que me envuelvas en la luz.// Señor, que vea tu semblante,// que beba fuego, alas, domingos.// Esta herida es gozo, instante de amor.// Mándame ir a ti, Carpintero,// que el pan me dio la Vida”. Leamos este otro poema sintético: “Galileo, ni tierra ni agua, ni aire ni fuego,// opacan tu voz de zorzal.// Ni noche ni tormenta pueden// ocultar tus huellas que deslumbran.// Silbos tiernos, arrullos de pastor// que vigila, los tuyos.// Ay, Galileo, mírame, convócame al monte,// al Sinaí de tu Roca paterna.// Ponle mañanas a mis huesos,// ángel a mi alma que en delirio te abraza.// Galileo, el imán de tus ojos// al cielo me introduce// como sol en su ocaso”.

Aun cuando el poeta Henríquez nunca los hubiese leído, sus versos cortos que pergeñan claridad angelical en medio de la densa bruma, me llevan a recordar los poemitas del obispo brasileño Helder Cámara, agrupados en el libro “Mil razones para vivir” (1980), que en varias oportunidades he comentado. Pero cuando él busca en forma reiterativa la luz inextinguible en el Monte Sinaí, vislumbro a un pensador preocupado por la verdad del “Ser” trascendente, más allá de nuestros huesos. Porque encima de poeta Fausto Leonardo Henríquez es un teólogo moderno que se doctoró hace tres años con la tesis “Transhumanismo, posthumanismo y doctrina social de la Iglesia” (Barcelona, 2020). Su obra también ha sido comentada por el doctor Bruno Rosario Candelier, en el libro “La sabiduría sagrada: la lírica mística en las letras dominicanas”.

Artículo publicado en el diario La Tribuna, 14 de mayo de 2023.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Anchuria, una novela de Giovanni Rodríguez

Giovanni Rodríguez, para quienes aún no lo conozcan, es de nacionalidad hondureña, estudió Letras, se ha desempeñado como docente universitario y ha escrito cuento, novela y poesía. Entre sus libros de cuento destacan: Habrá silencio en nuestras bocas frías, Teoría de la Noche ; en novela: Ficción hereje para lectores castos, Los días y los muertos, Tercera persona, Las noches en La Casa del Sol Naciente; Anchuria; y en poesía: Morir todavía, Las horas bajas, Melancolía inútil.   Escribo estas líneas al calor de mi lectura de la obra Anchuria . Lo hago para fijar lo leído, para hacer acopio de aquellas páginas que arrojan un fragmento de verdad destilada en los personajes. Verdades ocultas en la historia, en el pasado y presente de Honduras. La búsqueda de la verdad histórica del país es, también, parte de uno mismo.  «Porque el pasado que me obsesiona de la historia de mi país tiene que ver con el pasado de mi propia vida». A lo largo de la obra el encuentro con esa verdad es...

YKY TEJADA: LA ESPIRAL DEL NUMEN

El poeta Yky Tejada, Premio Nacional de Poesía (1999), posee una trayectoria consolidada en la literatura dominicana y, ni qué decir dentro del Movimiento Interiorista. Este libro de poesía tiene algo que no tienen, ni de lejos, sus anteriores obras, por lo que, como se verá, estamos ante un verdadero “estetizaje” en la tierra de la gran poesía, una llegada al territorio deseado del interiorismo literario. Muchos han sido los poetas que han orbitado en torno al interiorismo, muchos los que han intentado superar la fuerza gravitatoria de los elementos basales del ‘ideal interior’ para construir una obra que trascienda en el tiempo, pero son pocos los que, con probabilidad, han puesto una pica en Flandes. Después de casi cuatro décadas de andadura, el Movimiento Interiorista, bajo el impulso incombustible de Bruno Rosario Candelier, maestro y guía de generaciones de escritores, y sobre todo por la tenacidad de algunos de sus creadores, como es el caso de Yky Tejada, al fin ha salido a la...

ELEMENTOS RELIGIOSOS EN EL CANTAR DEL "MIO CID"

  Introducción Cuando pienso en poemas épicos viene a mi mente   La Ilíada ,   La Odisea ,   La Eneida ,   Las Luisiadas   de Luis de Caomões (1572),   Cantar de Mio Cid   (1207),   La Divina Comedia   (1307),   La Araucana   (1569) de Alonso de Arcilla,   La Henriada   (1723) de Voltaire. Podría, también, incluir en esa nómina el  Fausto  de Goethe que, aunque no es un poema heroico, sino dramático, es un poema de largo aliento con numerosos elementos de heroicidad.  Por lo que respecta al  Cantar del Mio Cid, texto a comentar en estos apuntes,   hay que señalar que es una obra que emerge en un contexto de reforma de la Iglesia y la reconquista de los territorios ocupados por los musulmanes en la Península Ibérica. Una característica de la reconquista es, justamente, la dimensión religiosa. En dicha Península, la reconquista no era propiamente una cruzada contra los musulmanes, sino un ...